Réplica de uno de los fragmentos de la diadema de Moñes. Museo Arqueológico de Asturias
Réplica de uno de los fragmentos de la diadema de Moñes. Museo Arqueológico de Asturias
Actualizado: 23 abril, 2024

Frente a lo que pudiera parecer en un principio, la existencia de élites entre los astures de la Edad del Hierro es un tema de discusión en un determinado sector de la investigación. Tengo que decir que, a priori, no podemos formular esta pregunta de forma general ya que, como decimos en innumerables ocasiones, bajo el paraguas de lo «astur» se agrupan realidades muy diferentes unas de otras.

Un debate entre indigenistas y romanistas

El debate se plantea en dos posturas frente al tema. La primera considera que los pueblos astures no habían desarrollado un sistema «estamental», a diferencia de otros pueblos de la Edad del Hierro conocidos por las fuentes, en la que un estrato formado por una élite de tipo guerrero, una casta sacerdotal, etc… controla una sociedad. Pongamos un ejemplo típico mucho más general, la de los pueblos celtíberos, donde hay una manifestación arqueológica de esas élites en forma de armamento, fíbulas, etc… además de los testimonios sobre sus caudillos o su sociedad guerrera en las fuentes. Otro ejemplo clásico a un nivel mucho más extenso sería el de los galos, con su casta de guerreros, druidas y una clase de artesanos privilegiados como pueden ser los herreros, frente a una masa campesina e incluso una reducida a servidumbre o esclavitud.

La otra postura defiende que entre los astures existieron clases dirigentes, al igual que en el resto de sociedades de la Edad del Hierro, tanto indoeuropeas como no indoeuropeas, y que la no existencia de estas élites simplemente sería una excepción aislada en un continente donde las élites controlaban la sociedad.

Ya había élites en la Edad del Bronce

Para intentar aproximarnos a la determinación de su existencia en la sociedad astur creo que debemos comenzar por remontarnos a los antecedentes de las sociedades del Hierro entre los astures. Los prueblos que luego se encontraron los romanos en su avance hacia el norte, son fruto de un desarrollo de unos sistemas tanto de apropiación y dominio del territorio que desembocan en la cultura de los castros, como en la preeminencia de unas élites que se desarrollan desde el Bronce Final en el territorio. Son grupos o familias que destacan entre el resto por una serie de ajuares, o elementos de prestigio, entre ellos las armas (espadas de bronce, cascos como los de Ribadesella, o joyas) que son fruto de la actividad comercial en el atlántico y la península con metales como el cobre y el estaño como materia prima principal. Además estas élites son ganaderas, y en ese punto encontramos tres de las características que retratan las sociedades heróicas de la Edad del Hierro. El ganado, las armas y la riqueza.

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Cascos de Ribadesella y espada de Sobrefoz. Museo Arqueológico
Cascos de Ribadesella y espada de Sobrefoz. Museo Arqueológico

Es decir, en el bronce final ya hay unas élites, que además practican ritos funerarios específicos en el occidente europeo y son las precursoras de las sociedades de la Edad del Hierro posterior. En este nuevo periodo, vamos a decir entre los siglos VII y I a.C. se desarrollan sociedades que tienen sus centros de poder en un nuevo elemento, el poblado fortificado. Bueno, maticemos, el poblado fortificado no es un invento del hierro. Los poblados del Bronce estarían fortificados de alguna manera. Pero en el Hierro el poblado se sitúa en lugares elevados y las defensas se convierten en monumentales. Es lógico.

Una sociedad como la del Bronce, basada más en la ganadería y el comercio que en la agricultura, se ve obligada a «moverse» cada cierto tiempo cuando agota los recursos de su entorno, y esos recursos incluyen una agricultura, pero que aún no está tan desarrollada y diversificada como la del Hierro. Por tanto, cuando agotan los suelos tienen que moverse, probablemente para volver cada cierto tiempo a los mismos sitios. Probablemente por esta razón es tan difícil localizar los poblados de la Edad del Bronce, además de por su escasa entidad de población (núcleos pequeños) y monumentalidad.

Las nuevas expresiones de poder en los castros

Pero en el Hierro eso cambia y el castro se convierte en la manifestación de poder en un territorio. Ese castro es el nuevo hogar de las élites armadas del Bronce, para entendernos. En el poblado fortificado, las relaciones de familia nuclear desarrollan un nuevo tipo de sociedad basada en los lazos de sangre. La que luego conocemos como gentilitas, es decir, el clan. Los clanes tienen líderes. Ancianos, potentados, en definitiva jefes. El gobierno de los poblados aparece reflejado en las fuentes. En época republicana los romanos hablan de senadores en los oppida celtíberos. Están usando su terminología para definir a un individuo de una clase alta. Una élite.

Fíbula de caballito y jinete de León. Museo de León
Fíbula de caballito y jinete de León. Museo de León

Pero los celtíberos, al igual que los pueblos astures desarrollan esas sociedades, con sus jefaturas y élites, a lo largo de la Edad del Hierro y su manifestación más evidente es la época de la formación de los grandes poblados, oppida.

