Vía de la Carisa. Foto Turismoasturias.es

Desde los inicios de la presencia romana en Hispania, el trazado de vías terrestres en el territorio juega un papel fundamental. La evolución de las vías romanas corre pareja a la evolución de los intereses de la República primero y del Imperio después, pero siempre siguiendo un patrón común como veremos a continuación.

Caracterización de las vías romanas del noroeste

Sin duda la primera necesidad que cubren las vías terrestres es la movilidad de tropas. Hay que tener en cuenta que es el ejército quien traza las principales vías sobre el territorio y que se encarga de su protección. Una vez cumplido ese objetivo, inmediatamente adquieren un carácter comercial, como lugares de tránsito de personas y mercancías en ese esquema bien engrasado de núcleos urbanos bien comunicados por una extensa red de vías en todo el territorio romano. Por último, las vías cumplen una función de transformación del territorio, ya que los asentamientos de nueva fundación, como villas, y otras explotaciones se ubican en torno a estas vías, y además conlleva una función de romanización del territorio, siendo la existencia de estas vías una de las mejores pruebas de la asimilación de la cultura romana en los conventus objeto de este estudio.

Sin embargo se hace evidente la necesaria prudencia a la hora de hablar de vías romanas, y para ello debemos tener claras las técnicas constructivas empleadas realmente en época Imperial. Con ello obtendremos un número de vías seguras que son el objeto principal de este trabajo.

Fuentes para el estudio de las vías romanas del noroeste

En el caso del noroeste de la Península Ibérica contamos con fuentes epigráficas que nos proporcionan los itinerarios principales que recorrían los tres conventus que lo componen. Las veremos a continuación. También gracias al avance de las investigaciones y recuperación de miliarios se está pudiendo trazar con mayor exactitud cómo se comunican los principales asentamientos del territorio en época romana.

Fuentes antiguas

Las fuentes antiguas principales para el estudio de las vías romanas de los dos conventus objeto de estudio son el itinerario de Antonino, las Tablas de Astorga, y el Anónimo de Rávena. Estos tres documentos constituyen una fuente de primera mano de la red de comunicaciones de los dos territorios estudiados entre los siglos II y VII d.C. Además de ellos tenemos fuentes medievales de las que podemos obtener información relacionada con estas fuentes más antiguas.

El itinerario de Antonino llega a nosotros a través de una copia del siglo IV aunque se considera de época de Caracalla, es decir, de finales del siglo II d.C. Hay que decir que no hay un sólo itinerario sino que sufrió diversas modificaciones a lo largo de su historia sobre todo en el siglo III d.C.

Consiste en una compilación de rutas jalonadas por mansio, entre las que establece una distancia en millas. Algunas de las que menciona no aparecen en ninguna otra fuente y son la única cita que tenemos de ellas. Debemos considerarlo como una relación de las vías principales, lo que no supondría la no existencia de otras secundarias que no aparecen citadas.

Las conocidas como Tablas de Astorga, son una relación de cinco rutas distribuidas en cuatro placas de barro de las que se tiene conocimiento desde principios del siglo XX, cuando fueron propiedad del coleccionista Soto Cortés, en cuyos archivos aparece que fueron encontradas en los alrededores de Astorga. Actualmente se encuentran en el Museo Arqueológico de Asturias.

Las vías romanas de los conventus asturicensis y lucensis
Tablas de Astorga. Itinerario de barro. Tabla I

Se las considera la principal fuente de información sobre las vías del norte de la provincia de Hispania. La tabla I muestra la vía entre Legio VII y Portus Blendium, La II entre Asturica y Emerita Augusta, la III entre Asturica y Bracara. La IV entre Lucus Augusti e Iria Flavia

El Anónimo de Rávena es otra de las fuentes de época antigua que nos proporcionan información sobre el trazado viario del noroeste. En este caso, compilado en el siglo VII hace referencia a documentos que se consideran de los siglos IV y V d.C. Básicamente se trata de una enumeración de nombres y accidentes geográficos sin información sobre distancias, pero nos sirve para constatar poblaciones que aparecen en otras fuentes, y tras un análisis de los textos vislumbrar la posible evolución de los mismos. También proporciona nombres que en las otras fuentes no aparecen. Al ser más tardía suscita dudas sobre la existencia de tales asentamientos en épocas anteriores o bien son de nueva creación. 

