En esta ocasión la colección sobre cultura castreña en Asturias nos lleva de nuevo al occidente de Asturias, pero esta vez abandonamos el valle del Navia y recorremos los castros costeros galaicos de esa zona. Un territorio que muestra una densidad de ocupación importante, lo que nos da pistas sobre que la subsistencia estaba asegurada en un espacio batido por la mar y los incesantes vientos de la rasa costera occidental.

Libro 1: Mil años en el castro
Libro 2: Coaña, el castro perfecto
Libro 3: Los castros del mar
Libro 4: La Campa Torres, en el centro del mundo
Libro 5: El Chao Samartín. Capital Castreña
Libro 6: Castros del oriente. Crónica de la romanización

El libro comienza hablando de un mar que no es límite, o al menos no es sólo límite, sino también autopista para el transporte de personas y mercancías. Seguramente a un nivel reducido, como lo debían ser las embarcaciones disponibles en ese periodo, no superiores a los curraghs irlandeses de la actualidad y construidos prácticamente de la misma manera.

Entre los asentamientos destaca por su monumentalidad Cabo Blanco. Un promontorio clavado en el Cantábrico con un enorme foso defensivo que lo aisla de una fértil llanura que se extendería a los pies de las murallas. Un bastión, o una fortaleza que sigue impresionando a día de hoy.

Y es sólo uno de los innumerables castros que comienzan en el interior de la ría del Eo y se extienden hasta el Navia, poblados por tribus de las que nos han llegado nombres, como los Cibarcos, o los Albiones que debieron poblar Coaña. Limitaron en el Navia con los Pésicos, ya dentro de las etnias astures.

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En la zona tenemos desde puestos comerciales de un tamaño considerable, como el Esteiro, con su embarcadero natural, a otros como o Corno, un pequeño promontorio, que también dispone de una pequeña rada, o las actuales islas Pantorgas, que en su momento fueron una lengua de tierra que protegía a un embarcadero natural que se sigue usando hoy en día, Santa Gadea.

Tengo la suerte de conocer muy bien estos asentamientos ya que pasé largos periodos de mi vida en el occidente de Asturias, y los recorrí desde pequeño. No es difícil adivinar una idea de intervisibilidad entre los asentamientos costeros que comparte toda la costa asturiana, plagada de cabos y asentamientos castreños galaicos, astures, y en menor número, cántabros.

El agua siempre está presente en la cultura astur, y una prueba de ello es la diadema de Moñes y su inconografía, que es objeto de estudio en este volumen.

Termino esta breve reseña con la referencia al Castiello de Podes. Un asentamiento costero que se encuentra en serio peligro de conservación por la erosión marítima y que sufre de la inactividad de la administración pública por su protección. Se han hecho intentos de estudiarlo, y salvo una pequeña intervención sigue sin ser preservado ante un final más que probable.

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