Cabaña en el poblado Cántabro de Argüeso. Fotografía. Turismo Cantabria

Probablemente si tuviéramos la oportunidad de vivir un día en un castro de la edad del hierro nos sorprenderían algunas de las similitudes que conservaría la sociedad de esa época con la nuestra. Hagamos un pequeño esfuerzo de imaginación, sustentado eso si, por las evidencias arqueológicas que nos han llegado hasta el momento así como las fuentes escritas.

El tiempo y las estaciones

El ritmo de la vida estaría sujeto a las estaciones, y a los ciclos de reproducción y movimiento del ganado. El calendario en el primer milenio a.C. probablemente fuera de tipo lunar, como corresponde a las sociedades que viven de la ganadería y agricultura.

En la sociedad contemporánea todavía nos encontramos manuales de siembra que tienen en cuenta la fase de la luna para el éxito de los cultivos. Uno de los calendarios protohistóricos que nos ha llegado es el de los pueblos célticos del occidente de Europa. En ellos vemos meses de aproximadamente 28 días correspondientes a ciclos lunares. Presentan ciertas divisiones del año que han sido interpretadas con los momentos óptimos de cosechas y parto del ganado.

Evidentemente no estoy diciendo que los astures siguieran el calendario celta, pero tendría sentido que la división del tiempo entre las poblaciones de la Edad del Hierro siguiera un modelo parecido.

Es lógico pensar que en la vida diaria de cualquier poblado lo primero que va a condicionar su vida cotidiana es el entorno en el que está asentado. El paisaje lo es todo, y hace que la subsistencia de la población se oriente a una u otra actividad. Un castro de montaña seguramente tiene una base de subsistencia ganadera, al contrario que un castro costero, donde el peso de la pesca y la recolección es mucho mayor. En todos ellos la agricultura debió jugar un papel importante.

El clima es diferente en unos y otros, pero en el ámbito doméstico y estructural no vemos apenas diferencias. La vieja cabaña castreña de planta redonda y paredes de entramado vegetal y adobe, parece ser el modelo universal en los poblados desde la costa hasta la alta montaña. Por tanto el día comienza dentro de una de estas viviendas en los momentos previos al amanecer.

La cabaña y el poblado

El poblado tiene una distribución interna irregular. Las viviendas circulares conforman una especie de calles o plazas en las que podemos adivinar una división intencional del espacio intramuros. Debemos pensar en la cabaña como unidad de vivienda de la familia, pero también en que tendría en ocasiones espacios anexos, como otras cabañas de menor entidad donde no encontramos hogares, y en los que aparecen por ejemplo útiles de molienda, o en algunos casos claramente talleres metalúrgicos o cerámicos. ¿Estarían rodeados de algún tipo de vallado estos conjuntos?.

Un día en un castro de la Edad del Hierro
El Castiellu de Llagú, modelo mixto de poblamiento (Berrocal et al., 2002: 101).

En los grandes castros galaicos vemos muros en torno a estos grupos que conforman una unidad familiar, pero son de un periodo tardío, plenamente romano. Me pregunto si son el reflejo de un reparto del espacio anterior en materiales perecederos que no vemos dada la falta de conservación de estos materiales.

La cabaña tiene suelo de tierra, compactado, gruesos muros de barro y estructura vegetal que conservan el calor de la hoguera de la noche anterior y de los cuerpos de quienes duermen dentro, quizá algún animal les hace compañía (¿un perro?, he visto huellas de gatos en materiales del castro de Viladonga, pero ya de época romana. El perro ha tenido utilidad para el ganado, la caza, etc. yo apostaría por él)

Un día en un castro de la Edad del Hierro
Detalle del interior y poste central de la cabaña castreña

El poblado vería los primeros rayos del sol con el humo saliendo entre las techumbres de materia vegetal de las casas. Empieza un nuevo día.

