La copa de Berlanga; un recuerdo del servicio en el Muro de Adriano

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Cada vez que se produce un hallazgo como el que os voy a comentar1, adquirimos una perspectiva más amplia de la vida de aquellos hispanos (muchos de ellos astures) que sirvieron al ejército romano en las unidades militares desplegadas en la frontera britana del Imperio.

Berlanga de Duero es una localidad de Soria, en el corazón de la vieja Celtiberia. Allí, en un campo de cultivo, apareció una pieza que ha sorprendido a los especialistas por la información que aporta sobre la vida de un militar hispano del siglo II d.C. y sobre todo, de la percepción de la experiencia personal de estos soldados destacados a miles de kilómetros de su lugar de origen tras décadas de servicio en el ejército romano.

La pieza

Se trata de un recipiente que aparece fragmentado y deformado, pero conserva entre el 80% y el 90% de su estructura. Se han recuperado cuatro fragmentos que permiten reconstruir una pieza de una belleza extraordinaria. Un cuenco hemisférico cuyas finas paredes tienen inscrustaciones de esmalte de color.

Los análisis realizados sobre la copa han proporcionado información clave sobre su fabricación. Mediante fluorescencia de rayos X se determinó que se empleó una aleación de bronce plomado cuaternario. Lo más interesante fue el análisis de isótopos de plomo que demuestran que el metal utilizado procede de minas del norte de Inglaterra, específicamente de las regiones de North Pennines, Durham o Gales, todas ellas relativamente cerca del Muro de Adriano. Esto confirma sin lugar a dudas que la copa fue fabricada en Britania, utilizando materiales locales.

El motivo elegido para adornarla está dividido en tres frisos horizontales con formas geométricas y vegetales en los que se aplicaron cuatro colores al esalte: rojo carmín, verde, turquesa y azul marino.

Dibujo de la copa de Berlanga.  Francisco Tapias
Dibujo de la copa de Berlanga. Francisco Tapias

Tiene detalles extraordinarios, como los del friso inferior, compuestos por escamas de pez en los que se aplica una alternancia de colores que crea incluso una sensación de movimiento y relieve. El friso intermedio está organizado en tres bandas de cuadrados en verde y azul. El superior es el más interesante. Presenta metopas alternando entre torres almenadas, divididas internamente en cuatro cuadrados rellenos de esmalte azul y turquesa, y delicadas flores de cuatro pétalos enmarcadas por crecientes lunares verdes y triángulos azules. Todo el conjunto crea un efecto visual que debió de causar admiración entre quienes tuvieron la fortuna de contemplarlo en la antigüedad.

Nombres de fuertes militares en el muro

Lo que convierte a esta copa en un hallazgo verdaderamente excepcional no es su belleza decorativa, sino la inscripción que recorre su borde superior. Las letras fueron grabadas con técnica de incisión. Un total de veinticuatro caracteres de cinco milímetros y medio de altura, con restos de pasta vítrea verde y roja en su interior, que enumeran los nombres de cuatro fuertes romanos ubicados en el sector oriental del Muro de Adriano.

Aunque algunas letras se han perdido, la lectura es clara: Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercom. Estos nombres, que hoy conocemos como Chesters, Halton Chesters, Rudchester y Benwell en el condado de Northumberland, representan una secuencia de fortificaciones que se situaban el tramo oriental de la muralla ordenada construir por Adriano en el siglo II d.C.

Mapa del muro de Adriano con los fuertes mencionados en la copa.
Mapa del muro de Adriano con los fuertes mencionados en la copa. Jesús García

Este detalle epigráfico tiene un carácter excepcional ya que hasta el descubrimiento de esta pieza, todas las demás conocidas de esta serie mencionaban exclusivamente fuertes del sector centro-occidental del Muro. La Copa de Rudge, descubierta hace más de dos siglos en un bosquecillo del oeste de Inglaterra y que da nombre a toda la serie, (Hadrian’s Wall pans) enumera cinco fuertes de ese sector occidental. Lo mismo ocurre con la Patera de Amiens, encontrada en Francia, la de Ilam hallado en Inglaterra, y los fragmentos de Bath y Basildon. Incluso el fragmento Hildburgh, la única otra pieza de la serie encontrada en Hispania entre las provincias de León y Zamora, aunque demasiado fragmentario para determinar qué fuertes mencionaba, no parece haber incluido los del extremo oriental.

¿Cuál es la historia de esta pieza?

