Castiellu de Podes. 2022

«Y ahí en El Castro hay una tierra, que es de un vecino, que le llaman Las Torres, y preguntábamos muchas veces: “Bueno, ¿pero por qué le llaman Las Torres si ahí no hay torres?”. Ya decían que era porque ahí tenían una torre los moros antiguamente. Y luego, por debajo de esa tierra hay un prau que era de mi casa, y le llaman la Güerta de la Mora, y era ondi trabajaban las moras antiguamente. Y dicen que por ahí hay un tesoro, y mucha gente tuvo peleando pa encontralo, pero no lo encontraron.»

Este relato, recogido en Cangas del Narcea por Jesús Suárez López 1, resume esencialmente la relación entre castros y folklore popular.

Desde las primeras obras de recopilación de folklore del noroeste encontramos menciones a lugares, que si bien aún no habían sido catalogados como asentamientos castreños, posteriormente lo han sido, en parte gracias a esos indicios en forma de leyendas o de referencias a hallazgos casuales.

Castros y leyendas

En el mundo rural del noroeste, el castro ocupa un lugar destacado, incluso cuando no se sabe lo que es. La existencia de ruinas, muros, derrumbes, etc… es la chispa que desata la creación de la leyenda. Pasado el tiempo es el espacio físico en el que tiene lugar el mito.

Generalmente se asocian a los antiguos «moros», aunque antes de este término se utilizaban otros, como gentiles, antiguos, etc… incluso griegos, fenicios, o gigantes. Ya comentamos varias veces  que la palabra «moros» no se refiere a «musulmanes» sino a «antiguos» o «paganos».  Por ejemplo, os dejo un link un artículo que publicamos sobre el de La plaza los moros, en Cangas del Narcea 2 .

«El nombre del lugar proviene de la existencia de un suelo natural de roca, ubicado en la terraza superior de la fortificación, donde se podían ver varias cazoletas artificiales excavadas de apenas 5 cm de anchura, lo que llevó a los vecinos a plantear la existencia de una plaza de los antiguos moros, los cuales habrían dejado allí numerosos tesoros enterrados.»

Por cierto, es muy interesante la concepción de los «moros» en el mundo rural, como una «raza» distinta a la del campesino. Unos y otros no están emparentados, no hay relación de descendencia entre ellos. Incluso autores como González Álvarez3 apuntan, quizá muy acertadamente, con que la Iglesia permitió o incluso favoreció el uso de este concepto de «moros» intencionadamente, para condenar ciertos ritos paganos que se mantenían en el folklore asturiano o gallego entre otros. Esas leyendas tienen su origen en ese periodo indeterminado que se llama «antiguamente», diferente al «antes» (época de los antepasados directos) y el «ahora» que es el presente.

Castros y tesoros

La leyenda más extendida suele ser que en lugar donde hoy existe un castro, hace muchos siglos había un castillo moro. En ocasiones, al ser expulsados enterraron allí sus tesoros. En otras ocasiones se hace referencia a la utilidad de los fosos defensivos, cuya finalidad era la de servir como boleras, en la que los moros jugaban con bolos de oro, como en el Castiellu de Podes, que os comentaba en redes sociales.

Cuando las hay, son las cuevas cercanas a los castros las que tienen el protagonismo de la leyenda:

«Hai n’Alava una cueva que llaman La Cueva’l Castru que tuvieran los moros eillí,
tien un pasu estrechu, queda nel monte que llaman El Castru o El Riestru. Eillí alcontraran bolos de los moros, alcontráranlos faciendo una andecha pa sacar piedra pa facer
unas pareas. Eso fuera cuandu you yera mozu, tenían una casillina enriba comu si fuera
pa poner un güevín ya unas aniellas a los llaos. Cuntaron que yeran d’oru pero resultaron
ser nun sei de quei metal. Dous d’esos bolos conocílos you nesta casa, en Ca La Vallina» (Recogido por Alberto Álvarez Peña)4

El castro siempre se asocia al tesoro, lo que ha sido una pesadilla para la arqueología del noroeste. Son lugares donde las leyendas dicen que se encuentran fantásticos ocultamientos de piezas de oro, lingotes, monedas… o las consabidas esculturas o figuras áureas como bueyes de oro, «pitas y pitinos» (gallinas y pollos de oro), etc… Con toda seguridad se asocian a los hallazgos casuales de vestigios arqueológicos, en ocasiones de oro, como torques, o las famosas «diademas» como la de Moñes, que se llamaban «coronas de las princesas Moras».

