Uno de los temas más interesantes que podemos estudiar para conocer a un pueblo de la Antigüedad es el de su alimentación. Algo tan cotidiano como saber lo que come una comunidad humana nos aporta  una cantidad ingente de información sobre su vida diaria, procesos de cultivo, cría de ganado, ténicas de alfarería, cestería, metalurgia, etc… Pero ¿qué sabemos realmente de lo que se comía en los castros astures?. No es un tema que no haya tratado nunca en la página. Os haré referencias a diversos artículos en los que ya traté parcialmente este asunto.

El consumo de cereales y otros productos agrícolas

Es probablemente el apartado mejor documentado por las fuentes y la arqueología del mundo castreño. El mundo de los poblados fortificados se está revelando como un entorno esencialmente agrícola en el que la importancia de las cosechas y la explotación del territorio cercano a los asentamientos es la base de la subsistencia.

La arqueología nos habla de distintos tipos de trigo en el noroeste. El predominio es el de una escanda, o trigo de montaña, además de otras variedades. Hay una diferencia entre los castros de montaña del norte de la península y los del sur, al menos en lo que a campos de cultivo se refiere. En los recientes estudios realizados en la Peña del Castro (un asentamiento vadiniense del noreste de León, pero representativo de este tipo de castros entre los astures orientales al menos), se documenta espelta, mijo, centeno y también cebada. Quizá al norte la variedad fuera más escasa, pero tanto la presencia de granos, como de instrumental para su transformación (molinos) refrenda la explotación de este recurso.

Pan de Escanda

En las fuentes sobre las guerras de cántabros y astures contra roma encontramos referencia al trigo.

Mientras, los cántabros y los astures, tan pronto como Augusto partió de Hispania dejando como gobernador a L. Emilio, se levantaron en armas y enviando recado a Emilio antes de que su plan se hiciese manifiesto, dijeron que querían regalar al ejército trigo y algunas otras cosas ; gran número de soldados que habían llegado para hacerse cargo de ello fueron llevados a un lugar a propósito y allí asesinados.

Dio Cass. 53, 29, 1-2

El trigo vestido exige un proceso de preparación que se realizaría en morteros y hoyos en el suelo, o bien en el exterior de las estancias, o incluso fuera del poblado. No se han detectado estos hoyos, pero Plinio cuenta que

La conservación en silos de los granos en Hispania. Los granos ordinariamente no se estropean si se encierran en espiga; pero como mejor se conservan es, como en Capadocia y Tracia, y en Hispania y en las partes de África, guardándolos en hoyos que llaman 'silos'. Ante todo se procura hacerlos en terreno seco y luego se pone debajo una capa de paja; después se coloca la mies con su espiga. Así, si no penetra en el trigo nada de aire, es seguro que no se ocasionará daño ninguno. Varrón asegura que el trigo así ensilado dura cincuenta años y cien años el mijo, y que las habas y leguminosas guardadas en vasijas aceiteras embadurnadas de ceniza se conservan largo tiempo .

Plin. hist. nat. XVIII 73, 306-307

En relación a este punto os hablé el otro día de un sistema de hornos para cereal en un castro astur de Portugal, el Povoado de Crestelos. Pero no nos engañemos. En los poblados fortificados sabemos de la existencia de almacenes, y construcciones auxiliares tipo «horreum», sobre todo de época cercana a Roma donde se almacenarían estos cereales una vez procesados. No deberíamos excluir las construcciones en materiales perecederos.

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Campo de trigo. Foto Tomasz Filipek

El procesado de los granos pasaba por su secado (o tostado) en hornos y posterior almacenamiento en estructuras constructivas en el centro del poblado.

En la Campa Torres, se documenta trigo vestido (escanda) y cebada 1. El primero se puede hacer harina para alimentación humana, el segundo se puede cocinar en forma de gachas que aún están presentes en la cocina tradicional asturiana (fariñes o farrapes). De la cebada se puede fabricar cerveza por fermentación.

Estrabón nos habla del consumo de esta bebida entre los montañeses del norte.

beben agua [...] También beben cerveza. El vino, sin embargo es escaso y, cuando lo consiguen, lo consumen al punto en fiestas con sus familias.

Strab. 3, 3, 7 (C 155).

Plinio concreta un poco más referido a toda Hispania

Dos bebidas hispanas obtenidas de cereales: la celia y la cerea.
De los cereales se obtienen asimismo bebidas: el 'zito' en Egipto, la 'celia' y la 'cerea' en Hispania, la 'cerveza' y otras muchas clases de
bebidas en la Galia y en las otras provincias. La espuma de todas ellas la emplean las mujeres para nutrir el cutis de la cara.

