Évora me recuerda en muchos aspectos a otra ciudad romana que conozco bien, Astorga. Un pequeño cerro en una planicie, dio cobijo a un importante asentamiento romano en un nudo de comunicaciones del sur de Lusitania. En el punto más elevado de este lugar se erige, imponente, el que tradicionalmente se conoce como Templo de Diana.
Lo cierto es que su estampa en una de las plazas más importantes de la ciudad, se ha convertido en símbolo representativo de ésta. Pero el edificio en sí es también un ejemplo de cómo la arqueología puede transformar lo que conocemos de un monumento que está ante nuestros ojos. Lo digo porque aunque se creyó durante doscientos años que estaba dedicado a Diana, lo cierto es que la investigación arqueológica ha desmentido esta interpretación y colocado al monumento en su contexto. Os lo cuento.

Un templo en el corazón de Ebora Liberalitas Iulia
El templo ocupó un lugar privilegiado en la ciudad romana que descansa bajo el suelo de la actual Évora. La plaza donde se sitúa formaba parte del foro de la ciudad por lo que se pueden visitar en sótanos demás de algunos edificios cercanos. El templo se comentó a construir en el siglo I d.C. durante el Principado de Augusto, pero experimentó algunas modificaciones posteriores que han sido documentadas en las investigaciones arqueológias practicadas en su entorno.
Por ejemplo se sabe que no era un templo exento, como parece ahora, es decir, no estaba aislado de ostras construcicones. A finales del siglo pasado las intervenciones arqueológicas en la plaza, revelaron un suelo pavimentado del foro y edificaciones hidráulicas en su entorno que incluían grandes depósitos y estanques que producían un efecto espejo en torno al edificio y constituían un conjunto monumental mucho más complejo.

Arquitectura monumental
En el templo se percibe un programa de arquitectura religiosa romana de tradición clásica, con una planta rectangular de 25×15 metros que se asentaba en un podio de 3.5 metros de altura, hoy inaccesible al haberse extraído gran parte de la piedra de los últimos escalones.
Se trata de un emplo hexástilo y períptero, es decir, contaba con seis columnas en la fachada y una columnata que lo rodeaba. El orden era corintio, por si os interesa el dato.
En él se combinaron materiales de diversas procedencias. Por ejemplo, el podio se construyó en granito, igual que los fustes de las columnas, pero los capiteles y las basas son de marmol procedente de las canteras de Estremoz, situadas cerca de la ciudad. La disponibilidad de materiales constructivos de gran calidad es una de las señas de identidad de las construcciones romanas de la zona.
Hoy se conservan 14 columnas y la base de otra, y también la mayor parte del podio, pero lo que vemos hoy está alterado por distintas intervenciones a lo largo de los siglos y no es exactamente lo que verían los habitantes de Ebora Liberalitas Iulia.

Un templo que fue un matadero
Curiosamente, la buena conservación del templo se debe a que fue reutilizado a lo largo del tiempo. Ya a finales del Imperio había experimentado varias modificaciones. En la Edad Media formaba parte de las defensas de la ciudad y se transformó en una especie de torre que quedó incorporado a construcciones que preservaron el podio y parte de la estructura.
Durante siglos en él se ubicó el açougue, es decir, el matadero munidical de Évora, en funcionamiento hasta 1863 en este lugar. El edificio romano sería irreconocible entonces, oculto bajo construcciones medievales y modernas pero que, a cambio, preservaron las columnas y otros elementos. Es a finales del siglo XIX cuando se plantea la recuperación del templo1.
¿Un templo dedicado a Diana?
Los autores de época medieval y moderna ya reconocían que en aquel lugar existían restos de arquitectura romana. Sin embargo, la identificación concreta como templo aparece mucho más tarde. En el siglo XVII, el jesuita Manuel Fialho relacionó las ruinas con un supuesto templo dedicado a Diana y con las tradiciones que vinculaban los orígenes de Évora al general romano Sertorio.
La historia resultó especialmente atractiva y terminó convirtiéndose en tradición. Durante siglos el edificio pasó a ser conocido como «Templo de Diana», una denominación que todavía hoy continúa utilizándose, aunque no existe ninguna evidencia arqueológica que demuestre que Diana fuera la divinidad titular del templo. De hecho, lacuestión de la advocación es uno de los principales problemas arqueológicos del edificio.
Durante mucho tiempo se propusieron diferentes posibilidades, entre ellas Diana o Júpiter. Sin embargo, las investigaciones desarrolladas por el Instituto Arqueológico Alemán, especialmente las excavaciones dirigidas por Theodor Hauschild y los estudios posteriores de Felix Teichner, permitieron reinterpretar el templo dentro del contexto monumental del foro de Ebora Liberalitas Iulia.
Los trabajos arqueológicos desarrollados desde finales de los años ochenta y durante la década de 1990 permitieron estudiar no solo el edificio, sino también su relación con el foro, el pavimento y las estructuras hidráulicas que lo rodeaban. Los resultados fueron publicados posteriormente en diversos trabajos de Hauschild2 y, de manera más extensa, en la monografía Der Römische Tempel in Évora (Portugal), publicada en 2017.
El contexto histórico y arquitectónico apunta actualmente hacia el culto imperial. Más concretamente, se ha propuesto que el templo estuviera dedicado a Augusto, cuya figura fue objeto de culto en las ciudades del Imperio. Esta interpretación encaja además con la posición dominante del edificio dentro del foro y con el papel político y religioso que este tipo de templos desempeñaba en las ciudades romanas.

Recuperando un templo del siglo I d.C.
En torno a 1840, los trabajos impulsados por Joaquim Heliodoro da Cunha Rivara permitieron eliminar algunas construcciones adosadas al monumento y realizar excavaciones alrededor del podium. En ellas aparecieron estructuras hidráulicas asociadas al edificio. Sin embargo, parte de estos restos fueron destruidos posteriormente durante las obras de acondicionamiento del espacio urbano. En la década de 1860, Augusto Filipe Simões, director de la Biblioteca Pública de Évora, defendió la necesidad de eliminar las estructuras posteriores que ocultaban la arquitectura romana.
Finalmente, en 1870-1871, el arquitecto italiano Giuseppe Cinatti dirigió una importante intervención destinada a liberar las estructuras romanas. Se desmontaron buena parte de las construcciones medievales y modernas que ocultaban el templo, dando lugar a la imagen monumental que conocemos actualmente. Fue una intervención propia de la concepción decimonónica del patrimonio: buscaba recuperar la apariencia romana del edificio, aunque para ello eliminó también parte de las transformaciones históricas acumuladas durante la Edad Media y la Edad Moderna. La restauración de Cinatti terminó convirtiendo al templo en uno de los principales símbolos de Évora.
Bibliografía
- Cátedra, M. (2011). La reconstrucción de una ciudad: la restauración del Templo de Diana de Évora/The rebuilding of a city: the restoration of the Temple of Diana in Évora. Revista de antropología social, 20, 309. ↩︎
- Hauschild. T. (1991) El templo romano de Évora. Templos Romanos de Hispania. Cuadernos de arquitectura romana, vol. 1. pp. 101-117. Lisboa ↩︎


