En diciembre de 2022 hicimos un viaje por la Vía de la Plata que nos llevó desde Asturias a Sevilla. Aproveché para ver algunos lugares increíbles como el teatro de Mérida, pero me sorprendió muchísimo caminar por Itálica. La historia y la relevancia de este asentamiento, uno de los de época romana más tempranos, queda patente en los vestigios que aún conserva (y los que yacen aún bajo Santiponce). Una ciudad romana que, sin duda, hay que visitar.
Un asentamiento turdetano ocupado por el ejército romano
Situada en el actual municipio sevillano de Santiponce, fue fundada en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, después de la batalla de Ilipa, hacia el 206 a.C. Publio Cornelio Escipión estableció allí un asentamiento para soldados heridos y veteranos. Sin embargo, el lugar no estaba vacío: las excavaciones han documentado una ocupación turdetana anterior, de manera que la fundación romana se produjo sobre un territorio que ya estaba habitado.
La posición de Itálica era estratégica. Se encontraba próxima al Guadalquivir y a las rutas que comunicaban el valle con las zonas mineras de Sierra Morena y Huelva. Su ubicación permitía además controlar las comunicaciones entre el valle del Guadalquivir y el litoral atlántico. Durante la República romana la ciudad fue creciendo y romanizándose progresivamente. En época de Augusto se produjo una importante reorganización urbana y, posteriormente, Itálica alcanzó el estatuto de municipio.

Su prosperidad estuvo relacionada con la posición económica de sus élites y con la riqueza agrícola y minera de la región. Algunas familias de Itálica alcanzaron una enorme relevancia política dentro del Imperio. De esta ciudad procedían, precisamente, los emperadores Trajano y Adriano. Es bajo este último emperador cuando la historia de Itálica experimentó un cambio decisivo.
A comienzos del siglo II d.C., el emperador impulsó una enorme ampliación hacia el norte. Es la zona conocida como Nova Urbs, una nueva ciudad que se añadió al núcleo anterior, la Vetus Urbs. Y aquí encontramos una de las cuestiones más interesantes de Itálica: la ciudad que actualmente podemos visitar no corresponde a todo el asentamiento. La Vetus Urbs, la ciudad antigua, se encuentra en buena parte bajo el actual Santiponce. Allí estaba el núcleo fundado durante la República y desarrollado durante los siglos posteriores. De esta zona proceden estructuras como el teatro y las Termas Menores, además de numerosos restos de diferentes épocas.
La Nova Urbs, en cambio, fue una ampliación planificada a gran escala. Se construyó siguiendo un trazado regular, con grandes calles, edificios públicos y enormes viviendas privadas.
Una ciudad monumental
Las calles podían alcanzar una anchura considerable y estaban dotadas de aceras y sistemas de evacuación de aguas. Bajo ellas discurría una compleja red de cloacas. El abastecimiento de agua se realizaba mediante acueductos y depósitos que permitían suministrar agua a las viviendas y edificios públicos.
Las casas de las familias más acomodadas muestran hasta qué punto había llegado la riqueza de las élites de Itálica. Entre las más conocidas se encuentran la Casa de los Pájaros, la Casa del Planetario, la Casa de Neptuno y la Casa de la Exedra.

No eran simplemente grandes viviendas. Algunas ocupaban superficies enormes y estaban organizadas alrededor de patios y peristilos, con numerosas habitaciones destinadas a funciones diferentes. Disponían de sistemas hidráulicos, espacios termales y una decoración arquitectónica y musiva de gran riqueza. En ellas hay un elemento representativo de la ciudad, los mosaicos.
El conocido Mosaico del Planetario, por ejemplo, representa los bustos de los siete dioses asociados a los días de la semana: Saturno, Sol, Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. Su presencia en una vivienda privada nos proporciona información sobre el nivel cultural y económico de las élites que habitaban estas casas y sobre la circulación por la Bética de modelos artísticos y culturales procedentes del mundo romano.

