Caldero de Musov. Museo nacional, República Checa
Caldero de Musov. Museo nacional, República Checa

Hace unos días hablamos del dominio de los Vándalos sobre el territorio astur. Vimos cómo tras el 411, la Península ibérica quedó repartida entre tres pueblos germánicos que se habían adueñado del territorio no dominado por Roma (básicamente la Tarraconense). En ese reparto el noroeste quedó en manos de Suevos y Vándalos cuya tensa relación de vecindad (puede que debido a la desigualdad de recursos de los territorios) desembocó en un combate frontal entre ambos pueblos en el 429 en los montes Narbasos, en el sur de Lugo. Tras la derrota vándala infringida por los suevos con el apoyo del ejército regular romano, quedaron como dueños de la mayor parte de este territorio.

En este artículo me voy a ocupar de la historia de los suevos a un nivel muy general, incidiendo sobre todo en aquello que atañe directamente a los astures, que como veremos no es demasiado. Si queréis conocer más sobre este fascinante pueblo os recomiendo dos recursos de divulgación aparte de la bibliogafía que acompaña a este artículo. El maravilloso catálogo de la exposición In tempore suevorum1, disponible en digital en abierto, y el documental O reino suevo de Galicia, emitido por TVG. De más reciente emisión es el documental sobre el descubrimiento de las tumbas de las pequeñas princesas suevas de Mérida. Es excepcional.

Bronce romano representando a un germano con el nudo suevo. Biblioteca Nacional de París. Foto CC
Bronce romano representando a un germano con el nudo suevo. Biblioteca Nacional de París. Foto CC

Respecto al ámbito astur, casi todos los investigadores coinciden en que tras la caída del imperio romano comienza un nuevo periodo en en el que las diferencias entre los transmontanos y los cismontanos se van a ir haciendo cada vez mayores. Esa es en mi opinión la mayor huella que dejaron los germanos entre los astures. Es el principio del fin de la unidad de un territorio que, por otra parte, realmente no fue unitario en ningún momento más que bajo el dominio romano, como hemos visto en multitud de ocasiones. No obstante, todavía en época visigoda se hace referencia a la división territorial romana, por lo que, como digo, esto es sólo el principio, pero veremos varias fuentes que dan fe de lo distinta que fue la situación al norte y al sur de la cordillera. Empecemos por ellas.

Las fuentes

Una de las pocas que tenemos para conocer el reino suevo es la Crónica de Hidacio2. Por este obispo, natural de lo que hoy es Orense, sabemos de los acontecimientos que tuvieron lugar en la provincia romana de Gallaecia entre el 379 y el 468. Es decir, prácticamente todo el final del imperio en el noroeste. Hay que decir, que como todas las fuentes, tiene un sesgo, en este caso muy fatalista respecto al papel jugado por estos pueblos y no deja de ver en ellos un claro indicio de castigo divino. Eso hace necesaria una lectura muy cuidadosa de su crónica, pero para el devenir de los acontecimientos principales sigue siendo una de las fuentes más apreciadas. Otro es Orosio. En Historias contra los paganos3 nos deja un retrato de los últimos siglos del Imperio y de su desmantelamiento en Hispania.

A otro nivel, otra fuente que nos permite conocer territorialmente el alcance del dominio de este pueblo en el noroeste es el Parroquial Suevo. Una relación de todas las diócesis y parroquias que componen el territorio bajo su dominio. Veremos qué control ejercieron sobre el territorio astur gracias a este documento. Por último están las distintas crónicas que ya son posteriores, como la Biclarense, o la Historia Gothorum de Isidoro de Sevilla, donde se ocupa de cada uno de los pueblos germanos que llegaron a Hispania, aunque muy posterior. Todo este corpus documental más una exigua investigación arqueológica, al menos en territorio astur, son los únicos datos de los que disponemos para arrojar luz sobre un periodo del que apenas tenemos información. No por casualidad se llaman los años oscuros (aunque no me gusta nada ese nombre).

