Edificaciones de época romana de la Campa Torres
Edificaciones de época romana de la Campa Torres

Es habitual escuchar en parte del discurso historiográfico que los astures pervivieron hasta la ocupación militar del territorio en el 19 a.C. Como anécdota os diré que una vez vi un cartel que decía que desde ese año los astures pasan a ser romanos, algo así como si se acostaran siendo astures y se levantaran con toga al día siguiente. En realidad es el fruto de un discurso historiográfico muy tóxico propio de las décadas pasadas que va no sólo del planteamiento de la idea de una total aniquilación de la cultura astur tras ser sometido el norte, sino que va más allá y afirma que los siglos II y I a.C., considerados como el momento de esplendor de la cultura de estos pueblos, lo es gracias a la presencia romana en la península.

Os voy a explicar por qué considero que decir algo así es, simplemente, demencial y cómo la conquista romana significó el comienzo de una etapa clave, que podemos llamar astur romana, que se extiende dos siglos tras la llegada de Roma.

Un análisis de la conquista

La guerra contra cántabros y astures termina oficialmente en el 19 a.C. Esa es la fecha definitiva del final de una contienda que se había alargado más de lo esperado tras varias revueltas protagonizadas por estos pueblos según fuentes como Dion Casio, Floro y Orosio1. No olvidemos que, a efectos propagandísticos (no es posible entender el naciente principado de Augusto sin el papel de la propaganda en su programa político), era más que conveniente cerrar las puertas del templo de Jano y contarle al ciudadano romano medio que la Paz (con mayúsculas) había llegado de nuevo a Roma tras los nefastos episodios de guerra civil vividos con César y Pompeyo y luego con Augusto y Marco Antonio.

Centro de interpretación del León romano. León.
Centro de interpretación del León romano. León.

Pero si hacemos una lectura crítica de estas fuentes, lo primero que debemos tener en cuenta es que el territorio astur ni es homogéneo culturalmente, como llevo ya unos años contando desde estas páginas, como geográficamente, por lo que hacer generalizaciones es muy peligroso. Primero porque los hechos a los que se refieren estos autores sobre la guerra contra los astures, tienen lugar al sur de la cordillera cantábrica. No sabemos nada de lo que pasa al norte de la misma. Los testimonios de lo que sucede en esta parte del conventus asturum son realmente escasos y la arqueología se revela como la única opción que nos queda para conocerlos. El problema es que, hasta donde se ha estudiado a día de hoy, la arqueología en Asturias está a años luz de determinar lo que sucedió realmente. Las fuentes, por su parte mencionan a la escuadra romana asediando a los cántabros transmontanos (concretamente en Portus Blendium) mientras tenía lugar la dura campaña al sur de la cordillera. La actividad de esa escuadra que aportaría hombres y suministros parece confirmada por estudios recientes en territorio astur, como vimos en el castillo de San Martín, en la desembocadura del Nalón o en Noega, en la Campa Torres, probablemente con la ocupación de los principales enclaves costeros, objetivo prioritario en toda campaña de conquista.

Campamento romano de Petavonium. Zamora
Campamento romano de Petavonium. Zamora

Esto nos lleva a plantear que los hechos inmediatos a la conquista que narran estas fuentes, los debemos entender en clave de un ejército de ocupación compuesto por tres legiones y fuerzas auxiliares que dominaba, de facto, el extenso territorio del conventus asturum. Sin embargo, el terreno estaba lejos de haber sido «pacificado» por completo2. No es extraño por tanto que incluso en un momento tardío como el reinado de Nerón entre el 37 y el 68 d.C. la epigrafía nos aporte el testimonio de Marcus Vettius Valens, un legionario cuya estela apareció en Rimini3 y que fue condecorado por sofocar una revuelta de los astures a mediados del siglo I d.C.

