La Era del MOro, León, después de la recuperación de la zona.

Hace unos días tuve la oportunidad de ver in situ el nuevo parque urbano que el Ayuntamiento de León ha abierto en la conocida como Era del Moro. Se trata de una parcela que guardaba un importante patrimonio cultural e histórico y que el Consistorio decidió incorporar a la oferta monumental de la ciudad a través de una inversión de futuro.

Son más de 2000 metros cuadrados en los que el visitante puede admirar un nuevo lienzo de muralla, que antes no era accesible, además del viejo molino conocido como «el sidrón», así como abrir una vía de tránsito peatonal entre la zona de El Espolón con el centro de la ciudad. Desde 2021 se llevan haciendo obras, que han sufrido retrasos, hasta la inauguración a principios de este mes de octubre del tramo. La inversión total ha sido de 900.000€.

La Era del Moro en enero 2022
Historia del lugar

La historia de la Era del Moro es la de un lugar extramuros donde se asentó una comunidad judía y de moriscos. Un lugar de encuentro de culturas, de huertas, mercados y molinos. Con el tiempo se podía ver una típica estampa del León rural. De campos de cultuvo a eras donde se trillaba. En las inmediaciones de la presa del citado molino se lavaba ropa, y los vecinos acudían en busca de agua hasta la segunda mitad del siglo pasado (esto me lo han contado personas que lo vivieron en primera persona). Por allí transitaban carros, y se molía trigo.

La era del Moro, 1862. Archivo Histórico Municipal (Fernando Muñoz Villarejo y Emilio campomanes Alvaredo, enlazado arriba)

El crecimiento de la ciudad se llevó por delante este y otros espacios, que escondían, como ha puesto de manifiesto la intervención arqueológica en el lugar, un tesoro cultural (y según la leyenda 1 uno de oro y plata).

Vista aérea de la Era del Moro en el siglo XX. A la izquierda y de forma redondeada se ve el viejo castillo, que sirvió de cárcel además de otros usos. A la puerta que hay donde el paso de peatones de la izquierda se la conoce así, como puerta castillo. En el centro de la imagen se ven los cubos (torres semicirculares adosadas a la muralla) rodeadas de vegetación en la parcela que quedó cerrada al tráfico por la edificación de nuevas construcciones. (Foto Diariodeleon.com)
El lugar tras la restauración

Lo cierto, es que en mi búsqueda de la vida en el mundo astur-romano, lo que me llama muchísimo la atención es el nuevo lienzo de muralla que se puede visitar. Una continuación de la potente muralla de la calle Carreras, donde se está llevando a cabo la peatonalización y musealización de los cubos de la muralla tardoantigua.

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Si te fijas con atención se pueden ver, incrustadas en la parte alta del muro, varias estelas de época romana (ocho en total) que se amortizaron como materiales de construcción.

En el recorrido se puede ver aún parte del llamado molino del Sidrón del que quedan parte de las canalizaciones y que ha sido utilizado como soporte de edificaciones más recientes.

Molino de El Sidrón. Era del Moro. León

A todo el conjunto se le ha dotado de una iluminación que resalta la recuperación de la muralla. En resumen, una buena actuación y un acierto. Os recomiendo una visita a la zona y de paso al Centro de interpretación del León romano, que está a unos metros de allí.

Las cajas blancas que se ven en las fotos forman parte del sistema de iluminación. En la foto además se pueden ver diversas fases constructivas de la muralla, con sillares mejor trabajados de época antigua, y el material homogéneo y de peor calidad utilizado en época tardoantigua.

Notas al pie y bibliografía

  1. La leyenda dice que en el tramo entre la muralla y el molino hay enterrado un tesoro. Se trata de un ajedrez de oro y plata. La leyenda la leí en la prensa y os la transcribo «… Había un judío y un moro a quienes les gustaba jugar al ajedrez. El judío, experto orfebre, construyó el ajedrez. Unas piezas eran de oro y otras de plata. El judío jugaba con las de plata y el moro con las de oro. Un día, cuando la diáspora del año 1492, ambos amigos tuvieron que separarse y, mientras pudieran encontrarse de nuevo, acordaron guardar el juego de ajedrez dentro de una alcancía de barro y enterrarla en un lugar secreto. Nunca volvieron a juntarse estos dos amigos, así que el tesoro debe seguir oculto por aquí»
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