Uno de los primeros resultados de la intervención arqueológica que dirige Alfonso Fanjul Peraza en este asentamiento fortificado del valle de Aller es el documentar un tramo de la muralla que estaba oculto por derrumbes y por la vegetación. Se trata de uno de los muros exteriores que rodean al promontorio superior del asentamiento, donde se ubicaba una especie de torreón o estructura pétrea cuyos derrumbes han sellado parte de la plataforma original donde se asentaba.
La caja de la pista abierta en los años 90 para dar acceso a una finca próxima debió seguir, afortunadamente, el perímetro de esta fortificación, por lo que se respetó el trazado del muro que apareció en la limpieza estratigráfica que se está llevando a cabo. En ella se está procediendo a buscar elementos que permitan la datación del castro, así como polen y semillas que darán información sobre el entorno donde se asienta. Esa búsqueda llevó a la limpieza de un sector cubierto por arcillas y vegetación bajo el cual nos encontramos el muro.
El trazado de la defensa parece seguir la pendiente natural de la ladera, hoy modificada por la pista forestal que corta horizontalmente el terreno. Aún se conservan varias hiladas de piedra seca, la misma que aparece desperdigada por toda la pendiente desde la cima al fondo del potente foso que se sitúa a sus pies. Los bloques parecen haber sido extraídos del propio terreno, donde en el sector septentrional parecen quedar huellas de una cantera de la que se extrajeron los materiales necesarios para esta tarea.
Cuando buscamos entre la vegetación del sector anexo al sector investigado comprobamos que el muro seguía un tramo más alcanzando aproximadamente los cuatro metros de longitud desde donde apareció. Es probable que se conserve aún más bajo los derrumbes de la zona.
Pero ¿De qué época es?
Es necesario esperar a las dataciones de Carbono 14 que se harán a los materiales proporcionados por la intervención. De momento no es posible atribuirle una fecha de ocupación concreta aunque tanto la distribución de las defensas como las técnicas constructivas y las piezas de cultura material halladas en el entorno apuntan a un asentamiento fortificado de finales de la Edad del Hierro o época romana.
Es evidente que la posición estratégica de este lugar sobre el valle ha hecho que sea un enclave que ha sido reocupado en distintos periodos. Sobre el terreno, mi sensación personal es que la historia de ocupación de este lugar es compleja, puede que nos encontremos con un asentamiento astur y romano debido a esa capacidad de control visual del territorio. La parte superior, en la que ha aparecido el muro, puede estar relacionada con una torre, o bastión militar romano, como las que flanquearon las vías de comunicación tras la conquista.
Hay que esperar a las dataciones y estamos ante un asentamiento que merece la pena investigar más en profundidad porque aporta información clave sobre la historia del poblamiento del valle de Aller y su configuración como territorio que condicionará el desarrollo de su ocupación desde este momento antiguo hasta la actualidad.
Os seguiré informando de los resultados de esta intervención.


