Ría de Ortigueira con la isla de San Vicente al fondo. Debajo descansa el dragón vencido por Santa Marta. Foto La Voz de Galicia
Ría de Ortigueira con la isla de San Vicente al fondo. Debajo descansa el dragón vencido por Santa Marta. Foto La Voz de Galicia
Actualizado: 13 febrero, 2024

Siguiendo con los posts relacionados con los monstruos acuáticos de la céltica hispana, nos vamos a Ortigueira, en tierras de los ártabros.

En Laxás, cerca de Ortigueira, Santa Marta se enfrenta a un dragón marino «o bicho» que goza de cierta popularidad todavía hoy gracias a los carteles del Festival intercéltico de la localidad (¿no te habías fijado en que el logo del festival es un dragón?)

La leyenda dice que un día de primavera, los jóvenes de la localidad vieron con terror como el cielo se oscurecía de repente con una terrible tormenta. Las olas de la mar parecían querer salirse de la orilla, y un extraño rugido que venía del horizonte se iba acercando a la isla de San Vicente. Cuando miraron hacia el lugar vieron una extraña criatura que se acercaba a la costa. Parecía un dragón pero su cola era como la de una serpiente, estirándola y enroscándola para moverse. Tenía unas alas enormes, similares a las de un murciélago, con unas garras terribles. De las fauces repletas de dientes afilados salía fuego a bocanadas.

La bestia saltó a tierra y a grandes saltos llegó al Xuncal donde comenzó a devorar las ovejas que pastaban tranquilamente. Todo esto de forma tan rápida que los jóvenes no pudieron hacer nada para evitarlo. Con la misma velocidad que apareció se volvió a lanzar a las olas y desapareció.

Si me dicen que me están contando un ataque vikingo, me lo creo.

El dragón marino de Santa Marta de Ortigueira

Fue tan solo el comienzo de una serie de ataques que el animal hacía cada día a la misma hora.

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La gente de Luama y Laxás tenía tanto miedo que cuando llegaba el atardecer, la hora a la que atacaba la bestia, se metían en sus casas y cerraban las puertas y ventanas. Algunos decían que se la oía arañar los tejados con las garras. A la bestia la llamaron «el duende» o «la bestia de A Barra», ya que ahí apareció por primera vez. También le llaman Centeás.

Hartos ya de perder ganado y con el miedo en el cuerpo, unos pocos decidieron hacerle frente, sin embargo cuando apareció el animal a la hora establecida se acobardaron y comenzaron a invocar a su patrona, Santa Marta, para que les ayudara en aquel trance.

De repente, a pocos metros, vieron a la santa al lado de la criatura. Tomó el hisopo que tenía en la mano y lo sumergió en el agua bendita que llevaba en la otra echándosela a la bestia por encima. Con esto, el animal perdió toda su fiereza y volvió a la mar, atemorizado por si vuelve Santa Marta. (Carmen Martínez Gómez).

Esta es sólo una versión de las varias que hay sobre la misma leyenda, en la que más o menos el hilo conductor es el mismo, siendo el final diferente, pues acaba en una hundido en una laguna, en otras debajo de la isla, etc… En otras ocasiones el monstruo coge mujeres en vez de ovejas. En algunas el monstruo muere ahogado, y en otras se esconde y no lo cogen.

De nuevo una referencia, o adaptación a la leyenda de Santa Marta y la Tarasca, la leyenda de un monstruo celta más conocida.

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