La simplicidad de las religiones antiguas se sustenta en dar explicación a los fenómenos cotidianos que rodean al hecho más relevante para el ser humano durante su existencia, es decir, la propia subsistencia del individuo. Nos topamos en multitud de ocasiones con mitos, que por sí solos, nos dan información relevante sobre calendarios agrícolas, momentos de cría del ganado, o recogida de las cosechas. Al mismo tiempo, algunos de los dioses aparecen personificados en determinados agentes que tienen relevancia para la sociedad que los adora. Por ejemplo Epona y los caballos o Taranis y el trueno.

Sin embargo, este planteamiento es muy simplista. Las sociedades que desarrollan estas religiones son complejas, con cultos y rituales elaborados, y describir a una deidad como Taranis, por ejemplo, como dios del trueno, es simplemente quedarse muy corto.  Precisamente por eso he decidido no titular así esta entrada.

En este post voy a afrontar el reto de desenmarañar un poco el mundo de las creencias en el ámbito céltico. No es fácil, teniendo en cuenta que es una religión donde sus sacerdotes no recogieron por escrito ni una palabra de su culto, y que las fuentes que han llegado a nosotros las escribieron precisamente miembros de la cultura que terminó con ellos, es decir, la romana, que además la despreciaba.

De la concepción original de los mitos dentro de la cultura celta pasamos a la interpretatio romana, que identifica a los dioses indígenas, o sus epítetos, con deidades romanas con el objetivo de  facilitar la transición al nuevo culto impuesto desde Roma. Bajo la apariencia de una tolerancia religiosa subyace una potente arma de subyugación que no deja de ser una faceta más de lo que conocemos como romanización.

Siglos después la Iglesia cristiana, con la lección bien aprendida de Roma, aplicaría la misma técnica cristianizando santuarios y convirtiendo dioses en «santos» cuando no podía erradicar su culto.

Vamos indagar acerca de quién es Taranis según las fuentes escritas, qué nos dice la arqueología respecto a ellas.

Referencias en las fuentes escritas

En el siglo I d.C. el poeta romano Marco Anneo Lucano, de origen hispano por cierto, compone Farsalia, un poema épico cuyo argumento principal eran las guerras entre César y Pompeyo. En el libro I cuenta cómo César abandona la Galia para tomar posiciones en Italia y para ello nos deja unos de los párrafos más importantes para el conocimiento de la religión celta, recogiendo los nombres de una de las tríadas principales de dioses.

«[…] y vosotros, los que aplacáis con víctimas terribles al cruel Teutades y a Eso, pavoroso en sus salvajes altares, y a Táranis, cuya ara no es menos atroz que la de Diana escítica.»

Tomemos a Lucano con precaución ya que simplemente nos cuenta de pasada que los galos volvían a sus costumbres después de que César abandonara la Galia en su conflicto con Pompeyo, pero no creo que debamos dudar de que estaba bien informado en líneas generales.

Nos está diciendo que hay tres dioses principales a los que aplacan con sacrificios humanos. César nos había contado algo parecido casi un siglo antes de Lucano cuando se refería a las bárbaras costumbres de los galos durante la guerra de conquista. Es evidente que se trata de caracterizar a los vencidos como salvajes sin escrúpulos ante una sociedad civilizada como la romana para justificar su conquista, aun así no debemos creer que no había sacrificios humanos rituales entre los celtas.

Taranis (Júpiter con la rueda y rayo), Le Chatelet, Gourzon, Haute-Marne, Francia .
Taranis con rueda y rayo.   Musée d’Archéologie nationale, París

Es más que probable que dicha tríada adoptara distintos nombres (epítetos) según el territorio, tanto de dioses masculinos como de «matres» femeninas. De los más de 400 nombres de dioses recogidos en la Galia, al menos dos tercios sólo se mencionan una vez. Incluso algunos de los más conocidos, sólo aparecen restringidos a un ámbito regional (por ejemplo se cree que Belenos está restringido a un culto en la Galia cisalpina).

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Teutates, («dios del pueblo»), por ejemplo, ahora es considerado como el dios de cada tribu, es decir, no hay un sólo Teutates sino muchos, tantos como cada tribu celta que tenía un dios tutelar, en base a la traducción de su nombre , algo que tiene sentido, si consideramos que el mundo celta está compuesto de distintas etnias y superestructuras tribales. Algo similar ocurriría con nuestra Deva («diosa») de la que no conocemos su nombre, sino su «rango».

