Muralla de módulos de la Campa Torres.
Muralla de módulos de la Campa Torres.
Actualizado: 12 abril, 2024

A mediados del primer milenio a.C. se producen una serie de profundas transformaciones entre los astures al norte de la cordillera cantábrica; difusión plena de la metalurgia del hierro, el fin de algunos castros y el principio de muchos otros, expansión de las murallas de módulos, etc… En realidad, estos cambios se observan en el conjunto de culturas de la península ibérica.  Se han dado distintas explicaciones para comprender qué sucede para que todo su territorio se vea inmerso en este periodo de cambios. Algunas de ellas tienen su origen a una escala mucho mayor y tienen que ver con la caída definitiva de Tartesos como potencia comercial del Mediterráneo occidental.

Réplica de barco fenicio.
Réplica de barco fenicio.

Por otro lado, a finales del siglo V a.C. y durante gran parte del IV a.C. tiene lugar una nueva oscilación climática que provoca un  profundo y rápido descenso de las temperaturas, aunque con características diferentes a las anteriores. Este periodo frío tendrá una duración menor, de apenas cien años y además va a ser la última de estas oscilaciones, ya que a partir del siglo siguiente ya tiene lugar un proceso de bonanza, llamado “óptimo climático romano” que va a durar hasta casi el siglo IV d.C. 

En este momento el hierro se difunde con total plenitud por los últimos pueblos en asumir su tecnología, los del norte. Los primeros objetos de este metal en la Península provienen de las colonias fenicias del levante. La llegada al extremo opuesto del territorio tradicionalmente se ha atribuido a dos vías. La parte oriental del Cantábrico a través del Valle del Ebro, y al noroeste atlántico a través de las factorías situadas en el entorno de la desembocadura del Miño.  Los ejemplos de utilización de este metal más antiguos en el Cantábrico provienen del sector oriental de este espacio, apareciendo en fechas tan tempranas como el siglo VII a.C. en Castilnegro o la Garma, mientras que en castros como el de Torroso, en Galicia, de cronología similar a Camoca en Asturias, aparecen en el mismo periodo siendo atribuidas al comercio marítimo.  En los castros de la ría de Villaviciosa el primer objeto de hierro y único, es la supuesta varilla de este metal documentada en este último castro, situándose en un periodo no anterior al siglo VI a.C. 

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Objetos de hierro del castro de Moriyón. Villaviciosa. Asturias
Objetos de hierro del castro de Moriyón. Villaviciosa. Asturias

Si tenemos en cuenta que en ese periodo los castros del noroeste de la Meseta ya disponían de un repertorio de piezas de hierro entre los siglos VII y VI a.C. parece lógico pensar que la llegada a nuestro territorio se produjo a través de los pasos de montaña. Lo que sí parece claro es que los metalúrgicos del bronce conocen progresivamente las técnicas de trabajo del nuevo metal y aunque lento, el proceso es decidido hacia su total implantación. El proceso es rápido. Las primeras piezas de hierro que aparecen en el registro arqueológico transmontano entre los siglos VI y V a.C. parecen objetos de importación. Es sorprendente si tenemos en cuenta que un siglo después no sólo se conoce la técnica de forja sino, quizá igual de importante, la manera de obtener el mineral en las inmediaciones de los poblados. Ese es el gran factor que interviene, en mi opinión, en la difusión total del hierro a partir de mediados del milenio.

Tumba vaccea en Pintia
Tumba vaccea en Pintia

En la Meseta norte suceden cambios interesantes. Por un lado llegan desde el noreste peninsular gentes de estirpe céltica que portan nuevos ritos funerarios, como la incineración y el establecimiento de necrópolis, que son el reflejo de profundas transformaciones que alcanzan a todos los ámbitos culturales. Lengua, religión y sobre todo desarrollo de una metalurgia del hierro muy potente impulsada por las relaciones comerciales con el Mediterráneo, desde donde llegan estilos cerámicos e incluso escritura. Son los celtíberos de las fuentes, cuya cultura se deja sentir hacia todo el occidente peninsular. Su auge recuerda al papel jugado por los principados hallstáticos, como eje comercial entre un Mediterráneo abierto al comercio y un norte y noroeste peninsular que bascula la producción de metales hacia el sur en vez de hacia el comercio marítimo. El comercio púnico ya había monopolizado para entonces  el eje comercial atlántico. En el cauce medio del Duero, la cultura del Soto pleno, donde se habitaba en poblados fortificados de cabañas redondas y bancos corridos, deja paso a la cultura vaccea en este periodo que, al igual que la celtíbera adopta el modelo de casa cuadrangular abandonando la circular. Este pueblo, junto con los cántabros,  está situado en las inmediaciones de los centros metalúrgicos del norte de la Meseta, que mantenían una relación más estrecha con el territorio transmontano astur centro oriental en la primera Edad del Hierro.  

