Recuerdos de Pompeya

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Tengo la suerte de poder decir que uno de mis primeros yacimientos arqueológicos visitados fuera de España fue la popular ciudad romana sepultada bajo las cenizas del Vesubio. Recuerdo con precisión las sensaciones al caminar por las calles empedradas de la ciudad, y la presencia agobiante del volcán en el horizonte.

En este post os cuento algunas notas, no toda la visita, ya que además tuvimos un problema de logística y nos quedamos sin cámara de fotos, así que sólo teníamos una cámara de vídeo de la que pude extraer con mucho tiempo imágenes estáticas. Algunas de ellas son las que veis en este post, en las que he utilizado IA para estabilizarlas y corregir nitidez.

Unas notas sobre Pompeya

Fue fundada probablemente entre los siglos VII y VI a. C. y se desarrolló como un importante asentamiento de la Campania, situado junto al golfo de Nápoles y próximo al monte Vesubio. La ciudad estuvo inicialmente bajo influencia griega y desde el siglo III a. C. entró en la órbita de Roma y en el siglo I a.C. pasó a convertirse en una colonia romana. Experimentó un notable crecimiento urbano y económico, favorecido por su posición estratégica y por la agricultura, especialmente la producción de vino y aceite.

En época imperial, Pompeya era una ciudad próspera, con unos espacios públicos monumentales, viviendas privadas decoradas con pinturas y mosaicos, comercios, talleres y edificios de espectáculos. En el año 62 d. C. sufrió un fuerte terremoto que provocó importantes daños, muchos de los cuales todavía estaban siendo reparados cuando se produjo la catástrofe definitiva. En el año 79 d. C., actualmente se considera posible una fecha en otoño, el Vesubio entró en erupción. Una sucesión de explosiones, lluvias de ceniza y materiales volcánicos cubrió Pompeya, provocando la muerte de buena parte de sus habitantes y sepultando la ciudad bajo varios metros de depósitos volcánicos.

Una calle típica pompeyana.  Foto del autor.
Una calle típica pompeyana. En medio de la vía veis las piedras para cruzar. Hace unos días vi algo muy similar en Numancia. Foto del autor.

El enterramiento permitió conservar de manera excepcional calles, edificios, objetos cotidianos e incluso restos de sus habitantes, convirtiendo Pompeya en una de las principales fuentes para conocer la vida urbana del mundo romano. Aunque la ciudad fue parcialmente expoliada y olvidada durante siglos, las primeras excavaciones sistemáticas comenzaron en el siglo XVIII bajo el reino de Nápoles. Desde entonces, las investigaciones arqueológicas han continuado hasta la actualidad, revelando progresivamente nuevos sectores y proporcionando una imagen extraordinariamente detallada de la sociedad romana del siglo I d. C.

Una sensación abrumadora

Cualquiera que haya visitado este lugar os podrá asegurar que la sensación que se tiene al caminar por sus calles va más allá de visitar un yacimiento arqueológico. Tienes la sensación de estar caminando por una ciudad, sin más. Es evidente que estás entre ruinas, pero el grado de conservación, la altura de los muros o algunos elementos dentro de las diferentes domus y villas resulta chocante. Es un verdadero viaje en el tiempo.

Pero no os engaño, lo que menos me gustó fue la cantidad de turistas que abarrotaban esas calles, algo que hoy está más controlado ya que se limita el número de visitantes, aún así, como la visitamos un día de septiembre a primera hora, aún pude grabar algunos sitios sin gente.

La sensación de estar caminando por una ciudad de hace 2000 años es brutal. Foto del autor.
La sensación de estar caminando por una ciudad de hace 2000 años es brutal. Foto del autor.

Otra cosa que los visitantes no tenemos en cuenta es que es una ciudad, paraos a pensarlo, una ciudad completa de la que hay excavada sólo una parte pero que es lo suficientemente grande como para no recorrer completa en un sólo día. Hace poco veía un documental sobre ella y una de las arqueólogas que la estudia decía que ella no había pisado algunas partes de Pompeya, así que lo normal es que recorras algunos de los sectores más conocidos y sus edificios más representativos. En ellos se esconden algunas joyas.

Unas pinturas de la Casa de los Vettii

La Villa de los Vetii es una de las residencias privadas más destacadas de la ciudad y es, probablemente, uno de los mejores ejemplos de arquitectura doméstica romana. Perteneció a Aulo Vetio Restituto y Aulo Vetio Conviva, que fueron dos libertos enriquecidos que alcanzaron una posición económica notable, algo excepcional ya que, como digo, sufrieron esclavitud infantil. La vivienda destaca especialmente por sus ricos programas pictóricos, entre los que sobresalen las pinturas del llamado Cuarto Estilo, y por su célebre jardín, decorado con esculturas, fuentes y elementos arquitectónicos.