Sin embargo, unos pocos, (ya hablamos de Lugh y Cernunnos) tienen nombres que aparecen en territorios muy alejados entre si. Desde Hispania hasta centro Europa, y Taranis es precisamente uno de ellos.

Un siglo antes de Lucano, el propio César nos dio la primera referencia histórica sobre la religión celta de la Galia:

«El dios de más culto es Mercurio; de este dios son las imágenes que abundan más; lo consideran como inventor de todas las artes; este es para ellos el guía de rutas y caminos, al que consideran que tiene el máximo poder para ganar dinero y proteger el comercio. Después de él adoran a Apolo, Marte, Júpiter y Minerva. Sobre estos dioses tienen casi la misma opinión que los demás pueblos: que Apolo cura las enfermedades; que Minerva inicia en los trabajos manuales; que Júpiter es el soberano de los dioses y que Marte preside las guerras. La mayoría de las veces, cuando han decidido librar una batalla, le ofrecen el botín que capturen; cuando han vencido, le sacrifican los animales capturados y lo demás lo depositan en un solo lugar […] Todos los galos dicen ser descendientes de Dispater y afirman que esto se les ha ido transmitiendo por los druidas»

De este párrafo podemos concluir varias cosas:

Hay un dios principal, un Júpiter Galo que es el soberano de todos los dioses.
Hay un Dis Pater del que todos los galos descienden, y eso se lo han enseñado los druidas.
El culto más extendido era el de Mercurio, que regía las cosas cotidianas de la vida, luego le seguía un dios de la curación, el dios que mandaba sobre todos, un dios de la guerra y una gran diosa madre, guerrera, artesana y sabia, identificada con Minerva o la Atenea de los griegos.

Se me antoja una representación simplista de la complejidad del panteón celta, pero leída con indulgencia es una buena síntesis para representar a esta religión ante un lector latino que no entendería la multiplicidad de matices de un culto extranjero. Además César no está haciendo un tratado de religión sino contando una batalla a sus lectores, en una obra propagandística en la que trata de describir (a grandes rasgos y exaltando las características que le interesan) al pueblo al que ha sometido.

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Ya en época imperial florecen las representaciones de dioses celtas junto a dioses romanos, entremezclándose sus atributos. Es en ese periodo en el que se produce la identificación de los dioses indígenas con los romanos que había retratado César en época republicana. Es en Lucano donde escuchamos por primera vez el nombre y vamos a ver qué significa.

Taranis, etimología de un nombre

Ya decía Robert Graves en La Diosa Blanca, que el hecho de conocer el nombre de un dios significaba simplemente su derrota. La poesía bárdica incide en este hecho, y no extraño por tanto que de los dioses conozcamos solamente sus epítetos.

Taranis significa «tronante» o «el del trueno». El nombre proviene de una raíz indoeuropea *(s)tenh₂- que en los distintos lenguajes derivados de él da: lat. tonāre ‘tronar’, galés taran, alem. Donner ‘trueno’, stöhnen ‘gemir, gruñir’, gr. ant. sténein, ténnei ‘tronar’, ruso stenátʹ ‘gemir, gruñir’, sánscr. stánati, stanáyati ‘truena’.

Se aplica no sólo a las tormentas, sino que está en la raíz de los nombres de ríos caudalosos cuyo cauce «atruena», como el Tanaro de la Galia Cisalpina. En la Península Ibérica, concretamente en Asturias y León se conservan topónimos que hacen referencia a Taranis, incluso en Ponga se conserva el espectacular «Tarañosdiós» que podéis ver en el link. El Teleno en León está atribuido tradicionalmente a la representación de la morada de este dios entre los astures cismontanos.

Cuando estuve en Normandía, en el Mont Saint Michel me enseñaron que  había sido originalmente un lugar de culto a Taranis. En las cercanías, a pocos kilómetros, en Mont-Dol cuentan que había un lugar de culto a este dios, incluso que se recuperó un altar (con vertedero de sangre incluído) que fue cristianizado como altar. En este sitio se recoge la leyenda de que San Miguel y el diablo lucharon, y en las rocas quedaron las huellas de las garras de este último marcadas.