Castros astures y folklore
Diadema de Moñes. MAN
Castros y palacios subterráneos

Un aspecto, que a mi personalmente me encanta es que nuestros castros comparten una característica con otros asentamientos de la Edad del Hierro, como los raths y hillforts de las islas británicas, en los que en muchas ocasiones se ubican las leyendas asociadas a otro pueblo mitológico, el Sidhe (en Irlanda), cuyos palacios se ubican bajo tierra y sus entradas se encuentran en los castros que sólo se abren determinados días al año para los humanos.

«En una peña que llaman la Peña del Castro (Cerca de Villar en Somiedo), decían que adentro que había un salón muy grande. Y allí que habían dejao los moros joyas o  diamantes, o tesoros, o como se quiera decir; pero varias veces intentaron entrar, gente incluso del pueblo, pero que llegaban a un sitio muy estrecho donde empezaba a sonar una campanilla, y la gente tomaba miedo y volvía p’atrás.» 

Aquí pasa algo parecido. Los palacios de los moros se encuentran bajo ellos y las entradas en ocasiones son cuevas y otras oquedades que se encuentran en su entorno. Quizá el más significativo por ser una leyenda documentada tempranamente es la del palacio de los moros que se ocultaba bajo el Castro de Caravia, que recogiera Aurelio de Llano5 en su obra:

«El año 1917, estando yo haciendo excavaciones científicas en el picu’l Castru, concejo de Caravia, varios caravienes, al ver las alhajas de bronce que saqué, me dijeron:

-«No excave Ud. aquí; es al otro lado; es al medio día donde da la Gaceta la puerta de entrada a un palacio subterráneo; en él dejaron los moros una cadena de oro que rodea este pico».

Castros y noche de San Juan

Por cierto, hoy que encendemos las hogueras de la noche de San Juan y os recuerdo que en ocasiones estas leyendas tienen como protagonista a la Xana, la mora o la encantada, que esta noche salía de la cueva o más frecuentemente de la fuente a bailar entre la hierba y peinar sus cabellos de oro. Es el caso del castro de Muros, en la playa de Aguilar, del que ya os hablé en otra ocasión, o esta del Castro de Caravia recopilada por Aurelio de Llano:

«En el monte de Caravia está la fuente del Alisu , en la cual hay princesas encantadas por un Cuélebre . Este, la mañana de San Juan, enróscase y duerme ; entonces, las encantadas salen y suben al pico del Castro a limpiar la cadena de oro que le rodea . Y al bajar, cogen flores de cotolla y danzan en el campo de la Llana.»

Notas al pie y bibliografía

  1. Suárez López, J. (2001). Tesoros, Ayalgas y Chalgueiros. La fiebre del oro en Asturias. Museo del Pueblo de Asturias, Gijón.
  2. Peraza, Alfonso Fanjul, and Alfonso Sanchez Pozo. “Castro, Castellum, y Fiebre Del Oro En La Antigua Asturia. El Yacimiento Fortificado De La Plaza Los Moros, Cangas Del Narcea, Asturias.” Cuadernos de Arqueología Militar, Nº 2 (2020): n. pag. Print.
  3. González Álvarez, D. (2001). Arqueología, folklore y comunidades locales: los castros en el medio rural asturiano.
  4. Peña, A. A. (2017). Los bolos na mitoloxía asturiana. Cultures: Revista asturiana de cultura, (21), 323-328.
  5. Del Llano, A. (1983). Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres. Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos.
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Fon S.P.
Apasionado por la arqueología e historia del pueblo astur. Pateando museos y yacimientos entre el Cantábrico y el Duero. Excavando cuando puedo.

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