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En el caso astur, concretamente en el cismontano, al igual que en el sector bracarense de los galaicos, también se dan estos grandes poblados, y también en ellos tenemos evidencias de élites en la Edad del Hierro ¿Cómo que entre los astures no hay élites? Si defendemos que surgen a la vez que el aglutinamiento de la población en los grandes oppida no podemos dejar de lado a los grandes poblados astures y galaicos porque el proceso en ellos es el mismo, y las manifestaciones arqueológicas de ese poder también lo son. Incluso con los mismos productos, como fíbulas de caballito, armas, etc…

Lancia desde el Porma
Lancia desde el Porma

Creo que incluso aquellos que están en contra de la existencia de élites entre los astures están de acuerdo en este punto. Entonces es cuando debemos plantearnos si esa misma situación se da entre los pueblos del norte.

Élites transmontanas

Tengo la sensación de que el caballo de batalla de aquellos que niegan la existencia de élites es precisamente la situación de los pueblos del norte. Nos encontramos a veces en la bibliografía científica con calificativos que exacerban el barbarismo, primitivismo y escaso desarrollo de estos pueblos. La consecuencia lógica de ello es precisamente la afirmación de que son sociedades simples, al borde de la extinción por inanición por una agricultura deficitaria. Casi parece que el exterminio al que los somete Roma al conquistar el norte es una salvación más que un genocidio.

Torques nº1 de Cavandi. Foto, museo Arqueológico de Asturias
Torques nº1 de Cavandi. Foto, museo Arqueológico de Asturias

Esta postura, vamos a llamarla romanista, es fruto de una lectura intencionada de las fuentes clásicas. Esas fuentes que, realmente tenían esa función, la de retratar a estos pueblos como salvajes frente a una civilizadora Roma y a un público al que se le vendía la grandeza del proyecto de conquista del mundo. Propaganda. Lo que no entiendo es que dos mil años después, gentes que no tienen nada que ver con ese proyecto militar y político sigan manteniendo las mismas tesis falsarias de Estrabón.

Fíbula de Caravia. Museo Arqueológico de Asturias
Fíbula de Caravia. Museo Arqueológico de Asturias

La arqueología, afortunadamente, está para matizar las fuentes, y cada vez más nos habla de una sociedad, la astur transmontana que es a la que va dirigida esta parte del post, perfectamente desarrollada y adaptada al medio. Ha quedado de manifiesto que los patrones de medida de la civilización (mediterráneos) no sirven para retratar a las sociedades del extremo atlántico del continente ya que provienen de una tradición cultural completamente distinta, pero no por ello menos eficaz en cuanto a su desarrollo.

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Vista general de la Campa Torres y las excavaciones de 2023
Vista general de la Campa Torres y las excavaciones de 2023

El proceso de concentración en poblados más grandes estaba también en marcha al norte de la cordillera. Lo vemos en espacios como la Campa Torres, pero también en castros como San Chuis, o en los de la ría de Villaviciosa. Negar que hay una jerarquía de poblados en el espacio transmontano es no conocer la realidad geográfica del mismo. Si hay una jerarquía espacial, debemos preguntarnos si hay una jerarquía social.

Una de las evidencias más claras que tenemos de la existencia de élites la tenemos en la metalurgia del oro y metales preciosos en esa sociedad. Torques, fíbulas, armas, etc… son una evidencia de una diferenciación social y también de que esas élites son guerreras. La diadema de Moñes creo que nos habla, además de dos componentes de ellas. Los guerreros, a caballo por cierto, y aquellos que se sitúan al lado de los calderos. Es evidente que aquellos que aparecen representados en la diadema son personas especiales de la sociedad astur transmontana, en este caso la de los Luggones, y lo es porque siempre se representa a aquellos que tienen una preeminencia social, por la misma razón que los que aparecen en las estelas funerarias son aquellos con una posición social elevada en época romana, o los que tienen una tumba con un ajuar destacado en otros ámbitos prerromanos. Las clases inferiores son invisibles.

Reconstrucción del diseño de la diadema de Moñes con los fragmentos que faltan.
Reconstrucción del diseño de la diadema de Moñes con los fragmentos que faltan.

Otra manifestación de estas élites está en la organización social. Sabemos que los Luggones, por ejemplo, se rigen por el mismo tipo de manifestaciones sociales que pueblos como los vacceos o los celtíberos, con el esquema de familia nuclear/clan/tribu, por tanto, si entre los dos primeros hay élites según estos autores ¿Por qué entre los Luggones no?

Por último, en las fuentes hay una referencia a un posible consejo intertribal, posiblemente formado por los líderes de las principales tribus astures. Cuenta Dion Casio que los astures se agruparon en tres columnas dispuestos a atacar simultáneamente a los tres campamentos de Publio Carisio. Para este tipo de organización es necesaria la presencia de líderes que coordinen este proceso, y además, creo que queda claro que deben ser líderes militares ¿Cómo que los astures no tienen élites guerreras?

Posición de campamento de Villacete respecto a Lancia. (Blanco et alii, 2023, p.23)
Posición de campamento de Villacete respecto a Lancia. (Menéndez-Blanco et alii, 2023, p.23)

En definitiva, la tesis romanista, hasta cierto punto despectiva en cuanto al nivel de desarrollo de los astures, no se sostiene ni frente a las evidencias arqueológicas ni frente a las mismas fuentes en las que basan sus postulados propagandísticos.

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