A su vez, podemos decir que las diferencias no sólo aparecen entre la zona norte y la sur del conventus. Tenemos también un panorama diferente de este a oeste del territorio transmontano que queda de manifiesto en los posteriores sistemas estatales de dominación y de explotación que Roma impone. Podríamos hablar de dos zonas; El centro y oriente de la región transmontana (lugar de implantación de las primeras villae menos de un siglo después de la conquista) correspondiente al territorio de los Luggones, donde habría que distinguir entre una zona central más romanizada y el extremo oriental hasta el Sella, donde parece que van reduciéndose las explotaciones a medida que nos acercamos al límite del conventus. Por otro lado, el centro occidente, de los Pésicos, donde la minería dominará el paisaje en unas décadas. No podemos olvidar que este pueblo basaba su economía en una cabaña ganadera potente, (incluso se ha afirmado que su nombre procede esa actividad). Tampoco podemos dejar de lado que los mineros también comen y es necesario mantener una actividad agropecuaria en el entorno, además de que no todo el territorio es exclusivamente minero como vemos en la parte oriental donde se ubicará la ciudad pésica más importante bajo dominio romano, Flavio Navia.

Rostro de un astur del siglo I d.C. hallado en peña Sobia. Teverga. Obra de Iván Cuervo Berango.
Rostro de un astur del siglo I d.C. hallado en peña Sobia. Teverga. Obra de Iván Cuervo Berango.

Por tanto, la victoria de Roma no parece consolidarse hasta mediados del siglo I d.C. a una escala general y, por tanto, hablar de romanización es un tanto aventurado hasta después de unas décadas de haber conquistado el norte. Tenemos constancia documental de las dificultades del ejército para someter a cántabros y astures, que se rebelan periódicamente, lo que pone de manifiesto que la presencia romana no era aceptada con los brazos abiertos. La dura represión a la que fueron sometidos (algunas de las revueltas contra Carisio tienen como motivación su especial crueldad con los vencidos) no favorecería precisamente la adopción de una cultura foránea que los estaba masacrando. Pero tras una dura imposición del nuevo orden por la fuerza, comenzamos a ver una nueva etapa en la que lo administrativo toma el protagonismo frente a lo militar. Ahí es donde verdaderamente empezamos a percibir cambios y, como suele suceder, tiene a las élites sociales como protagonistas.

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¿Una romanización? Sí, pero ¿cómo y cuándo?

Como dije al principio, según algunos autores, la influencia de Roma sobre los pueblos prerromanos es anterior a la conquista. Es muy probable que la presencia de las grandes potencias mediterráneas (Cartago y Roma) se sintiera en toda la península, incluso siglos antes de su total dominación. El problema es el discurso que articulan aquellos que defienden que esa presencia alteró por completo la cultura de estos pueblos y que incluso si hablamos de un periodo de esplendor en los siglos inmediatos a la conquista es precisamente por la presencia de las culturas mediterráneas en su entorno.

Entrada a las Labradas
Entrada a las Labradas

El planteamiento es, cuanto menos, discutible. En realidad no lo es tanto por la influencia, que lógicamente debió haberla, sobre los pueblos indígenas de la península, incluso antes de su dominación, sino lo que se deduce de lo que se dice. Sin duda la presencia de estos grandes agentes en suelo peninsular propició la introducción de ciertos elementos culturales que se integran en la cultura de los astures, que es el caso que nos ocupa. Pero me parece que incluso estos autores infravaloran la influencia de lo «oriental» en lo castreño siglos antes de que Roma pisara las costas levantinas. Los contactos entre atlántico y mediterráneo ya provienen de la Edad del Bronce. La influencia de estas culturas a través del comercio fenicio llega al occidente atlántico y se distribuye por las rutas comerciales del norte. Puertos como Noega tienen materiales mediterráneos dos siglos antes de que Roma se acercase al sur del conventus asturum… y sin embargo nadie discute que siguieran siendo astures.

Se ha visto en el proceso de creación de grandes oppida una respuesta a la presencia de Roma. Desde la perspectiva de pueblos como los celtíberos o los vacceos parece ser más una parte del desarrollo de estas sociedades como respuesta a una nueva serie de dinámicas, sobre todo comerciales que articulan a la meseta como un intermediario entre el norte y el mediterráneo, sobre todo tras el declive del comercio atlántico a comienzos de la Edad del Hierro.

Posición de campamento de Villacete respecto a Lancia. (Blanco et alii, 2023, p.23)
Posición de campamento de Villacete respecto a Lancia. (Menéndez-Blanco et alii, 2023, p.23)

En realidad el proceso es más antiguo. Lo mismo que las élites del Bronce construyen los primeros castros, las élites del Hierro jerarquizan el paisaje allí donde se dan estas circunstancias. No ver que hay una jerarquía entre castros es simplemente no querer aceptar lo evidente. Las propias fuentes arqueológicas nos hablan incluso de jerarquías entre los 22 pueblos de los astures, como parece evidenciar la estela ASTVRUM ET LVGONNUM, que ya es de época romana pero reflejaría una situación de desequilibrio entre etnias en este supuesto mundo igualitario. No es algo ajeno a la realidad prerromana peninsular. Algo parecido lo podemos ver dos siglos antes entre los celtíberos con pueblos situados bajo la esfera de influencia de otros.

