La campaña arqueológica de 2026 en Lucus Asturum: nuevos datos

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Durante el mes de julio se desarrolló una nueva campaña arqueológica en Lucus Asturum (Lugo de Llanera, Asturias), uno de los principales asentamientos romanos del territorio de los antiguos luggones y una de las mansiones documentadas en el Itinerario de Antonino. La intervención, dirigida nuevamente por Esperanza Martín, se planteó como una continuación de las investigaciones realizadas en campañas anteriores, con un objetivo muy concreto: contrastar mediante excavación las anomalías detectadas previamente por georradar y avanzar en la identificación de las estructuras que conformaron el núcleo romano.

Aunque los titulares de prensa se han centrado en el hallazgo de un enterramiento considerado singular, los resultados de la campaña permiten realizar una lectura más amplia sobre la evolución del yacimiento y sobre las dificultades que todavía plantea su interpretación.

La búsqueda de la ciudad romana

Desde hace años, las excavaciones en Lucus Asturum persiguen un objetivo que sigue abierto: comprender la organización del asentamiento romano y localizar sus edificios e infraestructuras. Las prospecciones geofísicas realizadas en campañas anteriores identificaron diversas anomalías susceptibles de corresponder a construcciones antiguas. La campaña de 2026 amplió el área excavada precisamente para verificar esas señales.

Hasta el momento, las informaciones difundidas indican que esas estructuras todavía no han podido documentarse de forma concluyente. Sin embargo, esta circunstancia no debe interpretarse como un resultado negativo. Peor bueno, ya sabéis que en arqueología, descartar hipótesis también constituye un avance, ya que permite redefinir las áreas de investigación y ajustar la interpretación de los datos obtenidos mediante técnicas no invasivas.

Un enterramiento privilegiado pendiente de interpretación

Si existe un elemento que campaña tras campaña continúa ampliando nuestro conocimiento del yacimiento es la extensa necrópolis medieval asociada a la iglesia de Santa María de Lugo. Durante la intervención de 2026 se documentaron al menos nueve nuevos enterramientos, que se suman a los ya conocidos en campañas anteriores. Cada ampliación del área excavada confirma que el espacio funerario tuvo una extensión considerable y que la reutilización medieval del enclave fue mucho más intensa de lo que inicialmente se pensaba.

Entre los hallazgos de la campaña destaca un enterramiento que ha llamado especialmente la atención del equipo investigador. Se trata de un individuo juvenil, de entre 15 y 21 años según la estimación inicial, inhumado bajo una gran losa de piedra y localizado en una posición central dentro del edificio religioso excavado.

Esperanza Martín preparando la gran losa de la tumba para su extracción. Fuente RRSS
Esperanza Martín preparando la gran losa de la tumba para su extracción. Fuente RRSS

No es únicamente la presencia de la losa lo que convierte este hallazgo en excepcional, sino, sobre todo, el lugar elegido para la sepultura. En las iglesias medievales el espacio funerario no era homogéneo: la proximidad al altar o al interior del templo constituía un privilegio reservado a un número reducido de individuos. La ubicación de las tumbas respondía a una jerarquía social y religiosa bien definida, de manera que los enterramientos situados en las zonas más destacadas del edificio suelen asociarse a personajes de especial relevancia dentro de la comunidad, ya fueran eclesiásticos, benefactores o miembros de las élites locales.

Precisamente por ello, la directora de la excavación ha calificado este enterramiento como «anómalo», al encontrarse en un espacio que, en principio, no correspondería a un miembro cualquiera de la población. Sin embargo, por el momento esta consideración debe entenderse únicamente como una observación arqueológica derivada de su posición dentro del edificio, no como una identificación de su condición social.

Será el estudio antropológico el que permita obtener nuevos datos sobre este individuo. El análisis de los restos óseos podrá precisar su edad y sexo biológico, detectar posibles patologías, valorar indicadores de actividad física, identificar episodios de estrés fisiológico sufridos durante la infancia e incluso aportar información sobre su dieta o su lugar de procedencia si en el futuro se realizan análisis isotópicos. Todos estos datos serán esenciales para contextualizar el enterramiento dentro de la comunidad medieval de Lucus Asturum.

En este sentido, conviene evitar interpretaciones apresuradas. La posición privilegiada de la tumba constituye un indicio arqueológico de gran interés, pero por sí sola no permite determinar quién fue esta persona ni cuál era su papel dentro de la comunidad. Solo la publicación científica de los resultados permitirá valorar el verdadero alcance de este descubrimiento, que representa uno de los hallazgos más relevantes de la campaña de 2026.

La presencia constante del pasado romano

Aunque las estructuras constructivas buscadas todavía no hayan aparecido con claridad, el registro romano continúa estando muy presente en la excavación. Las noticias publicadas mencionan la recuperación de fragmentos de terra sigillata hispánica y gálica, cerámica común y vidrio romano, materiales que aparecen reutilizados en contextos posteriores.

Este tipo de hallazgos confirma que el asentamiento romano se encontraba en las inmediaciones del área excavada y que parte de sus construcciones fueron desmanteladas o reaprovechadas durante la ocupación medieval. Se trata de una circunstancia habitual en numerosos yacimientos donde los edificios antiguos sirvieron durante siglos como cantera de materiales para nuevas construcciones.

En este sentido, los materiales recuperados continúan aportando información sobre la ocupación romana del enclave, incluso cuando no aparecen asociados directamente a edificios conservados.

Un yacimiento con enormes posibilidades

Lucus Asturum sigue siendo uno de los yacimientos romanos más prometedores del norte peninsular. Las fuentes clásicas lo identifican como una de las principales estaciones viarias del territorio astur, pero el conocimiento arqueológico de su trazado urbano continúa siendo parcial.

Las investigaciones desarrolladas durante las últimas décadas han permitido reconocer la existencia de una ocupación romana de entidad, así como una intensa reutilización medieval del espacio. Sin embargo, siguen abiertas numerosas cuestiones fundamentales: cuál fue la extensión real del asentamiento, cómo se organizaban sus edificios, qué funciones desempeñaba dentro de la red viaria del conventus Asturum y cuál fue la evolución del enclave entre el Alto Imperio y la Alta Edad Media.

La campaña de 2026 no resuelve todas estas preguntas, pero sí aporta nuevos datos que ayudan a delimitar mejor el problema arqueológico y orientan las futuras líneas de investigación.

La documentación de nuevos enterramientos, la recuperación continuada de materiales romanos y la comprobación sobre el terreno de las anomalías detectadas mediante georradar forman parte de ese proceso. Será la futura publicación científica de los resultados la que permita valorar con precisión el alcance de los hallazgos realizados este verano y su contribución al conocimiento de uno de los enclaves romanos más importantes de la Asturias antigua. Permaneced atentos.

Astures
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Me apasiona la historia de Asturias y los astures en todas sus facetas. Pateando museos y yacimientos. Excavando cuando puedo y divulgando como mejor sé.

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