Por último la Geografía de Ptolomeo, de la primera mitad del siglo II d.C. nos aporta valiosa información sobre ciudades y distancias en el territorio estudiado. Su distribución es diferente. En ella se citan los distintos pueblos que habitan cada conventus y dentro de ellos sus principales ciudades proporcionando además unas coordenadas geográficas que permitirían su localización a un geógrafo. El problema que plantea es que la medición de las coordenadas es inexacta siguiendo los patrones actuales y es necesario aplicar diversos factores de corrección dependiendo del territorio estudiado para la localización de los asentamientos citados.

Las vías romanas de los conventus asturicensis y lucensis
Península ibérica a través de Ptolomeo. fuente Wiki Commons
Fuentes epigráficas

Para el estudio de las vías romanas contamos con un documento epigráfico de incuestionable interés, el miliario. Un miliario es una columna que se ubicaba en los laterales de las vías romanas a ciertos intervalos y que indican entre otras cosas, el emperador que había ordenado construir o recuperar la calzada, la distancia hasta la localidad más importante del territorio donde se asentaba, y el nombre del gobernador o unidad militar que había dirigido la obra.

Los principales miliarios que se han encontrado en los conventus asturicensis y lucensis están en las provincias de Lugo, Coruña y León, mientras que en Asturias no se ha recuperado ninguno hasta el momento.

Las vías romanas de los conventus asturicensis y lucensis
Detalle del miliario conmemorativo frente al museo romano de Astorga

Otra fuente de información, esta vez ya moderna, son los distintos estudios realizados por el cuerpo de ingenieros bajo las órdenes de los monarcas Borbones que realizaron un minucioso estudio de caminos con el objetivo de mejorar las comunicaciones en todo el país. Estos ingenieros de caminos tuvieron la oportunidad de observar las vías romanas tal y como habían llegado al siglo XVIII y XIX y dejaron abundante información técnica de las mismas.

Técnica constructiva de las vías romanas

Tenemos información abundante de los patrones constructivos de las vías romanas, tanto de las principales como secundarias, como para poder identificar cuándo una vía empedrada de época antigua es o no es romana. Es importante definir con corrección lo que es una calzada romana y las características que reúne para poder identificar claramente nuestro objeto de estudio.

La calzada principal romana tenía un ancho de entre 4 y 6 metros1 lo que permitía el cruce de dos carros que se encontraran por el camino. Además se despejaban una serie de metros en torno a la vía para facilitar maniobras, evitar peligros que surgieran de los lados de la vía etc, cuando se podía.

Siempre tienden a ser rectilíneas y evitar las pendientes, resultando muy eficientes en cuanto a energía requerida por los animales de tiro para avanzar. En su construcción se tenía muy en cuenta factores como la inundabilidad del terreno, por lo que se llegaban a construir sobre el nivel del suelo circundante con el objetivo de evitar acumulaciones de agua que dificultan el tránsito.

Las vías romanas de los conventus asturicensis y lucensis
Construcción de una vía romana. Visto en http://www.aquisquerquennis.es/

La construcción se realizaba con materiales disponibles en el entorno del trazado de la misma si era posible, siendo frecuentes a los lados de las vías, las huellas de la extracción de materia prima para su construcción. Pero si no lo era se empleaban recursos para proveer de material a la obra. En cualquier caso siempre siguiendo un patrón constructivo que es identificable en todo el Imperio.

Como en todo trazado viario hay jerarquías, y este patrón constructivo quizá es sólo aplicable a las vías principales, pero en esencia se construyen con una base de piedras de gran tamaño, cajas laterales de piedras verticales que contienen el resto de capas sobre la base, y una serie de distintos niveles de materiales destinados a soportar el desgaste producido por el tránsito de carruajes, caballerías y los propios elementos. Una técnica precisa y relativamente sencilla que ha permitido que perduren durante dos milenios en algunos casos. En las vías secundarias se usaban técnicas más sencillas pero también efectivas que han hecho sobrevivir tramos de estas vías en entornos tan complicados como la Cordillera Cantábrica.