La subsistencia

Pensemos que la principal actividad de un astur de la Edad del Hierro es la subsistencia. En todas las sociedades preindustriales la jornada está protagonizada por la explotación agrícola y ganadera, con la pesca y la recolección, así como la caza, en otro nivel, y por último con la actividad artesanal, orientada al intercambio pero también a la subsistencia del poblado.

No todo el mundo tiene las mismas obligaciones en nuestro castro. Para la vida diaria hay que comenzar por alimentarse antes de salir a ganarse el pan, y la dieta de nuestros astures debía ser más variada de lo que pensamos. Lácteos, cereales, algo de carne curada, frutas… serían calorías más que suficientes para emprender las tareas diarias.

Hay que cubrir las necesidades de consumo diarias. Lo más importante es el agua, es necesaria para beber, pero también para cocinar. Te puedes lavar en el río de la que vas a por agua. Lo segundo es calentarse, por lo que es necesario leña. La explotación de los bosques cercanos al castro debió ser metódica y sistemática.

-La recolección

Abastecerse de agua y leña seguro que estaba entre las actividades principales del poblado. La ubicación de los castros en las inmediaciones de cauces de ríos o arroyos es fundamental. En los grandes castros marinos, como el de Noega, la construcción de cisternas, o excavación de pozos suple esta necesidad, garantizando la recogida de aguas. Y es más evidente si vas al sur de la cordillera. En las Labradas vi un enorme estanque circular que probablemente sirviera para abrevar a una buena cabaña ganadera, pero también a una población. En algún momento tendrán que aparecer los de Lancia, y otros castros de grandes dimensiones. En los pequeños parece que la ubicación cerca del río permite garantizar la subsistencia.

La recolección de alimentos, frutos del bosque, setas, o productos de estación como castañas o bellotas, sin duda tuvo una importancia clave en la dieta de estas comunidades. En los castros costeros la explotación intensiva del ecosistema de mareas (llámparas, bígaros, caracolas, erizos de mar, etc…) es evidente a través de los concheros

-La agricultura

Probablemente la actividad fundamental en la subsistencia de los poblados fortificados, se ha considerado una tarea esencialmente femenina. Como en las sociedades preindustriales debemos matizar esta afirmación. Quizá habría que distinguir entre una agricultura de huerta, de aquel de cultivo de mayor extensión de cereales, en cuya recolección y mantenimiento participan todos los miembros de la familia.

El castro probablemente estaba mucho más despejado de masa forestal en su entorno de lo que vemos hoy en día. Ese terreno, incluso el de los «antecastros» o espacios vacíos entre las murallas exteriores y la zona de viviendas, seguro que estaba cultivado o servía para recoger el ganado tras la jornada.

No nos olvidemos de la existencia de granjas fuera de los muros del castro.

Un día en un castro de la Edad del Hierro
Recreación de granja de la Edad del Hierro en Butser, UK.
-La ganadería

Sobre todo de ganado menor (ovino y caprino), tradicionalmente es una tarea desempeñada por niños y jóvenes. Las pastoras y pastores de las montañas en la sociedad tradicional solían ser menores, que se desplazan con pequeños rebaños de cabras en busca de pastos a poca distancia de las aldeas. La existencia de una ganadería conlleva además otras tareas, como la limpieza y adecuación de las zonas de pernocta de ese ganado, así como proveerlos de alimento, cama y agua. Por último el ordeño, y tras el ordeño el procesamiento de los alimentos.

El robo de ganado es una actividad casi de tradición en el occidente europeo, ha dado lugar a leyendas, ciclos mitológicos, y tiene una significación de relevancia simbólica casi hasta religiosa. No dudo en que los astures protegerían su ganado con uñas y dientes, porque de ello dependía su subsistencia.

