Recién adquirido el segundo volumen de la colección que La Nueva España dedica a nuestros asentamientos de la Edad del Hierro, voy a hacer una serie de posts, comentando cada ejemplar, lo que más me ha llamado la atención, etc. Os los dejo en estos enlaces:

Libro 1: Mil años en el castro
Libro 2: Coaña, el castro perfecto
Libro 3: Los castros del mar
Libro 4: La Campa Torres, en el centro del mundo
Libro 5: El Chao Samartín. Capital Castreña
Libro 6: Castros del oriente. Crónica de la romanización

No todos los días sale una colección de este tipo y es evidente lo contento que estoy de que hayan decidido dedicar este esfuerzo a promover nuestros (a veces olvidados) castros asturianos. Me gusta el tratamiento que dan a los mismos, con una cuidada selección de lugares arqueológicos y un formato gráfico muy interesante, que anima a leer y sobre todo a descubrir. Seguro que a más de uno/a le han enseñado cosas que no sabía sobre su propia historia.

Este primer tomo nos ubica en un territorio, la actual Asturias, en el que tenemos asentamientos de la Edad del Hierro de tres «pueblos» (se que a mi profe de Prehistoria Universal no le gusta 😀 ) de este periodo. Son los Galaicos, Astures y Cántabros.

El territorio astur propiamente dicho está definido (actualmente y salvo que se demuestre lo contrario) entre los ríos Navia por el Oeste, y Sella por el Este, abarcando un enorme territorio hasta el cauce del Esla (Astura, en época romana) que da nombre a todas las tribus de este espacio geográfico.

En el libro se habla de los orígenes del poblamiento del territorio que hoy es Asturias, una tierra de emigrantes llegados en el Paleolítico Superior, aunque ya había sido ocupado desde época Neandertal como sabemos por el Sidrón.

Dedica el tercer capítulo a una sucinta impresión de cómo retratan las fuentes romanas a los pueblos de la cornisa cantábrica, sobre todo con Estrabón. Me resulta interesante la idea de continuismo entre aquellas gentes y nosotros. No tanto refiriéndose a identidad, sino a que, como nosotros, también tenían sus preocupaciones, creencias, miedos y alegrías, y todo ello en el mismo espacio geográfico en el que vivimos actualmente los asturianos. Es evidente que hay algo de ellos en nosotros, que por otra parte, podrían pasear por nuestras calles, (peinados y vestidos como ahora), sin que notáramos ninguna diferencia.

San Chuis es el primero de los grandes castros asturianos al que se hace referencia. Desde este enclave tan representativo, recorren la minería castreña, y la orfebrería, donde se para a analizar las distintas «diademas» el territorio, entre ellas la de Moñes. También el torques (la torques según la RAE, no lo sabía), como joya representativa del mundo castreño. El resultado de ese esfuerzo titánico por obtener oro de la tierra astur. Minas trabajadas en duras condiciones, pero no exclusivamente por esclavos.

Los siguientes apartados recorren la vida diaria en un castro. Uno de los temas que más me fascinan de la arqueología es saber cómo era una jornada allí. Daría algo por poder vivir una semana en un castro observando sus costumbres, técnicas, arquitectura… el sueño de cualquier arqueólogo supongo.

Entre esas cosas que me gustaría observar está la composición y organización de la familia astur, una de las secciones de este primer volumen, donde también se habla del desconocimiento que tenemos del mundo funerario castreño, aunque los nuevos indicios descubiertos en Galicia pueden aportar pistas interesantes y paralelismos con otras regiones peninsulares. También hace referencia a la religión.

Sigue una referencia a los nuevos castros excavados en la actualidad. Hubo un tiempo en el que no se abrían nuevos yacimientos, y eso está cambiando poco a poco en Asturias, arrojando un interesantísimo torrente de información. Esos yacimientos están en gran parte en la parte alta del Nalón. El apartado de la cabaña castreña, como el resto, se me han hecho muy cortos, sinceramente, pero me parece un buen colofón para un primer tomo que parece una síntesis, muy acertada (aunque me supo a poco), de la Edad del Hierro astur.

Me parece muy buen recurso el apartado de Glosario, y sobre todo la bibliografía final, que es imprescindible para seguir el hilo de los distintos apartados a aquella persona que quiera saber más.

Por tanto mi impresión es, francamente, muy buena para una obra didáctica dirigida al gran público. No esperaba menos viendo quién firma la colección, pero aparte del contenido, la impresión general teniendo el libro en las manos es que se trata de una obra de calidad que merece la pena ocupar un hueco en la biblioteca de cualquier persona interesada por la cultura castreña en Asturias.

Ya os contaré qué tal el volumen 2, está dedicado a Coaña.

 

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