Cuando visitamos Londres tenía apuntadas en mis notas dos cosas. El Museo Británico y la piedra de Londres. Había leído muchas cosas sobre este intrigante vestigio de la historia británica, y me llamaba la atención que su visita fuera tan sencilla como caminar por las calles de la City.
En el número 111 de Cannon Street, como os digo, en el corazón de la City de Londres, se conserva una pequeña pieza de piedra cuya historia se ha ido forjando a golpe de leyendas, pero su origen y función siguen siendo desconocidos. La primera referencia documental a la piedra se remonta a comienzos del siglo XII, aunque el bloque que se puede ver hoy es solamente una parte de una pieza que originalmente fue mucho mayor.

Su posible relación con la Londinium romana es especialmente interesante. La piedra está formada por una caliza oolítica que fue transportada a Londres y utilizada durante época romana. Además, su emplazamiento original se encontraba frente a un enorme complejo monumental romano situado en la zona de la actual Cannon Street, probablemente relacionado con la administración provincial y tradicionalmente identificado como el palacio del gobernador de Britania. Por ello se ha planteado que la piedra pudiera formar parte de algún monumento romano situado delante del edificio. Durante siglos también se afirmó que era un milliario, pero no existe evidencia arqueológica que permita confirmar esta interpretación.

La piedra de Londres ha permanecido durante siglos en el mismo sector de la ciudad. Fue desplazada varias veces y terminó integrada en la iglesia de St Swithin’s, antes de ser instalada en el edificio actual. Hoy puede contemplarse en su ubicación de Cannon Street, convertida en uno de los vestigios más curiosos de la historia de Londres.