Pese a lo que solemos imaginar, las vías interurbanas, es decir, las que están entre dos poblaciones, no solían estar enlosadas 2 , ya que ello perjudicaría la capacidad de tiro de los animales que resbalarían sobre ella. En su lugar se disponía una capa de granulado que facilitaba la tarea y que hoy se ha perdido en la mayoría de casos. La imagen de vías enlosadas lujosamente pertenece a los trazados urbanos y a algunas vías principales muy destacadas por su importancia simbólica y propagandística

En los conventus asturicensis y lucensis encontramos vías de todos los tipos, pero mayoritariamente de aquellas que difieren de la estructura clásica de una calzada romana debido a la necesidad de adaptarse a un terreno difícil y montañoso. Los mejores ejemplos de calzadas principales se reducen a los terrenos llanos y de fácil construcción de León y la provincia de Lugo, siendo en Asturias más escasos como veremos más abajo. También en las que enlazan a las capitales de los conventus citados.

La creación del entramado viario en el noroeste

Hablar de las vías romanas en el noroeste de la Península Ibérica es hablar del proceso de conquista del territorio en época de Augusto. Hasta ese momento, en el que se distribuye un amplio territorio enmarcado a grandes rasgos entre la mar y los cauces del Duero, Esla y el Sella en el norte, las vías de comunicación responderían principalmente a las necesidades ganaderas y por supuesto de comunicación, sin embargo no tenemos constancia de una actividad comercial o industrial a unos volúmenes que requirieran el trazado de unas vías en permanente estado de mantenimiento y que facilitaran el paso de carros, grandes ejércitos, o que posibilitaran un sistema de comunicaciones eficiente.

Todos estos rasgos se los debemos atribuir a la llegada de Roma, que plantea en el noroeste una división territorial y jurídica en conventus que están bajo el mando de un gobernador, y en los que se establece una capital por cada uno de ellos.

Las vías romanas de los conventus asturicensis y lucensis
Vías romanas del noroeste. Fuente: elespanol.com

Las tres capitales son Asturica Augusta en el conventus asturicensis, Lucus Augusti en el conventus lucensis y Bracara Augusta en el conventus bracarensis. Es evidente por tanto que las necesidades de comunicación van a procurar como primer paso la comunicación entre esas capitales, lo que explica los trazados que vamos a ver en el siguiente apartado.
Pero debemos plantearnos otra pregunta. ¿Se construyen todas a la vez?. De su estudio debemos suponer que no.

Por ejemplo los miliarios de la llamada vía XVII que une Bracara con Asturica sabemos que son los más antiguos y que el trazado de las vías se hace más reciente cuanto más al norte nos dirigimos. Por tanto debemos pensar en un progresivo trazado de vías que facilitasen el movimiento de tropas hacia el territorio conquistado a una segunda fase que se centrará en la comunicación de las capitales conventuales, y que posteriormente continuará desarrollándose como una especie de capilaridad uniendo otras zonas. Así pues tenemos vías que unen Lucus Augusti con Lucus Asturum, o aquellas que se dirigen al Atlántico desde Lugo. Incluso tenemos una vía, la Nova, entre Bracara y Asturica, cuyo epíteto nos habla de un trazado posterior al plan inicial de época augustea.

Del análisis de los textos del Itinerario de Antonino podemos observar una especie de jerarquización del territorio siendo Bracara Augusta la capital de mayor importancia y la de más antigua fundación. Hay que tener en cuenta que el conventus bracarense es el más poblado de los tres. Le sigue Asturica Augusta y el conventus asturicensis, con un porcentaje de población mayor que el lucensis, y sobre todo relacionada con las importantes extracciones de oro del territorio astur. Por tanto son los dos puntos principales de las vías enumeradas en las distintas fuentes, siendo Lucus Augusti, la capital del conventus Lucensis un punto intermedio, necesario por supuesto, en algunas de ellas (García Martínez, 1996).

Bracara Augusta fue fundada en el 16 a.C. y adquiere su calidad de capital de conventus en época flavia, como las otras dos. Fue fundada sobre un asentamiento anterior indígena de los Bracari, una tribu galaica de la que obtiene su nombre. Fue capital de la provincia de Gallaecia tras la reforma de Vespasiano.

