ASTVRUM ET LVGGONUM. Museo arqueológico Asturias.

Hoy voy a tratar un tema que me interesó mucho, hasta el punto de condicionar el nombre de esta página web, y que no está exento de cierta polémica (que no entiendo totalmente), ya que me ha costado alguna discusión con algún/a españolista en redes sociales, que pensaba que llamar ástur al pueblo que nos dio nombre, era algo de izquierdas o asturianistas, cuando en realidad se trataba de una cuestión de filología latina. En fin ese es el nivel.

Como veis en el logo de la web, el nombre Ástures va acentuado con tilde. Tengo que confesar que casi nunca lo pronuncio con ese acento, y el 99% de la gente que conozco tampoco. Lo curioso es que conozco a un Ástur de nombre propio, y me resulta lo más natural del mundo.

En 1977 se publicó en el boletín del RIDEA nº90 un artículo titulado Ni «astur» ni «astures», sino «Ástur» y «Ástures», que firmaba Jose Luis Moralejo1 . Es un artículo escrito para no filólogos, y en el que encontramos algunas frases célebres como que «la verdad es que hay tanta razón para llamar «astures», y no «ástures», a los pobladores de las antiguas o modernas Asturias, como para llamar «cantabros» -y no «cántabros», como es habitual y correcto- a los de Cantabria; es decir, ninguna razón».

Evidentemente es una cuestión filológica que no cala en el ciudadano común, tras siglos de escribir, leer y pronunciar «astures», pero es interesante traerlo a esta web para, al menos, conocer con seguridad la forma correcta de pronunciación latina del etnónimo de estos pueblos.

Lo primero que llama la atención es que, según Moralejo, «astures» es un cultismo introducido en la literatura. Es decir, no es una palabra heredada sino traída de nuevo de la antigüedad en tiempos más recientes. Tal fue su éxito, que más o menos «hoy en día se utiliza el término astur como sinónimo de asturiano», siendo necesario, añado, para el divulgador, hacer una separación de los dos términos (hasta cierto punto artificial) para delimitar la época histórica de estudio. Por eso defiende, con razón, que ya que es una palabra rescatada del «olvido» es nuestra obligación hacerlo correctamente.

Sus razones son las siguientes. El latín no representaba la sílaba acentuada con ninguna grafía. Conocemos la acentuación porque en realidad nunca dejó de hablarse latín desde la época antigua hasta la actualidad, por ejemplo a través de la Iglesia de Occidente, manteniéndose como lengua culta en varios de los periodos históricos tempranos paralelamente al desarrollo de las lenguas romances. También conocemos la acentuación porque las palabras latinas al pasar al romance también suelen transmitir su acento, y ahí sí pasan a tener su grafía correspondiente.

Pero para el caso de «ástures» no es válido, precisamente por ser un cultismo sin tradición en la lengua. Por tanto tendríamos que ir a las reglas de acentuación latinas para comprobarlo. En ellas se establece que los bisílabos en latín, generalmente se acentúan en la primera sílaba, las excepciones no son habituales. Por tanto, con estas reglas tendríamos que «astur» en latín equivaldría a «ástur» en romance. Sin embargo esto no nos sirve para el plural, ¿o sí?.

En las palabras de tres sílabas, el acento recae en la segunda o en la primera dependiendo de si la segunda sílaba es larga o breve (cita como ejemplo monére y régere – escritos con acento para que me entendáis), y aquí entramos en el terreno de la suposición, porque en latín, tampoco hay ninguna grafía que indique si la sílaba es larga o breve.

Moralejo creyó que se trataba de una sílaba breve y que por tanto equivaldría a «régere», para entendernos. Para demostrarlo acude en busca de un recurso que me parece interesante, la poesía latina. Por resumir, dice que no encontramos la palabra «ástures» en plural en ella, y sin embargo encontramos muchas veces «ástur», precisamente porque colocar en el verso épico de los antiguos el plural es imposible si se acentúa en la primera y no en la segunda.

Otra manera de determinar que la u de «astures» es breve, sería a través de sus derivados dentro de la métrica poética latina. Cita, en Lucano, «Asturii scrutator pallidus auri» (el pálido buscador de oro de Asturias). Otra manera de demostrarlo es por los derivados romances. Por ejemplo el nombre de Astorga, en el que se admite que cumple la norma de que la u breve se transforma en la o romance. Si fuera larga se mantiene como u, y sería Asturga.

Por tanto, lo que parece haber ocurrido, según el autor, es que al tratarse del rescate de un término antiguo latino, se ha hecho una mala lectura aplicándole las reglas de acentuación del castellano, y por tanto adecuarlo a la lengua romance. Posiblemente, la introducción tardía del término, cuando ya era común el uso de la palabra «Asturias» derivó en su escritura como palabra llana.

 

Notas al pie y bibliografía

  1. Moralejo, J.L. (1977), «Ni “astur”, ni “astures”, sino “ástur” y “ástures”», BIEA 90-91, 363-371.
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Fon S.P.
Apasionado por la arqueología e historia del pueblo astur. Pateando museos y yacimientos entre el Cantábrico y el Duero. Excavando cuando puedo.

1 COMENTARIO

  1. Sin poseer conocimiento alguno de latín, siempre deduje,que el término correcto sería Ástur, y no Astur, basándome en qué dicho gentilicio va en referencia a los pueblos al norte Del Río Ástura (Esla), del cual reciben su nombre.
    Astura, sería un sin sentido.

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