Sin duda la gran pregunta es cómo llegó esta pieza de Britania a Hispania. Para responderla es necesario viajar al mundo del ejército romano y sus unidades auxiliares. Cuando el emperador Adriano visitó Britania en el año ciento veintidós de nuestra era y ordenó la construcción del Muro que lleva su nombre, el ejército romano estaba formado no solo por las legiones compuestas por ciudadanos romanos, sino también por numerosas unidades auxiliares reclutadas entre los pueblos sometidos del Imperio. Estas tropas auxiliares, organizadas en cohortes de infantería y alas de caballería, procedían de todas las regiones bajo dominio romano y servían durante veinticinco años antes de recibir la ciudadanía romana como recompensa.

Entre las muchas unidades auxiliares que sirvieron en el Muro de Adriano, la epigrafía ha documentado tres procedentes de Hispania: el Ala Primera de los Astures, el Ala Segunda de los Astures Hispanos y la Cohorte Primera de los Celtíberos. Esta última, conocida por su abreviatura latina como Cohors I Celtiberorum, es la que con mayor probabilidad está vinculada con la Copa de Berlanga.

Esta unidad militar reclutaba originalmente sus tropas en Celtiberia, precisamente el territorio donde se encuentra Berlanga de Duero, en las tierras altas que rodean las cabeceras del río Duero. Una tablilla de hospitalidad encontrada en Castromao, en la actual Galicia, y fechada en el año ciento treinta y dos, menciona a un prefecto de la Cohors I Celtiberorum llamado Gayo Antonio Aquilo Novaugustano, cuya ciudad de origen era Nova Augusta, la actual Lara de los Infantes en la provincia de Burgos, situada en pleno territorio celtibérico.

La presencia de la Cohors I Celtiberorum en el Muro de Adriano está bien documentada. Varios diplomas militares, documentos de bronce que certificaban la concesión de privilegios a soldados licenciados, mencionan esta unidad sirviendo en Britania. Pero el documento más significativo para esta historia es el diploma encontrado en Chesters, el antiguo fuerte de Cilurnum, uno de los cuatro mencionados específicamente en la Copa de Berlanga. Fechado en el año ciento cuarenta y cinco o ciento cuarenta y seis, durante el reinado de Antonino Pío, este diploma constituye un reconocimiento oficial de los servicios prestados alrededor del Muro de Adriano a tres alas de caballería y once cohortes de infantería, entre las cuales figura explícitamente la Cohors I Celtiberorum.

Cilurnum. Chesters. Foto National Heritage UK
Cilurnum. Chesters. Foto National Heritage UK

Esto sugiere que la Copa de Berlanga perteneció probablemente a un soldado de la Cohors I Celtiberorum, un joven celtíbero que fue reclutado en su tierra natal, sirvió durante veinticinco años en la frontera norte del Imperio, quizás en los propios fuertes mencionados en la inscripción, y finalmente regresó a casa llevando consigo este objeto como recuerdo material de su larga carrera militar.

El fragmento Hildburgh, la otra pieza de esta serie encontrada en Hispania, se puede interpretar de manera similar. Hallado entre las provincias de León y Zamora, en el noroeste de la península, coincide geográficamente con el territorio de reclutamiento del Ala I Asturum y el Ala II Asturum Hispanorum, dos unidades de caballería que también sirvieron en el Muro de Adriano. Una estela menciona a Pintamo, sesquiplicario y jinete del Ala II Asturum Hispanorum, originario de la tribu de los zoelas, cuyo territorio se situaba precisamente en la región de Zamora-León. Los zoelas aparecen documentados en la Tabla de Hospitalidad de Astorga, un pacto entre comunidades indígenas de la frontera entre Lusitania e Hispania Citerior.

La inscripción de Medugenos, en Gijón menciona una gens Cilurnigorum, nombre que algunos autores derivan del fuerte de Cilurnum en el Muro, sugiriendo que algunos astures que sirvieron allí adoptaron un gentilicio derivado del topónimo del lugar donde prestaron servicio y lo conservaron al regresar a Asturias.

Estela de Menugenus, museo de la Villa astur romana de Veranes
Estela de Menugenus, museo de la Villa astur romana de Veranes

El Ala II Asturum Hispanorum estuvo primero estacionada en Bremetennacum, la actual Ribchester, y posteriormente fue trasladada a Cilurnum, donde permaneció hasta el fin del Imperio Romano según la Notitia Dignitatum, un documento administrativo del siglo quinto. El Ala I Asturum Hispanorum sirvió en Condercum, el actual Benwell. Es notable que tanto Cilurnum como Condercum son dos de los cuatro fuertes mencionados en la Copa de Berlanga, sugiriendo que estas copas podrían estar relacionadas no solo con la presencia general en el Muro, sino con fuertes específicos donde sirvieron unidades auxiliares hispanas.