-La cocina

Es una actividad fundamental en la vida diaria del castro. Para la cocina es necesario el uso de la leña que se ha recogido, de mantener el hogar y la estructura que lo rodea, la cabaña, así como la necesidad de tener a disposición recipientes cerámicos donde cocinar esos alimentos, cuencos de madera, donde beber, o servirse, cuchillos para cortar las piezas. La necesidad de proveer al fuego de un alimento que cocinar, donde primaría el consumo de producto fresco, que no necesitara procesado, pero también el imprescindible uso del fuego para asar o guisar, así como calentar. Por último la tradición, el conocimiento de qué especies consumir y cómo cocinarlas.

Si en vez de dedicar tantos esfuerzos a comprender la guerra y la religión de los astures, lo dedicáramos a documentar en detalle el proceso doméstico de la vida en los castros conoceríamos mucho mejor a nuestros antepasados.

La artesanía

La actividad «artesana» de la cerámica y madera. La cerámica es un bien necesario en el castro, porque en ella se cocina si, pero también se almacena alimento, quizá una producción doméstica de zythos, grano, carnes conservadas en grasa, cereales… Pero no debemos olvidar que la madera tiene una gran tradición en la etnografía, perviviendo en el caso de la Asturia trasmontana hasta la actualidad en la figura de los cunqueiros. Estrabón dice que los pueblos del norte beben en cuencos de madera a la manera de los celtas. Por tanto es necesario tener una amplitud de miras, y darnos cuenta de que la cabaña en la que comenzamos el día estaría repleta de varios utensilios necesarios para el día a día. No nos olvidemos de la cestería, relacionada estrechamente con el aprovechamiento forestal y con las necesidades de almacenamiento, pesca, etc…

Un día en un castro de la Edad del Hierro
Reproducción de cerámica indígena. Museo de la Campa Torres. Gijón
-El metal

Tendría un papel importante en la vida diaria. Hachas para la madera, cuchillos para usos variados, hoces para la siega, azadas, etc… pero tampoco nos olvidemos de los productos de adorno, necesarios para sujetar la vestimenta, etc. Un capítulo aparte merecen las armas. Puntas de lanza, regatones, umbos de caetras, ¿cascos?, arreos de caballos, el metal, está en todas partes. Hierro, sí, pero en el noroeste el bronce parece mayoritario en el registro arqueológico.

Un día en un castro de la Edad del Hierro
Vitrina con fíbulas del Museo Arqueológico de Asturias

De estos tres elementos la madera es lo que no nos llega a través de las excavaciones arqueológicas, sin embargo de los otros dos elementos podemos deducir una presencia cotidiana de estos productos en la vida diaria.

-El textil

Ya que en los castros se cose. Se visten con telas, lana para el abrigo, ¿lino para la ropa más fresca? hay útiles de hilar, así que se tejería, quizá con pequeños telares domésticos. Hay que pensar también en el remiendo de la ropa, en la manera en la que alargar la vida de los objetos cotidianos, una constante a lo largo de la historia.

La vida social

En los momentos de mayor actividad diaria el castro sería bullicioso. Los niños, el herrero, animales, conversaciones cotidianas, el ladrido de un perro, son el run run de la vida social.

La morfología de los castros nos habla de sociedades que viven puertas afuera de las viviendas o los conjuntos de población. Las relaciones de parentesco debían protagonizar el entramado social del castro. Los niños, seguramente muchos, así como los ancianos, cuya importancia parece clara en estas sociedades, requieren una estructura social que ayude en un momento de necesidad. Pasa lo mismo con los enfermos. Me pregunto si existiría una cabaña de un curandero o curandera en todos los castros, o simplemente alguien del poblado con experiencia o considerado con el «don» ejercería esta tarea. Los partos serían asistidos por mujeres del poblado con experiencia. Creo que queda claro que no estoy hablando de religión, sino de subsistencia pura y dura de cualquier aldea preindustrial europea.

