Os dejo una síntesis y notas sobre este fantástico trabajo de Diego Piay Augusto1, de la Universidad de Oviedo, que analiza las evidencias materiales de la presencia de élites en el finis terrae del Imperio en sus siglos finales.
A través del análisis de ciertas manifestaciones que nos hablan de lujo en unos contextos tan concretos como son las villas romanas, sienta el marco de una futura investigación sobre estos personajes.
El trabajo comienza con un análisis del territorio que conocemos como Gallaecia, provincia romana que vio expandido su límite oriental hasta Iuliobriga en tiempos de Diocleciano, mucho más allá de su solar original. En él, las fuentes identifican claramente a una serie de personajes que por su procedencia o sus funciones y vinculaciones con instituciones como la Iglesia, podemos considerar pertenecientes a un grupo calificable como élites del noroeste. En tercer lugar analiza las evidencias materiales de las villas (Asturias y Galicia) que nos hablan de la capacidad económica de ciertos personajes que articulan el poder rural en este espacio.

Gallaecia en los siglos finales del Imperio era un vasto territorio que ocupaba aproximadamente la quinta parte de la península ibérica y cuyos confines abarcaban desde el Atlántico y el Cantábrico hasta la cuenca del Duero. Diocleciano amplía esos límites hasta llevarla a limitar con la misma Numancia, en la meseta nororiental.
De este territorio son originarios un grupo de personas de una relevancia tal que son mencionadas en las fuentes contemporáneas. Desde el emperador Teodosio hasta personajes de relevancia religiosa como Prisciliano, o peregrinas tan notables como Egeria, presbíteros como Orosio, que nos dejan algunas de las crónicas claves para conocer este periodo, o Hydacio y otros obispos sobre los que recayó tanto el peso religioso del momento como el poder civil en muchos casos.

El autor plantea la idea de que, si bien las fuentes sí nos dejan información clara sobre la existencia de estas élites en el territorio, la arqueología es mucho más parca en ello. Sobre todo se centra en un entorno que, a priori, cuenta con un tejido urbano menos desarrollado que otras provincias, como por ejemplo la Bética.
El análisis se centra entonces en los lugares donde se pueden encontrar esas manifestaciones de poder y no es otro que las villae. El problema es el alcance de las investigaciones llevadas a cabo sobre ellas. Del centenar de estos asentamientos identificados en Asturias y Galicia (territorio que abarca este estudio) apenas se han estudiado una decena, y sólo dos de ellas han contado con proyectos de investigación prolongados en el tiempo, la de Proendos en Galicia y la de Andayón-La Estaca, en Asturias.

Es interesante la elección de algunos elementos concretos que nos hablan del lujo en estos espacios; mosaicos, pinturas murales y estatuas. Es evidente que el repertorio es más amplio pero también es cierto que, desde un punto de vista arqueológico el análisis es directo. Los mosaicos son uno de los elementos que mejor nos hablan de la capacidad económica de estos asentamientos. El coste de estas creaciones suntuarias es elevado y no está al alcance de todo el mundo. Su presencia en lugares como La Estaca, Memorana, Veranes, Bañugues, etc… indica, claramente, que los dominus de estas villas han alcanzado esa relevancia económica de la que hablamos.
Otro elemento de prestigio es el de la estatuaria, de la que en Asturias sólo hay constancia de ciertas piezas que o están perdidas o no fueron localizadas en contextos arqueológicos. Por último la pintura mural es otro signo de prestigio. Un elemento que se extiende más allá de las villas y que está presente en contextos urbanos como Lucus Asturum o la domus del Chao Samartín, pero que en las villas parece una norma común.
Podemos caracterizar por tanto a esas élites como articuladoras del poder territorial en un espacio donde el Estado sigue presente, pero parece delegar su autoridad en estos personajes. Es evidente que son quienes tienen tanto la capacidad productiva como recaudatoria en estos lugares y que saben jugar sus cartas para prosperar.

Cada vez son más los indicios que llevan a pensar en una prosperidad económica notable en el periodo final del Imperio en estos espacios de la periferia. Caballos, pesca, producción agraria, son el motor económico y la base de la fortuna de estos personajes. Familias que ostentan un poder en uno de los límites occidentales del Imperio y que dejan su huella en forma de suntuosas mansiones y en las fuentes escritas de este periodo.

El estudio sienta un marco sobre el que profundizar en este análisis. Es interesante percibir a través de estas evidencias cómo se van configurando ciertos esquemas de poder que veremos proyectarse a los siglos de la Tardoantigüedad y que tienen aquí su origen.
Sería interesante ampliar, en el caso de los astures, el estudio a la provincia de León, donde las villas tienen una naturaleza distinta en base a un territorio y unos medios diferentes. Algunos objetos procedentes de ellas, como el busto de Quintana del Marco, son verdaderos ejemplos de riqueza y poder. Sin duda las villas nos deparan información interesantísima que hace necesarios más recursos para su investigación.
Bibliografía
- Augusto, D. P. (2025). Ornamenta urbana in the finis terrae: Some Observations on Elites and Luxury Elements in the Roman Villas of Northwest Hispania. Ktisis–Journal of Late Antique Housing, 1(1), 1-26. ↩︎