Atributos y representación

La representación más habitual de Taranis lo hace aparecer con una rueda de seis u ocho radios. Este motivo, que curiosamente no ha pasado a la historia como el más representativo del mundo celta, relegado tras el pancéltico trisquel. Quizá la rueda está detrás de la flor del agua o rosa hexapétala tan extendida por el mundo antiguo. De cualquier forma apunta a un símbolo solar. Se documenta en depósitos votivos desde la Edad del Bronce, y en la Edad del Hierro, entre los galos.

Hay unas pequeñas ruedas metálicas de 8 radios llamadas Rouelles, que se encuentran en gran número entre los Belgas, y se asocian al culto a Taranis. Estos amuletos, que suelen aparecer en entornos religiosos, se documentan ya en la Edad del Bronce

Taranis está representado en toda la Céltica antigua, desde centro Europa, a las Islas británicas e Iberia. La arqueología nos muestra siete altares, y todos ellos son de época de la conquista, con inscripciones en latín o griego, por tanto tenemos que tomar con precaución los atributos que le otorgan. Se le representa con la rueda, el rayo, y también un mazo.

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Siempre aparece representado como un hombre barbudo y de complexión fuerte. Es la esencia masculina del mito, el hombre adulto, el padre que dirige al pueblo, en la paz y en la batalla. No es extraño por tanto que los romanos lo asimilaran a Júpiter. A veces aparecen representados animales a su lado, caballos, serpientes o aves.

Representación romana de Taranis, con la rueda
Intentando comprender la importancia del mito

En el siglo X,  en las conocidas como Glosas de Berna, en una serie de notas al margen de la copia de la Farsalia de Lucano, se recoge la explicación que aún se conservaba sobre la tríada que había recogido el poeta nueve siglos antes.

« A Taranis Dís Pater le sacrifican quemando hombres en una hoguera»…»Creen que Taranis Jupiter es a la vez el más grande de los dioses celestes y que preside las guerras. Antes era habitualmente aplacado con cabezas humanas, pero actualmente se contenta con ganado […]»

La identificación de Taranis con Júpiter no sólo se debe a su semejanza en cuanto a los atributos que porta, el rayo y la rueda. Es evidente que estamos, según todas las fuentes, ante el dios principal de los celtas. Una poderosa pervivencia indoeuropea que adoptó en las distintas culturas que emergieron de ella formas similares.

Júpiter / Zeus es la principal deidad de los romanos y de los griegos, así como Wotan / Donar lo es de los pueblos germanos. Todos ellos dotados del mismo atributo, el rayo y ser poderosas representaciones solares. Además están relacionados con las aguas. Encontramos una relación intensa entre lugares de culto a las aguas y santuarios a Júpiter, y los romanos identifican a los dioses principales de las naciones conquistadas con su dios principal.

Además, en las glosas encontramos otra identificación interesante, la A Taranis Dís Pater le sacrifican quemando hombres en una hoguera […] es el Dís Pater al que se refería César en los comentarios de las Galias cuando decía que todos los galos dicen descender de él.

En definitiva, creo que estamos ante el dios más importante del panteón celta, y que estuvo presente en toda la céltica antigua, dejando su rastro en forma de leyendas, topónimos y por último transformándose en un santo cristiano.

Volvemos al principio de este post. Las religiones antiguas representan fielmente la propia naturaleza y lo incomprensible de algunos fenómenos, pero como os decía, eso es una visión simplista. La verdadera dimensión del dios la alcanzamos a vislumbrar cuando analizamos en profundidad el mito, y es ahí donde nos adentramos en la dimensión verdadera de la religión, que es la de aportar un sentido a la propia existencia del individuo.

Bibliografía

FRAZER, J.G. (1981), La rama dorada. Magía y religión, Fondo de cultura económica (1ª ed. 1890)

GRICOURT, D. y HOLLARD, D. (1991) Taranis, caelestiosum deorum maximus. En Dialogues d’historire ancienne

GREEN, M. (1992). Symbol and Image in Celtic Religious Art.

OLIVARES, J.C. (2000), Los dioses soberanos y los ríos en la religión indígena de la Hispania indoeuropea. En Gerión n. 18

JONES, K., (2003) Celtic Wheel Symbolism: The Archaeological & Iconographical Evidence For The Links Between Time, Agriculture, & Religious Ideas In The Celtic World From Later Prehistory To The Roman Period

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