En algo estoy de acuerdo. Los oppida son centros de poder en los que se establecen las élites. Por cierto, me pregunto cómo hay investigadores que pueden conjugar la caracterización de los astures como sociedad igualitaria y luego decir que Roma se apoya en las élites locales como intermediarias con la población… es difícil apoyarse en algo en lo que niegas su existencia ¿no?

Lancia. Diciembre 2023
Lancia. Diciembre 2023

Estos grandes poblados crecen antes y durante la época romana apoyados por una administración que los utiliza como centro recaudador y articulador del territorio. Me pregunto si no cumplían ya esa función antes. Parece que más que sustituir un modelo por otro, Roma potencia uno que ya funcionaba mientras le sirve. Es lógico. Sabemos que se apoyaron en élites locales para el control territorial y social. Estimularon el crecimiento de estas élites sometidas al poder, pero no nos olvidemos de que ya tenían poder antes de que llegaran ellos por eso los eligen. Ni siquiera en los castros vemos unas diferencias enormes. En la arquitectura se aprovechan las construcciones existentes. Por ejemplo hay un refuerzo de las murallas, que se siguen construyendo a la manera astur, como vemos en Llagú y otros asentamientos, incluso una renovación de los viejos poblados. Las viviendas siguen siendo circulares y conviven con otro tipo de edificaciones como vimos en las excavaciones de la Campa Torres de este año.

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Reconstrucción de viviendas de la Campa Torres
Reconstrucción de viviendas de la Campa Torres

Si en esencia no cambia tanto el panorama (a veces parece que algunos autores se empeñan en demostrar que esto es la Bética, que ya llevaba 200 años sometida en el momento que Roma llega al norte), no podemos decir que ni tras la conquista y, probablemente, ni durante el siglo I d.C. se hubiera desintegrado la sociedad astur previa. Probablemente ni la lengua ni la cultura romana habrían penetrado en una población hostil a la potencia extranjera más allá de los individuos de esas élites que sobreviven a la sombra del nuevo poder estatal. Pero es evidente que la derrota tuvo un precio muy alto.

Un programa político centrado en los líderes astures

Los cambios más profundos los vemos en aquellas parcelas de la sociedad que podían afectar al control territorial de un espacio dominado por la conquista, y son una constante en la historia. Hablamos de la clase militar y al ámbito del culto. Un pueblo que todavía reza a sus dioses mantiene un sentimiento de pertenencia a algo distinto al invasor. Entre el siglo I y el II d.C. las estelas se van transformando en monotemáticas, con un culto a Júpiter que se hace mayoritario, así como a los lares viales. En realidad un solapamiento de cultos antiguos con otro nombre, casi con total seguridad. De hecho se emplea una fórmula mixta que sirve muy bien al propósito del Estado; nombre latino de la deidad, epíteto en lengua indígena. Este culto institucionalizado tuvo que sustituir al culto público realizado antes de la llegada de los romanos. La religión es un arma de doble filo, como tendría la oportunidad de experimentar Roma con los cristianos. Sin embargo no parece difícil imaginar que el culto privado se mantuviera sin excesivos cambios, seguramente no desaparecería nunca, como parece evidenciarse por otra tardía adaptación a una nueva religión, en este caso la del cristianismo siglos después. La pervivencia de ciertos mitos en la cultura tradicional, coincidentes en casi todo con pueblos mucho menos romanizados que los peninsulares, sólo pueden explicarse de esta manera.

Estela de Nimmedo Asediago. Museo Arqueológico de Asturias
Asediago. Museo Arqueológico de Asturias

Otro cambio evidente, como dije arriba, tiene que ver con la clase guerrera astur. La salida que les da es el alistamiento, forzoso o no, a las unidades militares auxiliares romanas, donde reciben una formación, pero aplican técnicas de combate que provienen del mundo prerromano, como los jinetes cántabros, así como los nombres de las «etnias» donde fueron reclutados, incluso sus nombres tribales, como los Cilúrnigos transmontanos en el muro de Adriano. La sociedad astur habría perdido, al menos desde mediados del siglo I d.C. la capacidad de levantarse en armas y eso es por el efectivo programa de desmilitarización de estos pueblos como hemos visto.