Según los historiadores griegos y latinos hay actos sociales en momentos clave del tiempo, como los plenilunios, con reuniones y bailes, pero también debemos pensar que una sociedad como esta no es fruto de la improvisación. Hay que coordinar las tareas, más si pensamos que parece confirmarse una explotación comunal de los cultivos en torno al castro, con el consiguiente reparto de la producción agraria. Eso requiere de trabajos en grupo de los individuos aptos para ello.

Las murallas requieren de mantenimiento, cuando no de una ampliación o del levantamiento de nuevas estructuras. ¿Quién lo ordena?, ¿es un «senado» compuesto de hombres libres que toman decisiones en grupo? ¿Qué papel tienen los ancianos?, ¿Dónde se reúnen?.

Un día en un castro de la Edad del Hierro
Bastión principal y sistema de defensa en escalera para poder acceder mejor al enemigo que en una muralla lineal. La entrada estaría en las proximidades.

La arqueología nos habla de plazas abiertas, pero también de grandes cabañas comunales de las que aún no conocemos el significado concreto. ¿Existe un líder del poblado?, ¿una especie de reyezuelo local, princeps, o similar?. No sabemos si en este periodo ya existe o se trata de grupos sociales promocionados por la interacción con Roma que los elige como intermediarios. Lo cierto es que si los elige es por algo, y debemos pensar al menos en clases pudientes que además reclaman el uso de bienes de prestigio, orfebrería, armas, etc… No creo que debamos ver un castro como una comuna, y sí más como una sociedad que comienza a jerarquizarse gracias a la riqueza acumulada, bien sea a través de la guerra o bien a través de la explotación ganadera y quizás agrícola.

El comercio, sobre todo en los grandes castros, pero también en los pequeños asentamientos con comerciantes que recorren los caminos con mercancías que se intercambian por fragmentos de plata o bien por otros bienes. Es una tarea que debemos tener en cuenta. Quizá nuestro herrero produce un poco más para intercambiar con el buhonero que viene de lejos, o las cerámicas que trae son cambiadas por pieles y otras mercancías, alimentos, etc. de las que el poblado tiene excedentes.

En grandes poblados como Noega sabemos que el comercio jugó un papel fundamental, como corresponde a un gran asentamiento costero. Es probable que los mercados se sitúen en esos grandes castros que nos hablan de una jerarquía entre asentamientos.

El mundo simbólico 

Hablamos de muerte y religión. No sabemos si existe un culto doméstico en las cabañas. No tenemos evidencias arqueológicas que nos digan nada en este sentido. Las religiones del mundo céltico parecen tener como lugares de culto los espacios abiertos, pero también las cuevas esconden un sentido ritual que estamos empezando a descubrir. Las creencias en seres sobrenaturales relacionados con el bosque, el agua, el océano, etc… parecen persistir en la mitología popular del territorio. Los etnónimos, no sólo recogidos en la toponimia, sino también en la epigrafía nos hablan de un complejo mundo religioso, del que no sabemos prácticamente nada. ¿Habría periodos del año concretos de festividades?, etc… parece lógico pensar que si. Las fuentes al menos lo sugieren. Quizá peregrinaciones anuales a santuarios, las hogueras de los equinoccios, etc… no parece descabellado que tuvieran lugar también en esta sociedad.

Un día en un castro de la Edad del Hierro

La noche cae y la gente va volviendo poco a poco de sus quehaceres. Las puertas de las murallas se cierran, alguien hace guardia para vigilar el ganado, pero también por si hay un ataque imprevisto, nunca se sabe quién necesita tierras o quiere apropiarse de unos terrenos propicios de caza.

El fuego es de nuevo el protagonista, la luz y el calor. El olor a la comida y la necesidad de descansar después de un día intenso. De nuevo la cocina, como zona central de la vivienda, el calor del hogar. Lo cuentos se susurran a la luz tenue de los rescoldos que se van apagando.

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Fon S.P.
Apasionado por la arqueología e historia del pueblo astur. Pateando museos y yacimientos entre el Cantábrico y el Duero. Excavando cuando puedo. Divulgando desde hace más de 20 años.

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