Los cereales debieron ocupar el trabajo colectivo de los habitantes del castros, pero tuvo que haber huertos, bien colectivos o bien particulares donde se cultivaron otras especies que aparecen en los contextos arqueológicos, como leguminosas, fabacea (tipo fréjoles o habas verdes), guisantes, etc… Otras especies más tiernas no han dejado rastro, pero tenemos que suponer que los productos de huerta debieron ser más variados.

Carnes. Ganadería

Conocemos la diversidad de la cabaña ganadera de los castros astures. Probablemente la cría de ganado dependía de las condiciones circundantes del asentamiento, pero con ciertas constantes que se están documentando en todos ellos.

Por ejemplo podemos decir que la especie más abundante de la segunda Edad del Hierro en el ámbito cismontano es el ganado ovino y caprino. Estrabón nos cuenta que los montañeses comen carne de macho cabrío, suponemos que en alguna festividad concreta, ya que la arqueología nos dice que el consumo mayoritario de esta especie es en animales jóvenes. Esto nos indica que hay una abundancia de este tipo de animales, ya que sino se dejan crecer para reproducción. Los animales adultos y más viejos sirvieron también para la explotación de productos secundarios, como leche, lana, cuernos, etc.

Carnero de raza xalda. Foto Gema Sánchez

En el ámbito trasmontano, sin embargo ocupa el segundo lugar frente a la cabaña ganadera bovina, que es la mayoritaria en dos de los yacimientos mejor estudiados, La Campa Torres y Llagú 2.

En estos dos castros destaca la abundancia de vacuno 3. No es extraño ya que proporciona abundante producción de carne y también de leche. Debemos pensar en razas más pequeñas que las actuales. Además esta especie se puede utilizar como animal de tiro. Su régimen de consumo es similar al de los ovicápridos mencionados antes, es decir, se consumen animales jóvenes para carne, y se les deja crecer para su uso en la agricultura.

Vacas en Lluces, Asturies.

El cerdo también está presente en los castros 4. Estrabón dice que los montañeses cocinan con manteca, generalmente elaborada con grasa de este animal. Marcial nos habla de la calidad de los jamones de los Cántabros, lo que, si no en la calidad, hace suponer que su elaboración no era desconocida por sus vecinos. La arqueología nos muestra huesos de estos animales en varios yacimientos astures.

En este punto quiero poner en consideración la costumbre de astures y otros pueblos de realizar razzias contra sus vecinos para «saquearlos» como dicen las fuentes greco-latinas. En otro lugar hablamos de las costumbres en cuanto a ritos de paso de estas culturas de jóvenes guerreros. Probablemente uno de sus objetivos principales fuera el robo de ganado.

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El prestigio de las clases pudientes se basaba en la posesión de tierras, y de número de cabezas de ganado.

Como alimentación excepcional podemos considerar el consumo de los machos cabríos citados por Estrabón, así como el de caballos. El autor nos dice que sacrifican estos animales junto con prisioneros. Es razonable pensar en el banquete ritual de los primeros tras la ofrenda.

La caza

Frente a la creencia habitual desde el inicio del estudio de los asentamientos fortificados de la Edad del Hierro, la caza debió ser una actividad de reducida importancia respecto a la ganadería como fuente de proteínas de origen animal.

Cervus Elaphus. Foto CC

No obstante se documenta el consumo de cérvidos, así como la utilización de cuernas, objetos realizados con huesos de estos animales, etc… que ya cuentan con una prolongada tradición desde periodos mucho más antiguos. En este punto además debemos considerar el consumo de aves, etc…

La caza está bien documentada en castros trasmontanos y cismontanos 5. Por ejemplo es abundante en la Campa Torres y en Lancia

Pescados y marisqueo

En este caso la que mejor está documentada es la pesca y la recolección de moluscos en la costa. La primera por la fabricación de diversos utensilios destinados a la pesca en castros costeros. Por ejemplo los anzuelos de la Campa Torres, pero también presentes en castros de interior, orientados a la pesca fluvial.

Los concheros son una fuente de información incuestionable sobre el consumo de determinadas especies, donde se hayan espinas de especies como maragotas, sargos, chopas, doradas y lubinas. Todos ellos peces que se capturan desde la línea de costa, sin necesidad de ir mar adentro a buscarlos.

Costa central asturiana

Estrabón nos habla de barcas de cuero que debieron usarse en el noroeste en un periodo anterior a él. Por las especies documentadas se ha supuesto que la pesca sería en aguas cercanas a la costa, aunque estudios comparados han demostrado la capacidad de navegación en largas travesías de este tipo de embarcaciones.

No tenemos constancia arqueológica de estas embarcaciones en los castros analizados, muy difíciles de conservar por su carácter perecedero.

En la Campa Torres, y en general en todo el Cantábrico se documenta el aprovechamiento de lapas y bígaros, mejillones, berberechos, caracolas o erizos de mar. Por cierto, en este castro se documenta el consumo de buey de mar, seguramente preferido por su abundante carne.