Hay cambios más sutiles. Por ejemplo en la orfebrería, las ricas joyas indígenas desaparecen. Creo que es algo lógico si tenemos en cuenta que el impacto de la romanización la experimentan sobre todo las élites, que viven a la sombra del poder imperial. Por tanto no demandan este tipo de piezas y se imponen los modelos de imitación del poder romano. Si ellos no reivindican ese indigenismo es evidente que su fabricación carece de sentido. El valor simbólico que hubieran tenido también ha desaparecido por iniciativa del nuevo poder rompiendo ese factor de cohesión.

Torques de doble escocia. Área norte astur-galaico. Museo Arqueológico de Asturias
Torques de doble escocia. Área norte astur-galaico. Museo Arqueológico de Asturias

Por tanto, parece razonable que Roma concentró sus recursos en desarticular, no la sociedad astur, que hasta cierto punto le convenía mantener, sino a su clase dirigente, que era la que podía generar un problema de obediencia. De hecho, vemos cómo el pueblo llano, el campesino y el alfarero, por ejemplo, siguen haciendo lo que hacían sin que sus producciones experimenten muchos cambios. ¿Por qué llamar cerámica común romana a una cerámica negra que sigue siendo astur pero fabricada tras la conquista?

La romanización impuesta desemboca en rebelión

La imposición de un nuevo orden, si se hace a la fuerza, se convierte en la receta perfecta para que estalle una rebelión, pero es necesaria para derribar las ansias de independencia de un enemigo. Superada esta fase4 es más sencillo que mientras que la paz fluya, por tensa que sea, las cosas vayan cambiando paulatinamente, lo que reporta mayores beneficios que arrasar por completo a la sociedad que debe pagar tributos. La arqueología nos demuestra que algo así debió suceder. Los castros perviven hasta bien entrado el siglo II d.C. Sobre el territorio conviven, sobre todo en el norte, dos sistemas sociales, el de los centros de poder; distritos mineros, villas, puertos, campamentos militares, etc… romanizados de un modo más convencional y los de aquellos lugares donde los sistemas de producción antiguos resultaran más eficientes, donde las cosas cambiarían mucho más despacio. A mí personalmente como objeto de investigación, me parecen las más interesantes, ya que en ellas vemos una transformación de la sociedad astur hacia un mundo romano, más pausada, diferente a la profunda alteración que suponen las minas y las villas en el territorio inmediatamente circundante.

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Las Médulas desde el mirador de Orellán.
Las Médulas desde el mirador de Orellán.

Los castros tienen presencia romana desde un momento temprano, evidenciando el control militar del territorio. El mundo romano se adentra en los castros, paulatinamente, primero con el ejército y luego a través de las élites locales. De hecho son estas élites las que, paradójicamente, introducen las nuevas corrientes culturales en toda la sociedad. Pero los castros ya estaban ahí, y seguramente otras formas de poblamiento del paisaje. Algunos de ellos incluso desde el siglo VIII a.C., y sus moradores no son gente foránea, sino que siguen siendo mayoritariamente los descendientes de aquellas generaciones que vivieron en un mundo sin romanos y que siguen viviendo en el mismo territorio. Dudo mucho que una sociedad así cambiara de un día para otro.

Vista general, la domus a la izquierda.
Vista general de la domus

Tenemos algunas evidencias en las fuentes. Vayamos al siglo II d.C., (ya muy lejos que del 19 a.C.) en ese momento Ptolomeo nos deja constancia de la existencia de civitates en territorio astur. Se trata de demarcaciones fiscales y territoriales que parece que aún coinciden a grandes rasgos con los viejos territorios de las gentilitates (clanes) de los astures. Los nombres que aparecen en la epigrafía aún son astures aunque se va implantando la adopción de nombres latinos. Tengamos en cuenta una cosa, son las élites las que pueden pagarse una estela. Me gustaría saber el nombre de los astures del pueblo llano. Es probable que la lengua ya estuviera en un proceso de transformación dando lugar a ese latín vulgar que se cree que es el antecedente de las lenguas romances de la península como el gallego o el asturianu, por poner ejemplos en el noroeste. Parece lógico pensar en una diglosia, semejante a la de la sociedad rural asturiana de hace nada, con un latín para la clase dirigente y para la admnistración y una lengua indígena que se usa para todo lo demás.

