Materiales de la Campa Torres encontrados en un búnker del Museo gijonés. Foto LNE

El tema del que os escribo en este post supuso un enorme escándalo mediático en la arqueología asturiana hace más de 10 años, y hoy vuelve a estar de actualidad ya que parece que se va a resolver, de alguna manera, la parte científica en los próximos meses. Precisamente por ese motivo me animo a escribirlo, para que sepamos el alcance de las próximas investigaciones que se van a desarrollar en el castro de la Campa Torres.

Todo lo que vais a leer fue publicado en los medios de comunicación y está disponible en las distintas hemerotecas. Me leí una a una las noticias publicadas en los distintos medios y cada declaración a la prensa o cada noticia nueva me parecía más surrealista.

En España tenemos una ley de Patrimonio Histórico que obliga a entregar los objetos obtenidos de cualquier excavación arqueológica debidamente inventariados. Es de conocimiento público que en las cuatro últimas décadas, en muchos yacimientos castreños, no se ha cumplido. En la Campa sorprende mucho más ya que además es  BIC (Bien de Interés Cultural).

Una breve descripción de los hechos

Era el mes de abril de 2010 cuando salía en la prensa regional la sorprendente noticia. En un búnker anexo al museo del yacimiento de la Campa Torres se almacenaban al menos 20.000 objetos recogidos en las excavaciones llevadas a cabo en los años 80 y 90 por parte de Jose Luis Maya y Francisco cuesta. Lo cierto es que las cajas habían aparecido en la primavera de 2009 pero la noticia no trascendió a los medios hasta casi un año después, tras el procedimiento de catalogación y preservación por parte de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón.

Hemeroteca: las cajas de materiales de la Campa Torres encontradas en un búnker
Otro grupo de cajas y bolsas de los restos almacenados en el búnker. Foto LNE

En Marzo de 2019 Angel Villa Valdés notifica al Ayuntamiento de Gijón y al Museo Arqueológico de Asturias, (para el que había acudido al museo de la Campa Torres  a seleccionar piezas del asentamiento), la existencia de ese depósito. A la larga este hecho le supondría un desagradable proceso que quedó resuelto años después de los hechos.

Hoy en día sería impensable que se procediese de esta manera en una excavación promovida por el Principado de Asturias, pero hace unas décadas estas cosas sucedían. De cualquier forma, el enorme volumen de objetos significó un «escándalo» arqueológico por aquel entonces que conecta con la actualidad como veréis al final de este artículo.

Ya entonces llamaba la atención el hecho de que el material extraído de un yacimiento de las dimensiones de la Campa fuera tan escaso. Supongo que os hacéis idea de todo lo que sale cuando excavas un sector de 3×3 metros entre cerámicas, restos óseos, carbones o fragmentos de metales, etc… de cualquier asentamiento donde haya habido una actividad habitacional cotidiana, ya no os digo nada si en la excavación aparece un basurero. En la Campa Torres se excavaron un total de ocho viviendas en un sector que, según las dataciones obtenidas, habría estado ocupado al menos ocho siglos. Imaginaros la cantidad de evidencias arqueológicas que pueden encontrarse.

Cajas recuperadas en la Campa Torres. Foto LNE abril 2010
Cajas recuperadas en la Campa Torres. Es evidente el mal estado de conservación. Foto LNE abril 2010

Todos esos objetos, hasta el que parece más inservible, proporcionan información sobre el yacimiento, procedencia de las cerámicas, dieta, etc. por tanto es necesario catalogarlos correctamente y tenerlos disponibles para su estudio.

Eran los años 90 del siglo pasado, y parece que ni los responsables de las excavaciones como las autoridades locales echaron en falta dichas cajas de materiales, incluso después de que en 1996 se paralizasen las obras por ciertas «irregularidades» que fueron corregidas y permitieron continuar excavando. Las autoridades no hicieron nada por seguir controlando aquella situación o ya habían sido llevados al búnker antes de ese año. Esas irregularidades hacían referencia a la metodología utilizada por Maya-Cuesta en cuanto a la interpretación de la antigüedad de la muralla de módulos, y en cuanto al deficiente trato de los materiales extraídos, como digo, siempre estuvo presente la pregunta de dónde estaban el resto de evidencias arqueológicas del castro.

El director de Turismo y Patrimonio del Principado de Asturias, José Luis Vega, declaró en la prensa que la Adminsitración regional compartía con el Ayuntamiento de Gijón desde 2006 varios acuerdos de colaboración que incluían el depósito en sus instalaciones de materiales. En 2010, recién estrenado su cargo, afirmó que «los materiales han estado y están claramente siglados, es decir, identificados según las directrices remitidas en aquella época por el Jefe de Servicio siguiendo las indicaciones que, en su momento, se dieron».

El problema es que los etiquetados no sobrevivieron al abandono en el búnker.

