Punta Castiello en Aguilar. Foto Revista intemperie (captura)

«En la cueva del monte Castiellu que está junto a la playa de Aguilar en Muros de Pravia, vive una Xania encantada. La encantaron sus padres porque cometió una falta muy grave.

Y no podía salir de su encantamiento mientras no se presentara un hombre valiente que la bajara en sus brazos desde la cueva a la playa sin detenerse en el camino y sin dejarla caer al suelo.

El hombre que hubiera hecho esto se haría dueño de muchas riquezas, porque la Xania le regalaría el tesoro que guarda en la cueva envuelto en un pellejo de buey pinto. Dice una copla:

En Castiellu de Aguilar
donde trigo se mayaba,
hay un pellejo güey pinto
lleno de plata labrada.

La Xania jugaba en la playa a los bolos con bolera de oro. Devanaba ovillos con el hilo que salía por el ojo de la fuente que está cerca de la cueva y tendía su pequeña colada en la falda del monte.

Una mañana, fue una mujer de Muros a segar hierba al prado del Castiellu y sorprendió a la Xania cosiendo. En cuanto ésta vió a la mujer, se metió corriendo en la cueva y dejó las tijeras olvidadas en el sitio donde cosía.

Después que marchó la mujer, la Xania salió a recogerlas y como no estaban donde las había dejado comenzó a cantar:

-Quien mis tijerinas de oro llevó,
cocido y asado le vea yo.

Las tijeras las había llevado la mujer y por esta mala acción le murió algún ganado y cayeron calamidades sobre su familia.

La Xania esperaba un año, otro y otro, y no llegaba un hombre que se atreviera a desencantarla.

Un día que estaba guarneciendo el dengue a la puerta de la cueva, pasó por allí un caballero, el cual la preguntó que quien era y por qué estaba allí.

La Xania contóle su historia y le dijo lo que había que hacer para desencantarla.

El caballero se ofreció a sacarla de aquella situación, la cogió en sus brazos y echó a andar con ella en dirección a la playa. Y según se iba alejando de la cueva, la Xania iba desencantándose, y a medida que se desencantaba crecía y aumentaba de peso.

El caballero corría, corría, viendo el milagro del desencantamiento, pero cuando iba llegando a la playa, oscurecióse el cielo, alborotándose las olas, y estalló una tempestad muy grande.

Con los relñámpagos, los truenos y el peso de la Xania, que cada vez era mayor, el caballero se asustó y la dejó caer al suelo. Y como ella le había dicho que si la dejaba caer quedaba encantada para siempre, se volvió llorando a su cueva.

Y desde entonces acá, los vecinos de MUros de Pravia no han vuelto a ver jugar a los bolos en la playa a la Xania del Castiellu de Aguilar.

Esta leyenda fue recogida a principios del siglo XX en Asturias por Aurelio de Llano Ampudia en. «Del Folklore Asturiano» p. 46.

Artículo anteriorLa importancia de las piedras sagradas en la Hispania céltica. Conferencia: Sacra Saxa de Martín Almagro Gorbea
Artículo siguienteReflexiones en torno al culto a las aguas en el NO de Iberia

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here