Asturica Augusta fue fundada en el 14 a.C. como campamento de la Legio X por Augusto. En el siglo I d.C. ya era una pujante capital relacionada con la explotación de las minas de oro del noroeste de la Península Ibérica, así como con el control militar del conventus Asturum.

Lucus Augusti fue fundada entre el 15 y el 13 a.C. por el legado de Augusto Paulo Fabio Máximo. Estableció la capital conventual en un sitio bien comunicado, con acceso navegable por un río y con aguas termales. El objetivo era controlar a las tribus del noroeste en el contexto de las guerras de conquista.

Como vemos, la articulación del noroeste se puso en marcha inmediatamente después de las guerras cántabro-astures, en un territorio, a priori pacificado, aunque tengamos constancia documental de levantamientos posteriores, pero que llevaron a un sometimiento total del territorio a lo largo del siglo I d.C.

Las vías de comunicación jugaron un papel fundamental en ese rápido proceso de organización del territorio y de la puesta en marcha de unos procesos productivos y de transporte de tropas y mercancías que compusieron una maquinaria perfecta que funcionó hasta el siglo III d.C.

Las vías romanas que comunican el conventus asturicensis y lucensis

Vía Romana de Bracara Augusta a Asturica Augusta.
La conocida como vía XIX unía las ciudades de Bracara Augusta (Braga), Iria Flavia, Lucus Augusti (Lugo) y Asturica Augusta (Astorga) además de otros asentamientos y campamentos militares como Aquae Quaequernis. Esta vía sabemos que fue inaugurada en el año 11 d.C. y que tenía casi 500 km de extensión. Junto con la XVII es de las más antiguas del territorio.

429,5 ITEM A BRACARA ASTURICAM. (Vila, 2006)
429,6 Limia MP XVIIII
7 Tude MP XXIIII
430,1 Burbida MP XVI
2 Turoqua MP XVI
430,3 Aquis Celenis MP XXIIII
4 Tria MP XII
5 Assegonia MP XIII
6 Brevis MP XXII
7 Marcie MP XX
8 Luco Augusti MP XIII
9 Timalino MP XXII
10 Ponte Neviae MP XII
11 Uttaris MP XX
431,1 Bergido MP XVI
2 Interamnio Fluvio MP XX
3 Asturica MP XXX

Existe otra vía, la XX, entre Bracara y Asturica per loca maritima que uniría los asentamientos del atlántico con las tres capitales conventuales del noroeste3.

En su trazado coincide con el de la XIX en algunas partes sobre todo entre el conventus lucensis.

423,6 ITEM PER LOCA MARITIMA A BRACARA 7 ASTURICAM USQUE:8 Aquis Celenis MP CLXV
424,1 Vico Spacorum Stadia CXCV
2 Ad Duos Pontes Stadia CL
424,3 Glandimiro Stadia CLXXX
4 Atricondo MP XXII
5 Brigantium MP XXX
6 Caranico MP XVIII
7 Luco Augusti MP XVII
425,1 Timalino MP XXII
2 Ponte Neviae MP XII
3 Uttaris MP XX
4 Bergido MP XVI
5 Asturica MP L

Vía romana de Bracara Augusta a Asturica por El Sil (Vía Nova):

Esta vía, la XVIII en el itinerario de Antonino unía Asturica con Bracara pasando por el territorio de los astures gigurros que se ubicaría en la Valdeorras (Orense actual) donde está documentada por abundante epigrafía. Sería una vía interior directa entre Bracara y Asturica sin pasar por Lucus Augusti. 4 Es la vía que conserva el mayor número de miliarios, más de 200 y por lo tanto es de las mejor documentadas de todo el Imperio. Fue impulsada por Vespasiano en el 79 d.C. en un momento en el que la intensidad comercial y también de comunicación ya que por ella transitaba el correo imperial, requirieron del trazado de una vía más directa entre las dos poblaciones más pujantes del noroeste en aquel momento.