Los materiales

En total se recuperaron 378 cajas de 30x20cm aproximadamente, de material en un estado de conservación deplorable. El lote estaba compuesto por bronces, huesos la mayor parte, (una caja con restos humanos procedentes de la muralla), ánforas, crisoles etc que estaban recogidos en cajas y etiquetados.

Cuesta declaró a El Comercio que se trataba de objetos metálicos, que ponen de manifiesto el carácter metalúrgico del poblado, «sobre todo, objetos de adorno personal como pendientes, colgantes, placas de cinturón, anillos, tachuelas, brazaletes y hasta pinzas de depilar, piezas éstas últimas muy curiosas por cuanto reflejan la escasa evolución que ha tenido un objeto hoy todavía tan en uso.

Los bronces ofrecen un aspecto increíble. Los expertos que los han visto están en condiciones de asegurar que el alma de la aleación fue realmente bueno precisamente por el estado de conservación con el que han llegado hasta nuestros días. Tan sólo los cloruros propios del bronce han teñido de un color turquesa parte de las alhajas, una tonalidad que desaperecerá en cuanto sean sometidas a restauración.»

Hemeroteca: las cajas de materiales de la Campa Torres encontradas en un búnker
RESTOS ARQUEOLOGICOS DE LA CAMPA DE TORRES EN XIXÓN.23 04 2010.
FOTO JOAQUÍN PAÑEDA.

«De las más de 15.000 piezas encontradas, 8.322 aportan información fundamental para describir los rasgos sociales de los cilúrnigos. El resto ayuda a complementar las investigaciones» escribían por aquel entonces.

Según describen en la prensa de la época, la humedad había hecho pudrir etiquetas y deshecho los paquetes en los que se habían envuelto las piezas, incluso se creó cierta discusión sobre si estaban envueltos en papel higiénico o en servilletas de usar y tirar, etc.

«Cajas rotas a causa de la humedad del búnker, bolsas cerradas sólo con un clip de las que se había salido el material arqueológico, datos técnicos sobre el origen de las piezas rotulados directamente en la parte exterior de la bolsa o en curiosos soportes como fragmentos de papel reutilizado, servilletas o, incluso, papel higiénico… y todos ellos afectados por las deficientes condiciones de almacenamiento hasta hacerlos ilegibles.»

Hemeroteca: las cajas de materiales de la Campa Torres encontradas en un búnker
RESTOS ARQUEOLOGICOS DE LA CAMPA DE TORRES EN XIXÓN.23 04 2010.
FOTO JOAQUÍN PAÑEDA.

El Ayuntamiento por su parte notificó que tras ponerlo en conocimiento del Museo Arqueológico de Asturias y de la Consejería de Cultura, siguiendo la Ley de Patrimonio del Principado de Asturias había procedido a registrar, reetiquetar y reembalar los materiales para garantizar su preservación. De esa primera intervención se inventariaron un total de 8.322 piezas de relevancia con valor artístico, es decir exhibible en el museo. En total 330 cajas. El trabajo de identificación se encargó a la empresa MS Arqueo por un valor de 11.948 euros. La empresa fue objeto de varias acusaciones no formales, que no tuvieron consecuencias de ningún tipo.

Una vuelta de tuerca más. Entre los restos apareció una caja con evidencias arqueológicas de una capilla de Cataluña, supuestamente traídos para investigarlos por parte de Francisco Cuesta y que quedaron depositados en Gijón y no fueron devueltos a su origen. Alfonso Fanjul, que excavó en una de las campañas de la Campa Torres, le comunicó a Cuesta la existencia de los materiales de la Campa Torres que estaban en un domicilio privado en Barcelona. Esos materiales, según un artículo que LNE serían unas ánforas que ya habrían sido estudiadas y publicadas por los arqueólogos.

Hemeroteca: las cajas de materiales de la Campa Torres encontradas en un búnker
Cajas con material de Cataluña en la Campa Torres. Foto LNE

Parece ser que por un convenio de colaboración establecido en 1991 entre el Ministerio de Cultura y la Universidad de Barcelona se enviaron allí materiales para el estudio de materiales y estructuras del yacimiento de la Campa Torres. Esta colaboración tuvo un coste de 1,5 millones de pesetas a cargo del Ministerio de Cultura. En el momento de los hechos se denunciaba que no había constancia de ninguna memoria publicada.

Dos versiones enfrentadas 

Las personas implicadas en este asunto fueron sobre todo Paloma García, directora del parque arqueológico de la Campa Torres desde 2001, que fue quien alertó de la existencia de aquellos objetos, así como el arqueólogo Francisco Cuesta, que estaba al frente de las excavaciones con José Luis Maya que falleció en 2001. Como dije más arriba, A. Villa Valdés fue otro protagonista clave de este asunto.