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Castro de San Chuis. De enorme entidad en comparación con otros castros del entorno. Google Earth
Castro de San Chuis. De enorme entidad en comparación con otros castros del entorno. Google Earth

Si tomamos cierta perspectiva sobre este momento nos damos cuenta de que las élites y los primeros centros de poder fortificados comienzan a defenderse a una escala desconocida hasta entonces. El descenso de las temperaturas afecta sin duda a la obtención de recursos básicos para la subsistencia. Una serie de malas cosechas, o mayores dificultades para mover el ganado hacia unas montañas donde el clima era más severo, así como la interrupción durante más meses al año de los pasos de montaña o la navegación costera, tienen como consecuencia un aumento de la conflictividad.  Las secuencias de fundación y abandono de los castros de la ría de Villaviciosa son reveladoras en este aspecto. En el siglo V a.C. se abandonan los primeros castros de la zona, como Camoca, El campón del Olivar o la Corolla. Estos asentamientos dan paso a otros más grandes, situados a mayor altura, en peores condiciones para la agricultura, relativamente, pero mejor defendidos, como Moriyón. Estamos en una fase donde se produce una concentración de población como respuesta a unas dificultades y la que ya está establecida se fortifica.

Campo de trigo. CC
Campo de trigo. CC

Esta es, en definitiva, la “crisis” de mitad del milenio. Tras ella asistimos a un nuevo comienzo que nos llevará al momento de esplendor de la cultura castreña en general. Un mundo donde lo atlántico se ha convertido en el pasado, y donde lo meseteño tiene un fuerte impacto en un territorio que a lo largo de la protohistoria se ha manifestado como reacio al cambio. Una prueba de ello es que pervive el patrón constructivo de cabañas redondeadas, así como el desarrollo de una cultura material específica que recoge influencias externas y las transforma dotándolas de una personalidad propia. Los cambios se proyectan en una ocupación total del territorio con más fundaciones de castros y una diversificación de la agricultura y la ganadería. En definitiva, un dominio total del paisaje y la identificación plena de los pueblos que conocemos como pésicos y luggones.

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3 COMENTARIOS

  1. Saludos, Fon. Yo me pregunto después de lo leído,si no habrá un componente bélico para explicar esas fortificaciones y esos cambios de ubicación a cotas más altas. No hay fuentes, claro, pero las guerras entre clanes no debían ser ajenas a este rincón del planeta.
    Y llegados ahí, tal vez el causante de los conflictos fuese precisamente el hierro.
    Bueno, imaginación no me falta.

    • Coincido contigo. De hecho es precisamente por eso por lo que hablo de inestabilidad o crisis. Te pongo un ejemplo, cuando hay una serie de malas cosechas y falta el alimento es probable que se desencadene la violencia por conseguir recursos.

      Es por eso que defendemos la existencia de élites, porque la guerra genera desigualdad y la desigualdad significa poder de unos sobre otros. Lo contrario sería una excepción en un mundo violento como es la Edad del Hierro, a todos los niveles. Posiblemente el hierro encumbra a estas élites guerreras en la sociedad.

      No creo que desarrollaran la metalurgia de este metal para hacer azadones o hachas, si es a lo que te refieres. Las armas suelen ser un revulsivo para la tecnología cuyos logros se transmiten a otras parcelas de la sociedad (herramientas agrícolas, por ejemplo)

  2. Sí,debió ser toda una revolución la llegada del hierro, un prestigio para los primeros conocedores de su forja por estos lares, y un objeto de deseo para el prójimo.
    La fiebre del hierro.
    Gracias.

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