El origen de los Suevos

Se trata de un pueblo, situado originariamente en las orillas del Báltico, que ya aparece nombrado en las fuentes clásicas. César, Plinio y sobre todo Tácito, en su maravillosa Germania, ya nos hablan incluso de su composición. A los suevos pertenecen tribus tan conocidas como los marcomanos (eternos enemigos de Roma, cuyo nombre significa hombres de la frontera), los semnones, los Longobardos (Lombardos), Hermunduros, Cuados y Lugios, de los que os hablé cuando buscamos nombres con raíz Lug- en Europa antes de Roma. Su territorio nuclear se encuentra al este de los Queruscos cuyo nombre, a los muy cafeteros, os sonará por un general romano, llamado Varo, al que se le perdió una legión entera en el bosque de Teutoburgo 🙂

Origen de los Suevos. Eduard Drobejar, en In Tempore Suevorum
Origen de los Suevos. Eduard Drobejar, en In Tempore Suevorum

Pero volvamos al tema. Como os dije respecto a los Vándalos, a veces estos nombres hacen referencia a auténticas confederaciones de pueblos donde caben distintas tribus que se unen para fines concretos. Esto parece ser lo que ocurre con los suevos durante el Alto imperio, designando a tribus entre el Rhin y el Elba con una serie de características comunes.

La descripción que se expandió por todo el occidente se la debemos a Tácito4 quien los describe así:

«Es típico de esta raza peinarse el pelo hacia un lado y sujetárselo por debajo con un moño; de esta manera los suevos se diferencian de los restantes Germanos y los suevos libres de los esclavos»
(Tac. Ger, 38)

Cráneo de Osterby. Landesmuseum, Stutgart
Cráneo de Osterby. Landesmuseum, Stutgart

Por tanto, tenemos una serie de pueblos que tienen una auténtica conciencia de grupo en el siglo I d.C. y con toda seguridad antes, del que las fuentes nos contarán posteriormente que surgen nuevos pueblos (por ejemplo los marcomanos acaban diferenciándose del núcleo suevo), al menos a ojos de los romanos que son los que nos los enseñan a través del tamiz de su propia percepción de estas tribus que son completamente ajenas a su esquema social y moral.

El reino suevo en Hispania

En el 406 Vándalos, Suevos y Alanos rompen el limes cruzando el Rhin congelado y se dirigen atravesando la Galia hacia la Península ibérica cuyos pasos pirenaicos atraviesan en el 409. Los suevos se dirigirán tras dos años de saqueos al noroeste del territorio, a la provincia de Gallaecia.

En las fuentes, sobre todo en Orosio, se percibe un cambio de planteamiento de los germanos que cruzan los Pirineos, pasando de ser simples bandas de saqueo a establecerse con carácter de permanencia en el territorio. Se dedican a la agricultura y traban acuerdos con los hispanorromanos que viven en él.

Germanos en Hispania siglo V. Fuente Arrecaballo.es
Germanos en Hispania siglo V. Fuente Arrecaballo.es

Cuando hablamos de las «invasiones» de los pueblos germánicos en la Península, debemos tener en cuenta que aun a pesar de contar con contingentes de tropas y pueblos que se desplazan a la vez, no llegaron a ejercer un control total del territorio que ocupan. Aun con las estimaciones más pesimistas del tamaño de la población hispanorromana (unos 700.000 individuos), lo cierto es que superan con mucho los 25.000 efectivos que se suponen a los suevos, que se limitaron a centrar el dominio de las grandes vías de comunicación y de algunas de las ciudades principales que son las que contarían con mayor número de efectivos hispanorromanos. El proceso de germanización es largo y no implica a un sólo pueblo, sino a todos ellos y sobre todo es fruto del tiempo. Daos cuenta de que el dominio de los germanos en la Península se extiende tres siglos en los que se producen enfrentamientos entre ellos y movimientos por el territorio, incluso su expulsión fuera de ella, como vimos en el caso de los vándalos.

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Aun así los suevos son uno de los pueblos que llegan con muchas de sus características originales a la Península, incluido el paganismo, a diferencia de los visigodos o los vándalos y esto va a marcar mucho aquellos territorios que controlan.

En cuanto a los límites de su reino, sabemos que se establecen en un territorio bien definido. Jordanes nos informa de que tienen todo el occidente peninsular, eso incluye además toda la Gallaecia de Diocleciano (insisto, por favor no la confundáis con la Gallecia de las crónicas ni con la Galicia actual) hasta el conventus cluniense, y toda la Lusitania hasta el sector más occidental de la Bética, incluida Hispalis. Como veremos, esta es una suposición demasiado optimista, no por la extensión del territorio sino por el dominio efectivo sobre él, como nos dicen otras fuentes. De todas formas este territorio alcanzará su máxima expansión con Rechiario entre el 448 y el 456, experimentando una contracción continuada desde entonces hasta el final del reino.