Asturica es, además de por su importancia en el control de la extracción del oro del noroeste, un punto viario fundamental por su situación geográfica. Quizá por ello Plinio la califica como Urbs Magnífica en el sentido de su rápido crecimiento desde el principal campamento militar romano en el periodo de conquista hasta una dinámica ciudad relacionada con una “fiebre del oro” en el siglo I d.C.

Hasta ella llegan vías importantes como la vía XXIV que la une con Emérita Augusta, fundada en el 25 a.C. con legionarios licenciados de la guerra contra cántabros y astures por Publio Carisio, precisamente los veteranos de la V alaude y la X Gemina que habían dado lugar a la fundación de Asturica.

También otra vía de especial relevancia fue la XXXIV que une Asturias con Burdigala, y en cuyo recorrido coincide con la XXXII entre Asturica y Tarraco siendo la vía principal entre Hispania e Italia por el norte de la Península, aparte lógicamente de la Vía Augusta por el Mediterráneo. Esta vía, conocida posteriormente como Aquitana, conforma el trazado base del que posteriormente se conoce como Camino de Santiago.

Con esta intercomunicación de los asentamientos principales se garantiza una articulación del territorio que se ve complementada con la comunicación de los principales campamentos militares establecidos en el conventus. Es por tanto un territorio que se articula a lo largo del tiempo y que queda plenamente integrado en el plan imperial de organización del territorio.

Vías de penetración en la Asturia Trasmontana

El territorio intermedio entre astures trasmontanos y cismontanos es un entorno complicado, donde la montaña es el factor determinante de los trazados viarios. Las excavaciones realizadas en los últimos años, con el descubrimiento de nuevos campamentos de montaña, así como el estudio de toponimia, junto con la aplicación de nuevas técnicas de prospección, están posibilitando el mejor conocimiento de cómo se trazaron los pasos entre estos dos territorios.

Dicho esto, si atendemos a los criterios técnicos de los que hablaba en la introducción, estamos ante un hecho incuestionable. Las dos únicas vías de trazado romano que son seguras en la actualidad son las de La Carisa y la Mesa 5

Las dos cumplen esa característica de vías perpendiculares desde una gran vía transversal que tiene a Asturica como origen en dirección al valle del Ebro. Son dos vías pensadas y construidas siguiendo un patrón romano.

La vía de la Carisa fue reconocida por Jose Manuel González en 1976, sin embargo había sido propuesta por J Bonifacio Sánchez en 1970. Desde la parte de León arrancaría en el valle del Bernesga en dirección a la Col.lá Propinde, un emplazamiento a más de 1500 metros de altura desde el que comenzaría a bajar hasta Carabanzo, luego Cornellana, y Memorana, que aparece citada en el itinerario de Antonino. Su destino sería Lucus Asturum y de ahí a Gijón.

La Carisa adquiere su nombre del general Publio Carisio, legado de Augusto para la Lusitania y encargado de dirigir el frente occidental en la conquista. Esta ruta tiene un claro carácter militar, estando jalonada por campamentos de montaña, 6como el de Curriel.los y por lo que se le supone un primer trazado durante el periodo del bellum asturicum.

Distinto carácter tiene la Vía de la Mesa para la que se supone una existencia prerromana y que curiosamente es la que más éxito ha gozado en la historia de las comunicaciones entre los dos territorios ya que se mantuvo en uso hasta el siglo XVIII cuando fue desplazada por el primer itinerario que pasaba por el Puerto Pajares.

La vía, que parte desde Asturica, sube por el valle del Órbigo en dirección a Babia. De ahí hacia Torrestío y pasando por el puerto de la Mesa, de más de 1700 metros de altitud, baja por territorio asturiano por la parte alta de las sierras controlando siempre los valles. Pasa por Belmonte y Grado, siguiendo la sierra y por las Regueras llega hasta Lucus Asturum y luego a Gijón. De ella parten varios ramales que se dirigían a Salas donde hay importantes explotaciones mineras de época romana y llegaría a la desembocadura del Nalón, en cuyas inmediaciones se ubicaría, la hasta ahora no encontrada, Flavionavia.

Probablemente esta fue la vía elegida como primera línea de penetración en el territorio trasmontano y debemos considerarla como la vía principal de comunicación entre los dos territorios.