Una de las salas muestra estas pinturas en la que se representa a Príapo con su característico falo, símbolo de la prosperidad y fertilidad.

Pinturas murales de la casa de los Vetti, Pompeya. Foto del autor.
Pinturas murales de la casa de los Vetti, Pompeya. Foto del autor.

Fuentes como expresión de poder

Se trata de una lujosa villa de la regio VI que destaca por sus pinturas y por la presencia de esta fuente que es la que le da nombre y es una de las más fotografiadas de la ciudad. Una anécdota es que ahora ya no hay vegetación a sus pies como cuando yo la visité y está musealizada de manera que se ha protegido la estructura de la humedad.

Cualquiera de las villas de gente prominente de la ciudad supera en lujo a lo que estamos acostumbrados. La apariencia formaba parte de la vida de esta gente y la ostentación era una manera de expresión de poder. Esta villa, que tiene alguno de los mosaicos más importantes conservados en Pompeya, no es ni siquiera la más lujosa, pero es de las mejor conservadas. Creo que hoy no se podría hacer esta foto tan de cerca, pero antes podías tocarla.

La fuente pequeña que da nombre a una de las villas más famosas de Pompeya. Foto del autor, 2005
La fuente pequeña que da nombre a una de las villas más famosas de Pompeya. Foto del autor, 2005

Al lado, siguiendo la vía de Mercurio, se encuentra la casa de la fuente grande, cuyo nombre le viene de esta espectacular fuente. Invita a pensar en la rivalidad a la hora de exhibir el poder en las clases adineradas de la ciudad.

El agua era uno de los recursos que permitía hacer ver la capacidad económica de la familia. Pompeya tiene fuentes públicas por toda la ciudad donde los ciudadanos podían abastecerse gratuitamente de agua. Sin embargo, las clases pudientes tenían sus propias canalizaciones de agua corriente en las casas, con agua para uso doméstico pero también fuentes decoradas ricamente. Cuando visitas la ciudad, sobre todo en los meses de verano, el calor es sofocante y te haces una idea del valor añadido que sería tener agua corriente y fuentes en la casa.

La fuente que da nombre a la casa de la fuente grande de Pompeya. Foto del autor, 2005
La fuente que da nombre a la casa de la fuente grande de Pompeya. Foto del autor, 2005

Uno de los símbolos de Pompeya, el fauno

Quizá la casa más conocida sea la del Fauno, llamada así por la estatua de bronce que representa a esta criatura mitológica. Se trata e una de las villas aristocráticas más lujosas del Imperio y está allí, en Pompeya. Fue construida en el siglo II a.C. y tiene 3000 metros cuadrados de superficie, imaginaos.

El fauno fue descubierto en la primera mitad del siglo XIX y se ubicaba en el centro de un impluvium, un pequeño estanque, en uno de los atrios de esta enorme villa. La estatua que se ve en Pompeya es una réplica, por cierto, la original está en el Museo Arqueológico Nacional, en Nápoles. Dicen de ella que es probablemente la estatua de bronce de mayor calidad de la ciudad.

La réplica de bronce de la casa del fauno en Pompeya. Foto del autor, 2005
La réplica de bronce de la casa del fauno en Pompeya. He visto grabados del siglo XIX con turistas de la época visitando la casa y al fauno :). Foto del autor. 2005

La vida cotidiana

Una cosa que recuerdo que me llamó la atención fue que entre tantas residencias de lujo no es difícil percibir la vida cotidiana de la gente común, aquellos que constituían sin duda la mayor parte de la población pompeyana. Por ejemplo, hay muchos termopolios, es decir, puestos de comida rápida o tabernas. Son pequeños locales que tienen una barra como esta. Dentro de cada uno de esos recipientes de los que véis la boca en la barra, se encontraban distintos tipos de comida que se servía continuamente. Creo que son una de las imágenes típicas de Pompeya.

Un termopolia o local de comida rápida de Pompeya. Foto del autor
Un termopolia o local de comida rápida de Pompeya. Foto del autor

Otro elemento típico de la ciudad que siempre aparece en los documentales y en las guías de viaje son estas piedras de paso que servían para cruzar la calle sin tener que pisar el fondo de la misma por donde se acumulaban las basuras y desperdicios, orina de los animales, etc… Cuando llueve en Pompeya, y a veces lo hace torrencialmente, la profundidad de las calles permite canalizar todo ese torrente de agua que seguro que era vista con alivio por los habitantes de la ciudad al arrastrar la porquería de las calles.

Es algo común a varias ciudades romanas. Yo las fotografié también en Itálica, Andalucía, y hace unos días en Numancia.

