Ría de Villaviciosa. Foto Comarca de la Sidra

Y llegamos al final de la serie, una colección que, al igual que la cultura de los castros vive un abrupto final con la entrada en el territorio de las legiones romanas. Al menos es lo que pensábamos hace unas décadas, hoy sabemos, como era lógico por otra parte, que la transición fue paulatina y no a igual ritmo en el territorio trasmontano.

Libro 1: Mil años en el castro
Libro 2: Coaña, el castro perfecto
Libro 3: Los castros del mar
Libro 4: La Campa Torres, en el centro del mundo
Libro 5: El Chao Samartín. Capital Castreña
Libro 6: Castros del oriente. Crónica de la romanización

Me parece acertado decir que la romanización comenzó desde arriba, con unas élites astures (que ya lo eran antes) favorecidas para actuar como intermediarios entre el poder extranjero y la base indígena astur. Lo vemos en los asentamientos de la misma manera.

El sexto libro de la colección comienza con un mapa de los castros de Asturias. Una vista de los asentamientos que va cambiando con el tiempo, aumentando con nuevos descubrimientos y disminuyendo cuando se descartan otros. No es difícil confundirlos con estructuras medievales en algunos casos, otros con formas naturales simplemente.

De los castros del oriente de Asturias, y no hablamos todavía de más allá del Sella, sino hasta él, cuyas márgenes parece que estaban en territorio cántabro, el más significativo es el Picu’l Castru en Caravia. Es el pionero de la investigación en el Principado, con Aurelio de Llano. 

De ahí procede la fíbula de caballo, una de las de más al norte, que es el símbolo del asentamiento. Un poblado antiguo, levantado en la mitad del primer milenio a.C. con influencias del mundo meseteño (la del Soto de Medinilla) y el ámbito atlántico. Un castro que no vió a las legiones romanas, y que es y fue un modelo de estudio de la Edad del Hierro en el noroeste de la Península Ibérica.

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Un aparte sobre Aurelio de Llano es imprescindible si se habla de esta parte de Asturias o del folklore asturiano en general. Es nuestro gran recopilador de tradiciones orales. Un hombre que vivió en un mundo que todavía conservaba leyendas vivas, y que poco a poco languidecía. Además, fue un hombre con ansia de conocimiento que le llevó a realizar la primera investigación sistemática de un castro asturiano, además con bastante acierto.

Aurelio de Llano entrevistando a un lugareño en Quirós en 1910. Foto Museo del Pueblu d’Asturies

Se hace también una revisión a los castros de la ría de Villaviciosa, otro gran conjunto de asentamientos de la Edad del Hierro, junto a los de la cuenca del Nalón, de los Pésicos, o los del Navia (Albiones y Cibarcos galaicos). Los de la ría son Luggones, otro de los pueblos célticos entre los Astures.

Asentamientos como Camoca o Moriyón tienen una antigüedad considerable, que lleva a dar dataciones del cambio de la Edad del Bronce a la del Hierro en torno al siglo VIII a.C. castros que en ocasiones no resisten la transición cultural, económica o demográfica que se vivió en el paso de la I a la II Edad del Hierro. Son también castros que no conocieron a Roma y ya eran ruina antes de que aparecieran las Legiones.

Quizá la catalogación de campamentos romanos es una de las líneas de investigación más fructíferas de los últimos años. Colectivos como Romanarmy están haciendo un trabajo encomiable en su detección con LiDAR, y también hay una intensa búsqueda por el territorio. Surgen nuevas estructuras que desacreditan la idea de que la presencia romana fue efímera o de bajo nivel. Hay campamentos romanos en Asturias, alguno como el de Curriel.los de los más altos de todo el Imperio.

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Da la sensación que la segunda parte del libro es una miscelánea de temas que quedaron en el tintero. Por ejemplo se dedican unas páginas a la Talá, o punta de Jarri en Llanes. un asentamiento que puede ser un castro, o un torreón medieval, o quizá las dos cosas, y acto seguido se habla de una sociedad guerrera que habita en los castros, para seguir con los cacharros de cocina en el hogar de la Edad del Hierro.

Es comprensible, y didáctico. Todos los apartados son interesantísimos. En el último apartado, titulado «el fin del viaje», con un doble sentido se habla del epílogo de la colección y del mundo de la muerte castreño, donde hace una referencia a la cueva de la Cerrosa, de la que os hablé en Astures, así como de otros lugares donde están apareciendo los cuerpos de individuos pertenecientes a este periodo. Seguramente estamos ante uno de los nemetones de la cultura castreña, las cuevas rituales, aquellas en las que se paga el precio para obtener los favores de la divinidad que exige sangre.

Un buen final, ya que el mundo de las cuevas es el que está aportando más información y es hoy en día la punta de lanza de la investigación sobre el mundo simbólico castreño, al menos en Asturias.

En conclusión tengo que decir que me parece un acierto una publicación de este tipo y que espero que os hayáis hecho con ella porque merece la pena tener algo así en vuestra biblioteca.

Me gustaría saber vuestra opinión, aquí o en redes sociales, donde queráis.

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