La Casa de los Pájaros es una de las mejores muestras del nivel de riqueza alcanzado por las élites de la Itálica adrianea. Su nombre procede precisamente de los numerosos pájaros representados en sus mosaicos. El pavimento combina motivos geométricos, vegetales y figurados, distribuidos en diferentes paneles, y formaba parte de un programa decorativo mucho más amplio. Como ocurre en otras grandes domus de la Nova Urbs, estos mosaicos no eran únicamente elementos ornamentales: el tamaño de la vivienda, sus patios, peristilos, espacios termales y compleja decoración muestran la capacidad económica de quienes la habitaban.

Otro de los edificios fundamentales de la ampliación fue el Traianeum, un gran complejo monumental dedicado al culto del emperador Trajano. Se encontraba en una enorme plaza porticada y constituía uno de los principales espacios monumentales de la Nova Urbs. Su construcción resulta especialmente significativa porque Trajano había nacido en Itálica y su posterior divinización permitía convertir su memoria en un elemento de prestigio para la ciudad. No lo pudimos ver porque no estaba accesible en aquel momento.
La construcción de la Nova Urbs durante el reinado de Adriano ha generado además un debate interesante entre los investigadores. Durante mucho tiempo se interpretó la ampliación como un intento de convertir Itálica en una especie de residencia imperial o como consecuencia directa de la relación personal de Adriano con la ciudad. Actualmente se tiende a considerar el fenómeno dentro de un contexto más amplio: la monumentalización de las ciudades del Imperio durante el siglo II y la actuación de las élites locales y del poder imperial en la transformación de los espacios urbanos.

La ciudad alcanzó entonces una superficie aproximada de 52 hectáreas, aunque esta cifra debe manejarse con cierta cautela dependiendo de qué límites urbanos se consideren. Además, el espacio arqueológico protegido es considerablemente mayor: unas 116 hectáreas. Las investigaciones mediante técnicas geofísicas han permitido comprobar que bajo el terreno continúan existiendo calles, edificios y estructuras que todavía no han sido recuperados arqueológicamente.
El anfiteatro de Itálica
Me pareció, sin duda, la infraestructura más espectacular del asentamiento. Se construyó probablemente durante el reinado de Adriano, en el siglo II d.C., en el extremo norte de la Nova Urbs y fuera de la zona residencial. El edificio mide aproximadamente 153 metros de longitud por 132 de anchura, mientras que la arena tiene unos 70,6 × 47,3 metros. Su capacidad se ha estimado en torno a 25.000 espectadores.

La cifra resulta especialmente llamativa porque supera ampliamente lo que cabría esperar para la población de una ciudad de estas dimensiones. Esto indica que el anfiteatro no debe entenderse únicamente como un edificio destinado a los habitantes de Itálica. Los espectáculos podían atraer también a población procedente de otros núcleos del territorio. El anfiteatro estaba organizado en diferentes niveles de graderío y disponía de una compleja red de galerías y accesos que permitía distribuir a los espectadores. Como en otros grandes anfiteatros romanos, la posición que ocupaba cada persona estaba relacionada con su estatus social.


En la parte inferior se encontraba la arena, donde tenían lugar los espectáculos. Bajo ella se encontraba uno de los elementos más interesantes que todavía podemos observar: la gran fosa subterránea a la que te puedes asomar desde la arena. Esta estructura, conocida habitualmente como el foso bestiario, estaba cubierta originalmente por una plataforma de madera. Desde allí se podían elevar mediante sistemas mecánicos animales, decorados y otros elementos necesarios para los espectáculos.


El anfiteatro acogía combates de gladiadores, venationes (cacerías y enfrentamientos con animales) y probablemente otros espectáculos relacionados con el calendario festivo de la ciudad. El edificio también tenía una importante función política. Los espectáculos públicos eran una de las principales formas mediante las que las élites locales manifestaban su generosidad ante la población. Financiar juegos, distribuir alimentos o asumir los costes de determinados actos públicos podía reforzar el prestigio y la posición política de quienes los organizaban.
Por eso un anfiteatro de estas dimensiones nos habla tanto de los espectáculos como de la capacidad económica de la ciudad y de sus élites. Actualmente se pueden recorrer una parte de sus galerías, acceder a la arena y observar la estructura de las gradas y del sistema subterráneo.

