En los últimos días diversos medios de comunicación se han hecho eco de un hallazgo que podría cambiar lo que conocemos sobre los orígenes del cerro de Puente Castro, en León. Los titulares hablan del descubrimiento de un castro prerromano bajo el conocido Castro de los Judíos.
La nueva campaña arqueológica, dirigida por el Departamento de Historia y el Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de León, parte de un descubrimiento realizado durante las excavaciones de 2025. Bajo las estructuras medievales aparecieron niveles arqueológicos completamente distintos de los habituales en el yacimiento. En ellos se recuperaron fragmentos cerámicos de la Edad del Hierro, varias estructuras «en negativo» excavadas en el terreno, es decir, hoyos colmatados y también restos de fauna asociados a estos niveles.
Las dataciones de Carbono-14 realizadas sobre estos últimos han confirmado que pertenecen a la Edad del Hierro. Es decir, por primera vez existe una base cronológica sólida que demuestra la existencia de una ocupación prerromana en el cerro.
La directora de la excavación, Raquel Martínez Peñín, ha resumido con prudencia el alcance del descubrimiento al afirmar que «al menos antes de que los judíos se asentasen aquí, hubo una ocupación del periodo prerromano».
¿Existían indicios anteriores?
Pues la verdad es que sí. Aunque el anuncio de la Universidad de León ha situado ahora el foco sobre la ocupación prerromana del cerro, la posibilidad de que el Castro de los Judíos ocultara restos de la Edad del Hierro no es una idea nueva. Ya en 1959, el arqueólogo José María Luengo Martínez propuso que el yacimiento había conocido una primera fase de ocupación prerromana a partir del estudio de varios materiales conservados en la colección de Sánchez Cañón. Entre ellos destacaban una fíbula de arco y diversos fragmentos de cerámica pintada de filiación celtibérica, elementos que permitían situar el origen del asentamiento, al menos, entre los siglos III y I a. C.
Décadas más tarde, estos indicios fueron recogidos en la Carta Arqueológica de la provincia de León y asumidos por José Luis Avello y Jorge Sánchez-Lafuente1 en la publicación de las excavaciones realizadas entre 1999 y 2000. En ella describían el Castro de los Judíos como un yacimiento con una larga secuencia de ocupación, desde la II Edad del Hierro hasta la destrucción de la judería en el siglo XII. Además, señalaban la abundante dispersión de fragmentos cerámicos por la ladera meridional del cerro, un hecho que hacía pensar en la existencia de una ocupación más extensa, aunque reconocían que en aquel momento no era posible determinar su naturaleza.

Fuera del cerro, pero procedente de sus proximidades es la fíbula de León. Esta pieza, que actualmente se puede ver en el museo de León, fue encontrada a orillas del Torío. El lugar del hallazgo se encuentra próximo a la desembocadura del río en el Bernesga, del que es afluente. Se barajó la posibilidad de que en el lugar se hallara una necrópolis, de la que no hay noticias, y que la pieza corresponde a un enterramiento de entre los siglos IV y I a.C., que es el momento al que corresponde la tipología de estas fíbulas. De hecho por la forma y decoración se ha especulado con un momento de fabricación cercando al cambio de era.
Sin embargo, todos estos indicios compartían una importante limitación: procedían de hallazgos superficiales, colecciones antiguas o materiales descontextualizados. Eran suficientes para plantear la hipótesis de una ocupación prerromana, pero no para demostrarla arqueológicamente. Precisamente ahí reside la importancia de los descubrimientos realizados en la campaña de 2025. Por primera vez, los materiales de la Edad del Hierro aparecen asociados a estructuras excavadas y a restos orgánicos cuya cronología ha podido confirmarse mediante dataciones por Carbono-14. Más que descubrir una idea completamente nueva, las excavaciones actuales aportan la evidencia estratigráfica y cronológica que hasta ahora faltaba para confirmar una hipótesis planteada desde hace más de medio siglo.
Una investigación que acaba de comenzar
La campaña de 2026 no pretende únicamente confirmar la existencia de estos niveles prerromanos. Los trabajos se desarrollan en tres sectores diferentes del yacimiento con el objetivo de definir las distintas fases de ocupación del cerro, tanto anteriores como medievales.
Los investigadores continúan estudiando también la evolución de la judería, sus diferentes fases constructivas, los sistemas de edificación, la organización del espacio doméstico y aspectos de la vida cotidiana. Entre los hallazgos recientes figuran además diversos objetos relacionados con actividades artesanales, algunos de ellos vinculados al trabajo desarrollado por las mujeres de la comunidad, lo que abre nuevas posibilidades para comprender la organización social del asentamiento medieval.
Mientras tanto, la investigación sobre la ocupación prerromana apenas ha comenzado. Quedan por responder cuestiones esenciales: cuál era la extensión del asentamiento, cuándo se inició exactamente, cuánto tiempo permaneció ocupado y, sobre todo, si puede identificarse como un auténtico castro o responde a otra forma de poblamiento de la Edad del Hierro.
Bibliografía
- Pérez, J. S. L., & Álvarez, J. L. A. (2000). Excavaciones en el poblado del Castro de los Judíos, Puente Castro, León. Campañas 1999-2000. Lancia: revista de prehistoria, arqueología e historia antigua del noroeste peninsular, (4), 221-230. ↩︎