Por otro lado está el enfrentamiento político que protagonizaron Manuel Pecharromán (PP gijonés), Justo Vilabrille (PSOE) así como la Consejera de Cultura del Principado en aquel momento, Mercedes Álvarez.

La directora del museo afirmaba que los arqueólogos no habían notificado a ninguna institución el depósito de los objetos. Esto habría sido clave, ya que el Ayuntamiento de Gijón, como suele ser habitual, tras catalogar las piezas suele contratar un seguro para las mismas. En esta ocasión, ante el desconocimiento de la existencia de las mismas fue imposible su protección hasta que no fueron descubiertas en 2009.

Por la parte de los arqueólogos, Cuesta hizo responsable a las autoridades locales por ser las depositarias de las cajas con evidencias arqueológicas y encontrarse en sus instalaciones. Su línea argumental, se basaba en que no parece lógico que más de 300 cajas de material estén depositadas en un local municipal y que nadie sepa de sus existencia en 10 años.

La máxima autoridad en cuanto al Patrimonio asturiano es y era la Consejería de Cultura. Por aquel entonces el Principado, a través de su consejera, Mercedes Álvarez cargó las culpas contra la directora del Museo de la Campa Torres, y posteriormente contra Ángel Villa Valdés por no haber notificado  al Principado  el descubrimiento de las piezas, antes que al Ayuntamiento de Gijón y al Museo Arqueológico de Asturias.

Como os podéis imaginar, el asunto se politizó desde el principio. En Gijón el PP acusaba al gobierno regional del PSOE de la dejadez y saqueo de los restos arqueológicos de la Campa Torres, y exigió responsabilidades legales por los hechos. En una primera fase la Fiscalía superior  del Principado desestimó la petición por haber prescrito los hechos, dejando claro, que de no ser así se debería abrir una investigación y determinar las responsabilidades procedentes. Luego se abrió una comisión de investigación en la Junta General del Principado en busca de esclarecer los hechos.

No me voy a extender en lo que se hizo durante todo este proceso (os lo resumo después) que llevó varios años y la multitud de declaraciones en la prensa (aquí como en todas partes, los periódicos tristemente parecen trabajar para una u otra facción política, haciendo gala de una ausencia de independencia periodística notable). Dependiendo del «color» del periódico que leáis en busca de información podéis encontrar una versión u otra de los hechos.

La resolución del conflicto 

Como resumen os diré que la directora del Parque Arqueológico de la Campa Torres sigue siendo Paloma García, quien en Julio de este mismo año comentaba en prensa la futura actuación que se va a hacer en el yacimiento.

Ángel Villa Valdés fue exonerado, dos años después, del expediente sancionador que se abrió contra él por no haber informado primero al Principado de la aparición de los restos. Fue el propio Principado, tras el cambio de la Consejería de Cultura, quien le reconoció que su deber era informar a quien le había encargado la identificación de las piezas. Sigue trabajando en el Museo Arqueológico, y tuvo otro enfrentamiento legal con Francisco Cuesta por calumnias que fue resuelto a su favor hace relativamente poco.

Francisco Cuesta, por aquel entonces era director del Museo etnográfico de Grandas de Salime, sustituyendo en su labor a Pepe el Ferreiro, creador del mismo (otro gran escándalo mediático que parece estar en el germen de otro enfrentamiento arqueológico con el Chao Samartin de por medio).

Sus declaraciones, pese a lo que pueda parecer, no fueron de sorpresa, ya que manifestó en entrevistas a los medios que suponía que los restos estaban allí ya que durante las excavaciones se habían depositado en las instalaciones del museo. Lo que no sabía era el estado de conservación de las mismas, ya que eso era competencia de la dirección del Parque Arqueológico de la Campa Torres. No se le exigieron responsabilidades.

Actualmente hay otro equipo completamente distinto al frente de la Consejería de Patrimonio y del Museo Arqueológico de Asturias.

La investigación científica se reanudará en 2021

Personalmente creo que se están haciendo las cosas de otra manera. Se ha dotado de una inversión de 400.000 euros para relanzar la investigación en la Campa Torres. Entre otras cosas se va a proceder a un prospección con georadar y se van a excavar algunos sectores.

En cuanto a las piezas, están depositadas en los almacenes municipales de Gijón y en el Museo Arqueológico de Asturias. Se ha dotado de más de 100.000€ a su proyecto de catalogación, consolidación y restauración.

Hemeroteca: las cajas de materiales de la Campa Torres encontradas en un búnker
Foto de El Comercio. Algunas de las cajas recopiladas en 2010 en el Museo de la Campa Torres para su posterior estudio. / PAÑEDA

En líneas generales, se considera que los fondos del 1,5% del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana para la conservación del patrimonio arquitectónico son una segunda oportunidad para este yacimiento clave en el conocimiento de la protohistoria de los astures transmontanos. Noega, un lugar imprescindible para el conocimiento de la cultura castreña asturiana.

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