Suevos. Samson Goetze
Suevos. Samson Goetze

Su capital estaba establecida en Bracara Augusta5 por Hermerico, primer rey suevo en Hispania y quien los dirigió a la Península Ibérica desde el Rhin, a la que le sigue una doble capitalidad con Emerita/Mérida, conquistada en 4416. Este amplio territorio es fruto tanto de conquistas como de alianzas y pactos con los visigodos y con el exiguo poder romano peninsular (renuncia a la cartaginense, por ejemplo). Por supuesto estamos hablando de unas fronteras que no van a ser estables.

Por último podemos establecer un marco cronológico que va del 429 (batalla de los montes Narvasos) hasta el 585 en que es controlado por Leovigildo y pasa a quedar integrado en el reino visigodo. El reino suevo es el primer reino independiente del occidente de Europa. No depende como el visigodo de un poder imperial, y es completamente autónomo con sus estructuras de poder, levantadas, eso sí, sobre el entramado romano previo, pero al que pronto imprimen su carácter. Es en origen un reino pagano que se pasa al cristianismo hacia el final de su historia. Entre ellos predica San Martin Dumiense (acordaos del De correctione rusticorum) que tuvo una importancia capital en el desarrollo del cristianismo en el noroeste peninsular y en el fin del paganismo en el territorio. También entre ellos surge el Priscilianismo, que aunque fue duramente reprimido por el poder eclesiástico, lo cierto es que llevó el cristianismo a una buena parte del territorio rural del noroeste, astures incluidos.

Una de las tumbas de las "pincesas" suevas de Mérida. El cuerpo pertenece a una niña de corta edad. Foto Canal Extremadura
Una de las tumbas de las «pincesas» suevas de Mérida. El cuerpo pertenece a una niña de corta edad. Foto Canal Extremadura

Dentro de esta cronología podemos distinguir varias fases que están condicionadas sobre todo por enfrentamientos internos. Tras la fase inicial entre su asentamiento en el 409 y el 546 comienza una fase convulsa que hunde al reino en la guerra civil que comienza con el asesinato de un caudillo que presta pleitesía a los godos, Agiulfo, que a todos los efectos es un «delegado» de Teodorico entre los suevos. Entre el 456 y el 469 se constituyen dos ramas que apoyan a los dos sucesores. La bracarense y la lucense, esta última con capital en Lucus Augusti (Lugo) que es la que probablemente más influyó en el territorio suevo de la Asturia transmontana. Hidacio muere en el 468/469 y no tenemos fuentes sobre los suevos hasta el 550. Es gracias a Isidoro de Sevilla que continúa la historia de los suevos, pero a través de una fuente del siglo VII que nos habla de su adopción del cristianismo, y de los eventos protagonizados por algunos de sus reyes, como Miro, y su batalla contra los ruccones/luggones. Precisamente tras la muerte de Miro en el 583 tiene lugar un rápido declive de los suevos cuyo reino verá su final a manos de los visigodos.

Los suevos en territorio astur

Pero hemos adelantado algunos acontecimientos. Quedémonos en territorio astur.

Para conocer la extensión de los suevos en territorio astur entra en juego el Parrochiale Suevorum. Un documento que nos detalla que el territorio se divide en 11 parroquias de las cuales Astorica, Legio y Pesicos están en los límites de la vieja Asturia. El planteamiento es claro. Según este parroquial el territorio cismontanto estaba totalmente ocupado por los suevos, extendiéndose hasta sus confines orientales tradicionales en el Esla como vimos antes.

En el norte los Pésicos entran en su ámbito de influencia7. Por Ptolomeo sabíamos que en la Asturia transmontana se reparten el territorio con los Luggones. Los primeros ocupan los ricos distritos mineros del occidente asturiano y se extienden hasta el Nalón. Flavionavia es el polo comercial más rico en ese periodo. Su relación con Asturica a través de la minería tuvo que ser intensa, con una importante vía de comunicación entre ella y este territorio, la de la Mesa. Sin duda la influencia romana fue más intensa entre ellos que entre los Luggones, sobre todo los del sector más oriental que permanece al margen del poder estatal durante casi toda su historia (ojo, algo completamente distinto a no haber experimentado una romanización, inevitable tras el control total del territorio astur por Roma). No así los del centro de Asturias, donde descubrimos aún en este tiempo la fase final del entramado de villae y otros núcleos de población del centro de la región8.