Estela ASTURU(M) ET LUGGONU[M]. Museo Arqueológico de Asturias

Es en este momento donde ya vemos una transformación de la sociedad5. No es extraño ya que la presencia romana, no tanto ya la militar, sino la infraestructura económica y social desplegada por el Imperio en el territorio astur habría dejado ya una profunda huella. Es difícil pensar en un espacio uniformemente romanizado ya que lo más probable es que siguiera habiendo profundas diferencias entre los lugares mejor comunicados y aquellos más alejados de los centros de poder, pero incluso ya en el siglo anterior, ningún lugar del territorio transmontano escapara de la administración romana y de una fuerza de intervención rápida de la misma en caso de necesidad.

En definitiva la cultura astur sobrevive a la conquista, al menos casi dos siglos

La afirmación inicial es parte de un discurso historiográfico muy simplista, y deliberadamente supremacista, que no se molesta en estudiar los hechos desde la perspectiva local, sino que asume la propaganda imperial de completa dominación y aculturación del nuevo territorio conquistado. La arqueología se empeña en decirnos que este discurso es totalmente falso, y que bajo dominio romano la sociedad astur lo que vivió fue una nueva fase antes de disolverse en un mundo totalmente romanizado, pero que a su vez estaba viviendo profundos cambios. Quizá por eso no encontramos en territorio astur transmontano una sociedad romana altoimperial como la que vemos en otros lados del imperio. Es uno de los últimos en ser conquistados en el occidente de Europa y cuando se domina plenamente el propio Estado romano ya se ha transformado.

Maqueta de la villa romana de Veranes.
Maqueta de la villa romana de Veranes.

No es igual la Roma altoimperial que la bajoimperial pero en el territorio astur encontramos algunos patrones en común. En realidad, la sociedad la dirigen los mismos potentados basados en la tierra6 (antes controlaban el castro, ahora las villas) que se sitúan en la parte superior del escalafón del poder y también los mismos por abajo, aquellos que sostienen el sistema. Insisto en que de estos últimos apenas tenemos información. Es evidente que no podemos suponer que todos son iguales a partir de los datos arqueológicos obtenidos del perfil de las clases dirigentes (lengua, costumbres o estructura social). Me pregunto cuánto de lo astur prerromano habrá sobrevivido entre campesinos y artesanos. También me pregunto cómo se puede dibujar una sociedad romana sólo teniendo las escasas evidencias que tenemos incluso de la clase dirigente que no dejaría de ser una minoría en una población astur que, insisto, llevaba siglos en el territorio con su cultura y sus costumbres. El desprecio a esa tradición me parece sorprendente.

Bibliografía

  1. Roldán Hervás, J. M. (1970). Fuentes antiguas sobre los astures. ↩︎
  2. Gárate, J. A. H., Encinas, J. M. V., Labrador, E. J. P., Cuenca, E. G., & del Castillo, R. B. (2020). Primeras evidencias arqueológicas del asedio romano al castro de Las Labradas-El Marrón (Arrabalde, Zamora) durante en Bellum Asturicum. Estudios Humanísticos. Historia, (17), 149-179. ↩︎
  3. «[p(rimo) p(ilo)] leg(ionis) VI / Victr(icis) donis donato ob res prosper(e) / gest(as) contra Astures torq(uibus) phaler(is) arm(illis) » CIL, XI 395. ↩︎
  4. Santos Yanguas, N. (2004). El final de las guerras astur-cántabras y la desmilitarización del ejército romano en territorio de los astures. Espacio, tiempo y forma. Serie II, Historia antigua. ↩︎
  5. Solera, S. D. D. (2013). Repensando la romanización de cántabros y astures. Arqueoweb: Revista sobre Arqueología en Internet14(1), 2-20. ↩︎
  6. Menéndez Bueyes, L. R. (1995). Algunas notas sobre el posible origen Astur-Romano de la nobleza en el Asturorum Regnum. ↩︎

2 COMENTARIOS

  1. Fascinante tu análisis y totalmente de acuerdo con el desprecio que existe hacia todo lo que no sea romano o, al menos, así me he sentido yo durante todos mis años de Historia del Arte. Milenta gracies por todo tu trabajo!

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