Recolección

Estrabón, en su exaltación de la rudeza de los pueblos del norte dice que su dieta principal se compone de pan hecho con harina de bellotas durante dos tercios del año. No miente cuando dice que se alimentan con bellotas, ya que Plinio el Viejo también lo menciona en el siglo I d.C. en los mismos términos, pero tampoco habla de la diversidad de alimentos que se constatan en los contextos arqueológicos castreños.

Los montañeses se alimentan con bellotas dos partes del año, dejándolas secar y triturándolas; luego las muelen y hacen con ellas pan para conservarlo largo tiempo.

Strab. 3, 3, 7 (C 155).

Bellotas

Plinio concreta un poco más y nos cuenta que consumen bellotas cuando no hay cereales o la producción es escasa

La bellota constituye incluso ahora el principal recurso de muchos pueblos hasta cuando disfrutan de paz; y asimismo cuando escasean los cereales se obtiene harina moliendo bellotas tostadas, y luego se amasa una especie de pan. Más aún, actualmente en las Hispanias se sirven bellotas en la comida como segundo plato: la misma bellota resulta más dulce torrada en la ceniza.

Plin. Hist. nat. XVI 6, 15

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Creo que las dos fuentes son complementarias en este sentido.

Probablemente otro producto recolectado fueran las castañas. Hasta hace unas décadas se creía que el cultivo de castaños en el norte tenía su origen en la llegada de Roma al territorio, sin embargo el estudio de las especies autóctonas del norte y noroeste demuestran que son mucho más antiguos. Es difícil que a una sociedad que depende de los recursos que la rodean dejara pasar una fuente de proteínas así.

Seguro que frutas silvestres, avellanas, moras, etc… ya eran aprovechadas. También huevos.

Por último añadiría la recogida casual de otros alimentos. Por ejemplo en la Campa Torres se documenta el consumo de ballena. Es posible que se aprovechara un animal varado en las cercanías del castro.

Piedra de cazoletas del castro de Coaña. Museo Arqueológico de Asturias. Tradicionalmente se ha interpretado como un útil para la molienda de especies como las bellotas.
Conclusión

Los escritores clásicos no han sido demasiado generosos con nosotros respecto a la información sobre los hábitos alimenticios de los astures. Quizá si exceptuamos a Estrabón que nos habla directamente de las costumbres cotidanas de los astures y otros pueblos del norte la fuente de la que podemos extraer más información es Plinio, por su repaso a las materias primas que se explotaban en la península en su época. No obstante, también podemos extraer información de otras fuentes que no tratan cuestiones etnográficas, sino de otro ámbito, como las militares referidas al Bellum Asturum.

Gracias a la arqueología sabemos que los astures ponían en su mesa una variedad de productos mucho mayor que la que las fuentes nos cuentan. Es gracias a ella que podemos superar la visión parcial (e intencionada) del relato de los historiadores grecolatinos. Desde este punto de vista además tenemos la constancia de que el mundo astur era esencialmente agrícola y ganadero 6. No es de extrañar. Toda Europa lo fue hasta prácticamente la época contemporánea. Incluso hoy en día vemos la dependencia que tenemos respecto al sector agroganadero. Imaginaros como podría ser en la Edad del Hierro.

La subsistencia es el motor de la sociedad en todos los momentos históricos. Ahora sabemos que los pueblos del norte de la península ibérica cultivaron, criaron y recolectaron especies variadas. No era tan distinto como la vida en una aldea de principios del siglo XX. Estudiar esta parte de su historia nos los acerca de una forma muy cercana. Os dejo unas referencias bibliográficas que he consultado.

Notas al pie y bibliografía

  1. Cuesta Toribio, F. (2009). Aportaciones de la Campa Torres (Gijón, Asturias) al conocimiento de la cultura castreña asturiana.
  2. Berrocal-Rangel, L., Seco, P. M., & Triviño, C. R. (2002). El Castiellu de Llagú (Latores, Oviedo): un castro astur en los orígenes de Oviedo (Vol. 13). Real Academia de la Historia.
  3. Liesau Von Lettow-vorbeck, C., & García García, J. (2005). La fauna de mamíferos del yacimiento de la Campa Torres (Gijón, Asturias, España).
  4. García, S. B. (1994). La alimentación de los astures: rastreo arqueológico por algunos yacimientos. Memorias de historia antigua, (15), 229-248.
  5. Álvarez, J. L. A. (1986). Panorama arqueológico de los astures cismontanos en la actual provincia de León. Memorias de historia antigua, (7), 7-24.
  6. Peraza, A. F. (2005). Nuevos datos sobre el poblamiento castreño en los valles de alta montaña cantabrica. Bronce Final y Edad del Hierro en la Península Ibérica, 77.
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