Depósito de O Castrillón, Larouco. Vázquez-Mato, 2021
Depósito de O Castrillón, Larouco. Vázquez-Mato, 2021

Si el mundo de la muerte en la Edad del Hierro es complicado de entender, sobre todo debido al ritual funerario o a la ausencia de necrópolis en el noroeste, como vimos ya en varias ocasiones, el mundo de los enterramientos infantiles es aún más oscuro.

Parece que el ritual funerario infantil es distinto al del resto de la población. Cuando los pequeños son de muy corta edad no son sometidos al ritual de incineración predominante en el resto de la población sino que son enterrados directamente bajo el suelo de las cabañas. Me pregunto qué es lo que lleva a que unos sean enterrados así y otros no. La respuesta quizá nos la proporcione la paleogenética, como acabamos de ver en el Alto de la Cruz en Cortes de Navarra, donde se ha documentado el hallazgo de dos pequeños con síndrome de Down de la Edad del Hierro, dentro de un estudio que abarca a varios yacimientos europeos. Precisamente este yacimiento es uno de los que mayor número de enterramientos infantiles conserva. Se han documentado al menos 260 individuos de muy corta edad que habían sido depositados en hoyos sencillos en el suelo, al lado de muros y otras estructuras domésticas.

Tenemos algunos ejemplos entre los astures cismontanos, como este del castro de la I Edad del Hierro de La Corona / El Pesadero1 donde se hallaron tres pequeños, dos de ellos de embarazos casi a término y otro perinatal.

Uno de los enterramientos de La Corona / Pesadero, Manganeses de la Polvorosa, Zamora. Foto Misiego et alii

En el castro de Antrialgu en Piloña, se documentaron restos de individuos infantiles, pero en este caso estaban en las inmediaciones de la muralla, y su mal estado de conservación impidió realizar dataciones ni extraer ADN por lo que es problemático asignarlos al periodo de utilización del castro prerromano. La costumbre de enterrar a perinatales al lado de las murallas la encontramos también en el oppidum de Monte-Bernorio2, al que volvemos recurrentemente cuando hablamos de castros transmontanos orientales.

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En fin, es curioso pensar que son los individuos enterrados en extrañas circunstancias los que nos están proporcionando algo de información sobre la genética de ese periodo de la historia en la Península. En nuestro entorno más inmediato, contextos rituales, como el de La Cerrosa en Peñamellera, van a proporcionar datos clave para entender el desarrollo de estas poblaciones en la cordillera cantábrica.

El valle medio del Duero es uno de los lugares en el que se documentan este tipo de rituales, pero cuando vemos el patrón de distribución de estos enterramientos nos damos cuenta de que su área de expansión tiene una densidad mayor desde el sur de Francia y el Mediterráneo español, desde donde sube por el valle del Duero hasta alcanzar lugares como Monte-Bernorio y el Cantábrico oriental3.

Enterramientos infantiles en la vivienda. Martín Almagro-Gorbea
Enterramientos infantiles en la vivienda. Martín Almagro-Gorbea

No se puede definir esta costumbre como el rito general para estos pequeños ya que es previsible que el número de ellos hallados en los castros fuera más abundante. Es notable la ausencia en el norte y noroeste, quizá provocada por la dificultad de conservación de los restos de pequeños cuya gestación no ha llegado a término o que son tan pequeños que la acidez del suelo haya terminado de eliminar sus restos. Pero también es importante destacar que estas evidencias óseas a veces son confundidas con las de animales, por lo que no se clasifican correctamente, o simplemente no se publican perdiéndose para la investigación.

Hallazgos como el de Larouco parecen apuntar en esta dirección4. Bajo el suelo de una cabaña, un tanto especial por su forma cuadrangular, dentro del contexto castreño del noroeste, se encontró una pequeña fosa que contenía una olla de orejas que contenía restos compatibles con una cremación ósea. Aún está pendiente de confirmar pero podría tratarse del depósito funerario infantil bajo suelo doméstico más occidental hasta ahora. Tengo la sensación de que no va a ser el último.

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Nos hace pensar en diferentes planos. Por un lado la trascendencia de la vivienda en la Edad del Hierro, más allá de un lugar de residencia, evidenciando que el lugar donde vive la familia es el corazón de la sociedad, no es un lugar de ocupación temporal sin más. Por otro lado, que quizá existe un ritual de paso a la edad adulta que aparece aquí evidenciado de forma indirecta, ya que estos pequeños no han podido desarrollarse como personas y por tanto no ser incinerados siguiendo el ritual del resto de la población.

Os dejo biblio consultada donde podéis ampliar información.

Bibliografía

  1. Tejeda, J. C. M., Carbajo, M. Á. M., Contreras, G. J. M., & García, F. J. S. (1997). Excavaciones arqueológicas en el yacimiento de» La Corona/El Pesadero», en Manganeses de la Polvorosa (Zamora). Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, (14), 17-41. ↩︎
  2. Torres Martínez, J.F., Domínguez-Solera, S.D. y Carnicero Cáceres, S. (2012): “Inhumaciones de perinatales en el área de la muralla sur del oppidum de Monte Bernorio (Villerén, Palencia). Ritos de edad y rituales funerarios”. Munibe (Antropología-Arkeologia), 63, pp.199-211. ↩︎
  3. Almagro-Gorbea, M. Ritos funerarios y etnicidad en la Hispania prerromana. En Los Vacceos ante la Muerte : Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg de la Universidad de Valladolid, 7. ↩︎
  4. Nión-Álvarez, S. (2023). Una aproximación al talón de Aquiles de la Edad del Hierro galaica (s. IX-I aC): el registro funerario. Complutum34(1), 107-132. ↩︎

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