Un segundo grupo de vías permitirían pasos más directos entre los astures cismontanos y trasmontanos, probablemente utilizados desde tiempos antiguos por ganaderos y comerciantes. Podemos citar la que llega desde la montaña oriental leonesa al Sella, o las de los puertos de Tarna, San Isidro (que parece entroncar con Lancia), Vegarada o Leitariegos siendo esta última la tercera vía más importante de todas las que componen el entramado entre ambas partes del cordal.

Algunas consideraciones sobre estos itinerarios.

Del trazado de estas vías observamos que el territorio del conventus asturum se articulaba a partir de la capital administrativa establecida por Augusto en Asturica y desde allí pone en contacto tanto las capitales de los tres conventus del noroeste como otros asentamientos de importancia para el control del territorio como puede ser Legio por su importancia militar, o Lancia por su relevancia como población de grandes dimensiones en el territorio.

Al mismo tiempo observamos un eje norte sur que partiendo de lugares como Legio o Lancia parten hacia el norte, También desde la propia Asturica, a través de vías secundarias que cruzan los pasos de la montaña hasta territorio trasmontano con el mismo objetivo, que es comunicar los principales asentamientos, que son Lucus Asturum y la ciudad romana de Cimadevilla en Gijón. A lo largo del trazado de estas vías, cuyo origen es esencialmente militar se van configurando una serie de mansios e interconectando poblaciones que darán lugar, sobre todo en las intersecciones de vías (Lucus Asturum) a núcleos habitacionales de cierta relevancia.

A modo de conclusión, a través de estas líneas he intentado dibujar no sólo una caracterización de las principales vías de los conventus asturicensis y lucensis sino presentarlas como un agente fundamental, tanto como las tropas o la circulación de moneda, de la presencia romana en el territorio.

El trazado de estas vías no debe ser visto solamente como un medio de comunicación más ágil, sino como vías en las que el Imperio proyecta sus tres objetivos en los territorios conquistados: la comunicación entre asentamientos, los avances de la conquista y por último la eficiente explotación de los recursos que ofrece el territorio.

A través, tanto del trazado de nuevas vías, como del acondicionamiento de aquellas ya utilizadas por las unidades militares en el proceso de conquista, requieren una organización estable y bien planificada. Este esfuerzo constructivo sólo se lleva a cabo si la recompensa esperada es prometedora.

Los importantes recursos que ofrecen ambos conventus son una razón más que suficiente para erigir una trama de calzadas que articulen el territorio, además de agilizar el desplazamiento de tropas desde los cuarteles permanentes de la Legio VII a finales del siglo I d.C. a todo el noroeste ubicados en Castra Legione, única unidad militar en toda la provincia de Hispania hasta su desaparición en el siglo V d.C.

Notas al pie y bibliografía

  1. Gallo, M. (2004). Vías romanas. Ingeniería y técnica constructiva, Madrid, Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas.
  2. Morales, J. R. (2011). Calzadas romanas,¿ Propaganda o utilidad?. In Propaganda y persuasión en el mundo romano: actas del VIII Coloquio de la Asociación Interdisciplinar de Estudios Romanos, celebrado en Madrid los días 1 y 2 de diciembre de 2010 (pp. 177-212). Signifer Libros.
  3. Maside, R. M. F. (2001). Vía per loca maritima: un estudio sobre vías romanas en la mitad noroccidental de Galicia. Gallaecia: revista de arqueoloxía e antigüidade, (20), 217-248.
  4. Moralejo, J. J. (2009). Toponimia de las vías romanas de Galicia. Palaeohispanica. Revista sobre lenguas y culturas de la Hispania Antigua, (9), 189-202.
  5. Pisa Menéndez, P. (2015). Red viaria en Asturias: de la vías romanas del oro a los caminos medievales.
  6. González Álvarez, D. (2011). Vías romanas de montaña entre Asturias y León. La integración de la Asturia transmontana en la red viaria de Hispania.
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Fon S.P.
Apasionado por la arqueología e historia del pueblo astur. Pateando museos y yacimientos entre el Cantábrico y el Duero. Excavando cuando puedo.

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