¿Qué primera lectura podemos extraer de estos acontecimientos? Pues que el dominio suevo no era tan sólido como cabría esperar9, como ya insinué más arriba. Como digo, parece más razonable pensar en un control sobre el ámbito urbano y sobre territorios adyacentes, las zonas más ricas, etc… y no en todas. En las zonas más apartadas es donde los poderes locales habían mantenido su cohesión y fuerza, además de ser los menos interesantes para el nuevo poder, no verían mermada su independencia más allá de una sujeción impositiva en el mejor de los casos.

Mapa del Reino visigodo bajo Leovigildo. Fuente Despertaferro
Mapa del Reino visigodo bajo Leovigildo. En Leovigildo, la reunificación de España. Despertaferro

Lo sabemos porque en el 572, Miro realiza una expedición de castigo sobre uno de esos pueblos que, como los Aregenses, mantienen aún cierto poder en sus territorios. Los llama Ruccones. Aparecen citados en la crónica Biclarense y en la Historia Gothorum de Isidoro de Sevilla. Para conocer qué pueblo eran estos Ruccones os recomiendo la lectura de este otro post que dediqué a ellos en concreto. Baste decir que la identificación Ruccones / Luggones es hoy en día la que más aceptación tiene y que eso nos permite atisbar una posible ubicación de este pueblo en el solar que ocuparon en la Asturia transmontana.

El primitivo territorio de los Luggones se extendía en la mitad centro oriental de la Asturias actual. Entre el Nalón y el Sella. Sin embargo, como vimos al tratar sobre los Vándalos, el avance hacia territorio transmontano se realizó siguiendo las principales vías de penetración desde la Meseta lo que exponía a la llanura central, más poblada y mejor explotada a través del sistema de villae, al pillaje de estas poblaciones. El dominio de Lucus Asturum por los vándalos no debió ser casual, y lo mismo pasaría con los Suevos.

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De hecho tenemos un dato indirecto que nos sugiere que en la zona central se vivieron momentos difíciles en el periodo suevo. Vimos como la villa romana de Memorana tiene un nivel de destrucción de este periodo, que podría atribuirse a vándalos o suevos. La villa de Murias de Beloño se fortifica en este periodo. Sería interesante descubrir qué papel jugó Lucus Asturum en todo este tiempo ya que ofrece algunas cronologías tardoantiguas que aparecen representadas por cerámica y otros elementos, sin que hasta el momento se haya descubierto ningún vestigio que apunte a una ocupación germana de este lugar, como indican las fuentes respecto al breve periodo vándalo.

Esta distribución obliga a los Luggones a concentrarse en el sector oriental de su viejo territorio, donde estaba la ciudad de Paelontium citada por Ptolomeo, que no sabemos si sobrevive al final del Imperio, y los territorios se hacen más abruptos dificultando más su control. Posiblemente el poder local en estas zonas es más fuerte y está más cohesionado ¿Por qué? Pues porque sufren la ausencia de poder desde el tránsito al bajo imperio de una forma más intensa que los territorios del centro, donde se concentra la población romana y los centros de poder. Son estas élites las que pueden presentar batalla a cualquier invasor ya que se han tenido que armar y defender por su cuenta cuando llegan los Vándalos y Suevos. Sabemos que Miro no tuvo un éxito que perdurara, ya que en tiempos de los visigodos se levantan de nuevo en armas.

Sin embargo si aceptamos que el sector occidental astur transmontano, es decir, el territorio de los Pésicos, queda bajo dominio suevo como vimos en el Parroquial lo que supone llevar las fronteras orientales del reino hasta el Nalón10 donde encontramos alguno de los escasos topónimos suevos en Asturias, como «la bordinga» que hacen referencia a una frontera.

Maqueta de la villa romana de Veranes.
Maqueta de la villa romana de Veranes.

Respecto al sur de la cordillera, el territorio cismontano11 del viejo conventus asturum vivió una situación complicada. Por un lado los campos góticos se extienden hasta el Cea o el Esla, donde Coyanza (Valencia de don Juan) hace de punto de frontera y vimos cómo fue de los pocos lugares que resistió el embite vándalo. Los godos ejercen presión hacia el ámbito astur, pero sólo los detienen los pactos y esta situación no va a tardar en cambiar.

Astorga sí fue sueva. Probablemente la única ciudad del territorio astur que podía recibir este nombre. La ciudad fue tomada por ellos en el 410. Sabemos que permaneció bajo control suevo porque fue saqueada por los visigodos en dos ocasiones con motivo del enfrentamiento entre estos dos pueblos. Una en el 455 por Teodorico, que la somete a un intenso saqueo y otra en el 459. Por tanto está claro que la plaza era considerada enemiga del reino visigodo.