Para qué servía este objeto

Esta conexión plantea preguntas sobre el propósito y significado de estas copas. Jacques Heurgon, tras el descubrimiento de la Patera de Amiens en 1949, las interpretó como recuerdos de guerra que los soldados adquirían antes de regresar a casa. Esta interpretación se ha mantenido como la más aceptada, aunque algunos investigadores han propuesto funciones votivas para ciertos ejemplares, como el Pan de Ilam. Los autores del estudio de la Copa de Berlanga coinciden con la designación de souvenir o memento, pero matizan que no se trata de recuerdos adquiridos por simples visitantes o turistas, sino de objetos profundamente personales vinculados a la experiencia vivida por sus portadores.

Si estas copas hubieran sido simples souvenirs comerciales para visitantes ocasionales del Muro, probablemente mencionarían la muralla de forma genérica o incluirían todos los fuertes principales en una sola pieza. En cambio, cada copa menciona una selección específica de fuertes, y estas selecciones varían de una pieza a otra. Además, las inscripciones no fueron realizadas simultáneamente con el resto de la copa mediante fundición, sino que fueron grabadas posteriormente mediante incisión, lo que sugiere que eran encargos personalizados. Todo esto apunta a que estas copas fueron manufacturadas, o al menos terminadas, a petición específica de compradores individuales.

Recreación virtual de la copa de Berlanga. 3D Stoa - Archaeology and Heritage
Recreación virtual de la copa de Berlanga. 3D Stoa – Archaeology and Heritage

¿Quiénes eran estos compradores? La evidencia sugiere que eran soldados u oficiales romanos, probablemente al final de su carrera militar. Las copas podrían haber sido adquiridas por los propios soldados con sus ahorros como recuerdo de su servicio, o alternativamente podrían haber sido regalos otorgados en reconocimiento de servicios destacados, ya fuera de forma oficial por las autoridades militares o de manera informal por sus compañeros de armas. La forma de trulla que tienen estas copas es significativa en este contexto. Las trullae eran recipientes característicos del equipamiento militar romano, aparecen representadas en los relieves de la Columna de Trajano como parte del bagaje legionario. Pero una trulla evoca no la guerra y los momentos de peligro, como lo haría una espada o un escudo, sino la camaradería entre compañeros y la vida cotidiana del campamento.

La decoración de las copas refuerza esta interpretación. El friso superior, presente en todas las piezas de la serie excepto el Pan de Ilam, ha sido tradicionalmente interpretado como una representación en alzado del propio Muro de Adriano, con torres almenadas proyectándose desde una cortina de muralla representada por el friso de cuadrados que simula sillares de mampostería. Algunos investigadores han propuesto interpretaciones alternativas, sugiriendo que las torres podrían representar fuertes individuales con sus cuatro puertas, pero la primera lectura parece más plausible. Lo verdaderamente interesante es que, si aceptamos que el friso representa el Muro, entonces las copas muestran la muralla vista desde dentro, desde el lado romano, como si el portador hubiera sido parte de la defensa del Muro en los fuertes mencionados.

El hallazgo de la copa de Bath en las aguas sagradas del templo de Sulis Minerva ha llevado a algunos a proponer un uso votivo para al menos algunas de estas piezas. En este caso, la copa podría haber sido una ofrenda de un soldado u oficial a la diosa, presentando su carrera militar y sus acciones en favor del Imperio a cambio del favor divino. Sin embargo, la mayoría de las piezas, incluida la Copa de Berlanga, parecen haber sido objetos de uso personal que acompañaron a sus propietarios en sus viajes de regreso a casa.

Un posesor de una villa romana

El contexto arqueológico del hallazgo de la Copa de Berlanga refuerza esta interpretación. El objeto apareció en un campo conocido como La Cerrada de Arroyo, situado apenas cien metros del centro urbano actual de Berlanga de Duero. La zona había proporcionado anteriormente hallazgos romanos dispersos en excavaciones realizadas en los jardines del palacio de los Marqueses de Berlanga y en la torre del palacio, donde aparecieron fragmentos de sigillata y cerámica romana del siglo primero de nuestra era. Una excavación más reciente en La Cerrada de Arroyo había documentado en la parte sur del terreno restos de cultura material hispanorromana del Alto Imperio y dos muros de mampostería que parecían corresponder al mismo horizonte cronológico.