Piedras de paso de las calles de Pompeya. Foto del autor.
Piedras de paso de las calles de Pompeya. Foto del autor.

Otro de los objetos que nos habla del comercio y la vida cotidiana de Pompeya es la Mensa Ponderaria. Es un enorme bloque de piedra que tiene una serie de cavidades con una capacidad precisa para medir cantidades. Fue ordenada construir por Aulus Clodius Flaccus y Numerius Arcaeus Arelianus, dos magistrados locales. Su función era estandarizar las medidas y evitar fraudes. Estaba en el foro civil y podía ser usada por cualquier ciudadano.

Mesa ponderaria de Pompeya. Foto del autor, 2005
Mesa ponderaria de Pompeya. Foto del autor, 2005

La vida pública

La sociedad pompeyana se entretenía en lugares como el foro, donde estaban templos, termas, etc… estas últimas se ubicaban también en otros lugares de la ciudad. También tenía, cómo no, un excepcional teatro. La erupción del Vesubio permitió conservar el interior de algunos edificios que resistieron a los incendios. El estado de conservación era excepcional cuando los desenterraron y siguen siendo impresionantes.

Uno de los que más me gustó fue este tepidarium de las termas del Foro de Pompeya que conserva las pinturas y la decoración interior (ha sido restaurado) de una manera excepcional. Entrar en él es entrar literalmente en edificio romano conservado tal cual.

Tepidarium de las termas del foro de Pompeya. Foto del autor, 2005
Tepidarium de las termas del foro de Pompeya. Foto del autor, 2005

El teatro grande tenía capacidad para 5000 personas, que es más o menos la mitad de la población total de la ciudad en aquel momento. Se construyó excavando las gradas en la ladera y tuvo que ser reformado tras el terremoto del 68 d.C. Había otro teatro, el pequeño, que era cubierto. Aparte estaba el anfiteatro, que no estaba destinado a representaciones teatrales sino a la lucha de gladiadores, fieras, etc…

En las gradas del teatro grande de Pompeya. Foto del autor, 2005
En las gradas del teatro grande de Pompeya. Foto del autor, 2005

La gran erupción

En el año 79 d. C., el Vesubio entró en una violenta erupción que sepultó Pompeya, Herculano y otros asentamientos de su entorno bajo una combinación de cenizas, lapilli y flujos piroclásticos. La erupción comenzó probablemente el 24 de agosto, según la tradición basada en Plinio el Joven, aunque algunos datos arqueológicos y hallazgos recientes han llevado a situarla en otoño. La acumulación de materiales volcánicos provocó el derrumbe de edificios y, posteriormente, la llegada de corrientes piroclásticas extremadamente calientes que causaron la muerte de buena parte de quienes permanecían en la ciudad. Pompeya quedó finalmente cubierta por varios metros de depósitos volcánicos, lo que contribuyó a conservar de manera excepcional sus calles, edificios, pinturas y objetos.

En primer plano el templo de Júpiter en Pompeya. Al fondo el Vesubio. Fotografía del autor, 2005
En primer plano el templo de Júpiter en Pompeya. Al fondo el Vesubio. Fotografía del autor, 2005

Uno de los testimonios más impactantes de la catástrofe son los moldes de las víctimas. Seguro que habéil leído muchas veces que cuando los cuerpos quedaron sepultados por la ceniza, la materia orgánica se descompuso y dejó cavidades con la forma de los cadáveres en el depósito volcánico. Durante las excavaciones del siglo XIX, los arqueólogos comenzaron a rellenar estas cavidades con yeso, obteniendo moldes que reproducen la posición y, en algunos casos, detalles de la ropa y el cuerpo de las personas en el momento de su muerte.

Se pueden ver en varias partes de la ciudad y de una manera muy explícita te recuerdan que lo que estás viendo es gracias a una triste catástrofe que mantuvo intacto todo esto.

Uno de los yacimientos más increíbles del Imperio romano

Pompeya es diferente a todo lo que puedas ver si buscas arqueología de época romana. Herculano está a corta distancia y todo el mundo dice que es aún mejor y con mucha menos gente. Yo no la he visitado aún. Hay otros lugares donde se han desenterrado prácticamente ciudades completas, pero como aquí no hay nada parecido.

Caminar por sus calles de 2000 años de antigüedad, entrar en sus edificios, admirar su arte, edificios públicos y templos es una experiencia de primer nivel. Si puedes vuelve, no lo vas a ver todo de un golpe y seguramente no sea la mejor manera de conocerlo, no olvides que es toda una ciudad llena de ecos de la vida cotidiana.

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Me apasiona la historia de Asturias y los astures en todas sus facetas. Pateando museos y yacimientos. Excavando cuando puedo y divulgando como mejor sé.

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