Las excavaciones arqueológicas desarrolladas este año en la sima de La Sobia, en el concejo de Teverga, han sacado a la luz un excepcional conjunto de armas y elementos de armamento que podrían aportar nueva información sobre las prácticas sociales y simbólicas de las comunidades que habitaron las montañas asturianas durante la Prehistoria reciente y los inicios de la época romana.
Los trabajos, dirigidos por el arqueólogo Alfonso Fanjul Peraza con la colaboración de la Universidad de Kiel, han permitido recuperar varios objetos metálicos en uno de los sectores más profundos de la cavidad. Entre ellos destaca una punta de lanza de hierro, considerada uno de los hallazgos más relevantes de la campaña y que veis arriba.
Junto a la lanza apareció también una contera de funda de espada fabricada en bronce, además de otras evidencias de armamento que todavía se encuentran en proceso de estudio. La naturaleza de los hallazgos y su localización en el interior de la sima plantean la hipótesis de que se trate de depósitos de armas realizados de forma intencionada.
La posición de las piezas resulta especialmente significativa. Todas proceden de una de las zonas más profundas de la cavidad, lo que hace improbable una acumulación casual. Es posible que las armas fueran arrojadas deliberadamente al interior de la sima o depositadas allí como parte de prácticas rituales o simbólicas.
Los primeros análisis sugieren además que estos depósitos no pertenecen a un único momento histórico. Algunas evidencias parecen remontarse a la Edad del Bronce, mientras que otras aparecidas ya en la campaña de 2021 situaban este lugar entre los últimos siglos de la Edad del Hierro y el proceso de romanización del territorio astur, una etapa marcada por profundas transformaciones políticas, económicas y culturales.

¿Un espacio ritual utilizado durante milenios?
El hallazgo de armas en cuevas y simas es un fenómeno conocido en distintos puntos del norte peninsular. El más cercano y con cierto paralelismo con este contexto es el de la sima de la Cerrosa en Peñamellera Baja, en cuyo descubrimiento también participó Alfonso Fanjul Peraza. En algunos casos, estos depósitos han sido interpretados como ocultamientos realizados en contextos de conflicto o inestabilidad. En otros, se relacionan con prácticas rituales, mediante las cuales determinados objetos eran entregados a espacios considerados sagrados o vinculados al mundo de los ancestros.
Los investigadores han señalado que las armas recuperadas no parecen guardar relación directa con los restos humanos hallados anteriormente en la cavidad, cuya cronología es mucho más antigua. Esta circunstancia refuerza la idea de que la sima de La Sobia fue utilizada con diferentes finalidades a lo largo de varios milenios.
El yacimiento fue descubierto en 2001 y desde entonces había proporcionado importantes hallazgos de restos humanos y fauna localizados en superficie. La campaña de 2026 constituye la primera intervención arqueológica realizada en profundidad dentro de la cavidad.
Además de la recuperación de materiales arqueológicos, los trabajos incluyen la obtención de muestras polínicas destinadas a reconstruir la evolución del paisaje y del medio ambiente en la montaña cantábrica a lo largo del tiempo.
La investigación cuenta con financiación de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, la Fundación Caja Rural de Asturias, el Ayuntamiento de Teverga, ASEAMO y la DOP Sidra de Asturias.