El descubrimiento de la copa ha motivado una nueva campaña de prospección en el lugar mediante georradar y reconocimiento superficial de materiales. El georradar ha identificado claramente un pequeño grupo de edificaciones, aunque solo parcialmente dado el carácter exploratorio de esta primera campaña. Se ha documentado un primer edificio rectangular de aproximadamente diecisiete metros de largo por catorce de ancho, con habitaciones a ambos lados del lado largo y pavimentación conservada en una de las estancias. Inmediatamente al sur se observa una estancia que termina en ábside y un pequeño anexo probablemente dividido en dos habitaciones. Aunque los resultados son todavía parciales, todo parece indicar que se ha localizado la esquina de un complejo mayor, probablemente una villa rural de tipo agrícola a la que se añadieron elementos en períodos posteriores, como la habitación equipada con ábside.

El reconocimiento superficial ha recuperado abundante material romano, destacando especialmente una importante cantidad de fragmentos de cerámica de producción romana de tradición indígena. Esta producción se caracteriza por su pasta naranja y decoraciones geométricas y vegetales pintadas en tonos ocres, y proporciona información sobre un horizonte cronocultural vinculado al mundo romano entre los siglos segundo y cuarto de nuestra era. Estos materiales se asemejan a piezas encontradas en otros yacimientos cercanos de Soria como Tiermes, Uxama y Tarancueña, todos ellos con cronologías que coinciden con la datación de la Copa de Berlanga. Es notable la escasez de cerámica común de cocina y almacenamiento en contraste con la abundante presencia de vajilla de mesa de tradición indígena, lo que podría sugerir un contexto doméstico de cierto estatus social.

Recomponiendo los fragmentos de esta historia

Todo esto dibuja un escenario coherente: un asentamiento rural romano, probablemente una villa, ocupado entre los siglos primero y cuarto de nuestra era, habitado por una familia o comunidad de cierto nivel económico, entre cuyos miembros pudo encontrarse un veterano de la Cohors I Celtiberorum. Este soldado habría sido reclutado en su juventud, probablemente a finales del reinado de Adriano o principios del de Antonino Pío, habría servido veinticinco años en Britania participando en la guarnición de los fuertes del sector oriental del Muro, y habría regresado a su tierra natal hacia mediados del siglo segundo llevando consigo esta copa como testimonio material de su larga carrera al servicio de Roma.

La Copa de Berlanga, junto con el fragmento Hildburgh, documenta materialmente un fenómeno histórico de enorme importancia: la movilidad geográfica de soldados provinciales a lo largo de miles de kilómetros dentro del Imperio Romano. Jóvenes reclutados en el interior de Hispania viajaban al norte de Britania, servían durante décadas en uno de los confines más remotos del mundo conocido, y finalmente regresaban a sus lugares de origen transformados por la experiencia. Traían consigo no solo la ciudadanía romana y una pensión de veterano, sino también recuerdos materiales como nuestra copa, objetos que condensaban toda una vida de servicio, camaradería, peligros superados y tierras lejanas conocidas.

Estos objetos no eran meros recuerdos turísticos, sino auténticos marcadores de identidad. Un veterano que exhibiera su copa del Muro de Adriano estaba proclamando ante su comunidad que había sido parte de algo grandioso, que había defendido las fronteras del Imperio en su punto más septentrional, que había conocido tierras que la inmensa mayoría de sus paisanos jamás vería. La copa era simultáneamente un objeto de orgullo personal, un símbolo de estatus social, un tema de conversación y un vínculo tangible con una experiencia vital extraordinaria.

Detrás de este pequeño objeto de bronce y esmalte se adivina la existencia de un joven celtíbero que creció en las tierras del alto Duero, que fue reclutado para servir en el ejército auxiliar romano, que viajó más de dos mil kilómetros hacia el norte, que pasó un cuarto de siglo defendiendo una muralla construida en los confines del mundo, que conoció el frío de Britania y la camaradería de compañeros procedentes de todos los rincones del Imperio, que adquirió o recibió esta copa como memoria de todo aquello, y que finalmente regresó a casa como ciudadano romano, para vivir sus últimos años en la tierra que lo vio nacer.

Cuando murió, la copa quedó allí, en el suelo de su casa o de su tumba, esperando veinte siglos hasta que un día las rejas de un arado la sacaron a la luz.

Bibliografía

  1. De Pablo Martínez R, De Luis Mariño S, Garcia Sanchez J, Montero Ruiz I, Aparicio Resco P. (2026) The Berlanga Cup. New Evidence of Hadrian’s Wall Pans Found in Hispania Citerior (Spain). Britannia. doi:10.1017/S0068113X26100701 ↩︎

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