Tenemos que referirnos inevitablemente al territorio conocido como Sabaria 12, de difícil localización, pero que se suele ubicar en el noreste Portugal, entorno de Zamora y Salamanca, englobando algunos territorios astures. Aquí también detectamos la presencia sueva con total claridad, como sucede en el Castrillón13, en Tábara. Un poblado fortificado que en el siglo VI se refuerza y que sirve como fortaleza fronteriza sueva frente a la política expansionista goda.

Almacén excavado en  El Castillón, Tábara. Zamora.
Almacén excavado en El Castillón, Tábara. Zamora.

La arqueología de los suevos entre los Astures es escasísima por no decir nula, en Asturias y León. Por ejemplo aparece un triente suevo en San Juan de Nieva, Asturias, en la atalaya al lado del faro. Como podéis ver, se encuentra más al oriente del Nalón, pero también junto a una ría, lo que está en consonancia con el hallazgo de moneda sueva en las grandes vías de comunicación o en poblaciones situadas en zonas de importancia urbana o comercial. Quizá es simplemente fruto de un intercambio comercial. Se ha relacionado con el Peñón de Raíces, el conocido castillo de Gauzón que ya tiene ocupación en un periodo tardo antiguo pero ya de época visigoda, fase que tiene confirmada además por otro triente, este de Recaredo, que entró en el Museo Arqueológico no hace tanto.

Hay una ausencia total de indicios del paso de suevos por Gijón en este periodo. Las murallas ya habían sido construidas a finales del III y comienzos del IV, y se supone que mantenía un cierto carácter militar en aquel momento, a pesar de que la notitia dignitatum no la menciona. Sin embargo se documenta una moneda de época visigoda allí, como veremos en otro artículo.

Representación de habitantes de El Castillón con los objetos recuperados en la excavación
Representación de habitantes de El Castillón con los objetos recuperados en la excavación

En territorio Leonés sólo hay una moneda sueva14, descubierta en las inmediaciones de la iglesia de San Bartolomé, en Astorga, acuñada como las de Valentiniano III, una práctica habitual en este periodo.

En Zamora y el noreste de Portugal parece que se da una situación de escaso control similar al del norte de los Luggones. En este caso los Sappi, un enigmático nombre de un pueblo sobre el que caen varias operaciones de castigo tanto por suevos como por visigodos. En el Castrillón (os dejo link a un magnífico libro en abierto publicado por Zamora Protohistórica) se encontró, dentro de un entorno plenamente tardorromano, una fíbula de tipo Vyskov que puede ser atribuida a los suevos, pero que los autores de la investigación plantean como una posible copia local.

Fíbula Vyskov de El Castrillón. Patricia Fuentes de Melgar
Fíbula Vyskov de El Castrillón. Patricia Fuentes de Melgar

Respecto a la arquitectura no hay huella del paso suevo por Asturias ni en León. Ni siquiera Marialba de la Ribera, que en su segunda y tercera fase muestra una técnica constructiva distinta, más depurada, nos está mostrando la influencia sueva en el territorio cismontano y eso que estaba bajo su control. En los siglos VI y VII ya aparecen elementos claramente visigodos cuando ya es una iglesia martirial.

Tampoco se han descubierto necrópolis de este pueblo en este territorio, sin embargo debió haberlas. Es prometedora la exploración que se está realizando en cuevas en el cantábrico. Posiblemente aparecerán materiales de un periodo temprano de la tardoantigüedad, como ya lo están haciendo con frecuencia en cuevas de Asturias y Cantabria.

Foto cenital de la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera. León. Foto Universidad de Oviedo.
Foto cenital de la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera. León. Foto Universidad de Oviedo.

Imagino que, en general, este silencio arqueológico se debe principalmente a la poca investigación y yacimientos tardoantiguos documentados en Asturias y León hasta la actualidad. Además es difícil distinguir qué es lo visigodo respecto a lo que es suevo o vándalo ya que estos pueblos, antes de pasar el limes ya habían estado en estrecho contacto entre ellos tiempo atrás.

Os pongo un ejemplo. El moño suevo lo llevan otros guerreros jóvenes de otros pueblos germanos, incluidos los vándalos, lo que hace que haya que ser muy cauto con determinadas afirmaciones. Por tanto son las fuentes lo único que nos habla de los suevos entre los astures, y sólo para decirnos que en tiempos del parroquial suevo Pesicos y el territorio cismontano astur estaban dentro de su jurisdicción, sin que la arqueología nos acabe de confirmar el calado de su presencia en estas zonas.