Os recomiendo que os paréis un momento a mirar alrededor desde la arena para comprender la magnitud de este sitio y tratar de imaginar lo que se sentiría formando parte de ese espectáculo.
Un pequeño museo para entender el yacimiento
El Museo Arqueológico de Sevilla conserva una importante colección de piezas procedentes de la ciudad, y resulta especialmente útil para comprender aspectos de Itálica que las estructuras arquitectónicas por sí solas no permiten conocer, pero en el propio yacimiento hay un aula de interpretación con réplicas y piezas que permiten situarlas en su contexto.

Entre sus piezas destacan las esculturas de los emperadores Trajano y Adriano, representaciones de divinidades y numerosos elementos arquitectónicos y decorativos. La estatua de Trajano es especialmente significativa.
Fue descubierta en Itálica en 1788 y representa al emperador heroizado. Su presencia en la ciudad adquiere un significado especial porque Trajano era originario de Itálica y su figura constituía uno de los principales elementos de prestigio de la comunidad. La escultura de Adriano permite además establecer un vínculo directo con el emperador que transformó radicalmente el urbanismo de la ciudad.
Entre las piezas más conocidas se encuentra también la Diana de Itálica, una monumental escultura de mármol del siglo II d.C. Representa a la diosa Diana como cazadora y conserva buena parte de sus atributos: la túnica corta, las botas, el manto y la diadema. Su calidad artística refleja el nivel de las obras escultóricas que podían encontrarse en los espacios públicos y privados de la ciudad.
Me gustó especialmente la Venus, una representación de Afrodita en el momento de emerger del mar. La estatua, realizada en mármol de Paros y de 2,11 metros de altura, está fechada en el año 117 d.C., ya en el comienzo del reinado de Adriano.

La diosa aparece desnuda y acompañada por un delfín, atributo que permite identificarla con Venus. En su mano izquierda sostiene una hoja de colocasia, mientras que con la derecha, actualmente perdida, debió sujetar el manto a la altura del pubis. En los pliegues del tejido todavía se pueden apreciar restos de policromía rojiza, un detalle especialmente interesante porque nos recuerda que las esculturas romanas no tenían originalmente el aspecto blanco que hoy asociamos al mármol antiguo.
La escultura es además un buen ejemplo de la intensa presencia de modelos escultóricos clásicos en la Itálica del siglo II. El museo señala que se trata de una representación de Afrodita Anadyomene, es decir, Venus emergiendo del mar en el momento de su nacimiento. Su monumentalidad y calidad técnica forman parte del mismo fenómeno de enriquecimiento y monumentalización que encontramos en las grandes casas y edificios públicos de la Nova Urbs.

Para finalizar
Itálica es especialmente interesante porque me imaginaba una ciudad perfectamente conservada y, sin embargo, arqueológicamente es una ciudad incompleta. Además hay otro factor; la ciudad no fue abandonada de forma repentina. Durante la Antigüedad tardía sufrió un progresivo proceso de transformación. Algunas zonas fueron abandonadas, otras reutilizadas y determinados edificios fueron desmontados para recuperar sus materiales.
La ciudad continuó teniendo ocupación durante siglos, aunque ya no con la importancia que había alcanzado durante el Alto Imperio. Con el tiempo, las estructuras quedaron enterradas y el asentamiento desapareció como núcleo urbano. Lo que hoy contemplamos es, por tanto, el resultado de varias fases históricas superpuestas: un asentamiento anterior a la conquista romana, la fundación republicana, el desarrollo de época imperial, la monumentalización de la Nova Urbs durante el siglo II y las transformaciones posteriores de la Antigüedad tardía.