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El fin del poder suevo

Como os dije arriba los conflictos entre godos y suevos fueron recurrentes. En los momentos de división del reino los godos ejercieron su influencia en territorio suevo, a veces con saqueos, otra desestabilizando a las facciones menos afines a ellos. La superioridad visigoda debió ser aplastante y en esta guerra de poder por controlar toda la Península seguro que tenían en mente la aniquilación de los suevos. Presionaban desde la orilla oriental del Esla o el Cea. La debilidad del reino suevo se hace manifiesta en el relato de la Biclarense que cuenta cómo Leovigildo atraviesa el territorio cismontano astur para atacar a los aregenses. Su objetivo es debilitar las fronteras suevas, como dice Diego Santos. No tardarán en intentarlo al norte.

En mi opinión, un ejemplo de esa debilidad es la aparición de un contingente de bretones en la primera mitad del siglo VI, procedente de las islas británicas o de la Bretaña francesa, en las costas cantábricas de Asturias y Galicia, en territorio suevo, donde se asientan formando el obispado de Britonia15. Todo ello parecen síntomas de un poder que no es sólido más allá del ámbito más occidental de la Península, donde se produce una verdadera integración del mundo suevo e hispanorromano, sobre todo tras la conversión al cristianismo de este pueblo, pero no es un tema que tenga cabida en este artículo.

Leovigildo acaba con el reino suevo y lo incorpora al reino visigodo en el 585, tras varios ataques a los territorios periféricos. Se alza como unificador del reino visigodo convirtiendo los territorios que aún quedaban en poder suevo en la sexta provincia de su reino. Probablemente las zonas montañosas del norte de León y centro de Asturias. Los territorios de los Luggones, y muy probablemente los que habían pertenecido a los Orgenomescos y Vadinienses cántabros, permanecen al margen de este poder, al menos en una primera fase.

En conclusión

Cuando estudias a los suevos en territorio astur da la sensación de que están pero no están. Las fuentes nos hablan de su presencia en prácticamente todo el territorio astur excepto determinados espacios que como vemos escapan a su control totalmente. Pero la arqueología no nos deja apenas evidencias del control suevo del territorio astur transmontano y si no fuera por el Parroquial incluso se pondría en duda este punto. La toponimia es igual de lacónica. El territorio cismontano, según esas fuentes les perteneció sin duda aunque la arqueología aún no ha hecho más que empezar a dar respuestas. Del análisis de las fuentes poco más se puede decir.

Tengo la sensación de que estamos ante uno de esos silencios arqueológicos que tienen más que ver con el estado de la investigación que con la realidad histórica. Quizá debido a la baja densidad de población sueva la evidencia arqueológica es muy tenue, o quizá simplemente no hemos dado con sus asentamientos. Los germanos, en general, prefieren los campos abiertos para establecer sus asentamientos que las grandes ciudades, que por otra parte son las mejor controladas por la población hispanorromana que les es hostil.

En mi opinión fue un estado débil en comparación con su antagonista visigodo. No dejó una huella en aquellos territorios que no estaban directamente controlados o aquellos que estaban lejos de su núcleo de poder, entre el Duero y el Miño en la costa occidental. Posiblemente mucho de este territorio era simplemente un espacio sólo sujeto a tributación como el caso astur, a excepción de algunas plazas fuerte que facilitaran la defensa. Pero esta conclusión se basa en la realidad arqueológica actual, que vuelvo a decir que es muy precaria. En territorio astur es claramente la explicación más probable ya que en favor de esta teoría está la escasa huella toponímina y onomástica que queda de los suevos en Asturias y gran parte de León.

Según las fuentes los suevos estaban ahí, quizá escondidos para la arqueología en los vestigios tardorromanos sin más, entre los que a veces aparece un destello de su cultura, como la fíbula Vyskov. Siempre nos planteamos cuánto de lo suevo quedó en el territorio, pero quizá la pregunta es cuánto de lo romano acabó transformando a los suevos. Los procesos de contacto cultural son en dos direcciones, y me da que ellos, lejos de su solar de origen, tenían más que perder.

La arqueología del mundo tardoantiguo está en pañales en este momento en los territorios que componían el conventus asturum. Todo está por decir en este punto, pero es importante que lo poco que avancemos se haga desde el más absoluto rigor histórico y la necesaria prudencia.

Notas al pie y bibliografía

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  3. Orosius, P. (2022). Historias contra los paganos. Historias contra los paganos, 1-587.
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