De nuevo dirigido por Esperanza Martín, un equipo va a excavar en el yacimiento ubicado en Lugo de Llanera, en el centro de Asturies. La intervención tiene calendario previsto de un mes, y se centrará en la zona contigua a la que se excavó el año pasado, donde se estudió un edificio termal, letrinas y otras salas.

Lucus Asturum es un antiguo asentamiento astur trasmontano del que se tiene referencia gracias a Ptolomeo (Geografía, II 6, 28-37) como una de las civitas interiores del territorio al norte de la cordillera. Estaba situado en la confluencia de las vías XX (Lucus Augusti, Lucus Asturum) y la que comunicaba con la costa (Vía de Agripa). En el siglo VII en el anónimo de Rávena aparece también como mansio después de la villa de Memorana (localizada en Pola de Lena).

Lo cierto es que hay cierta polémica en cuanto a la ubicación original así como la extensión real de Lucus. Por un lado están los que defienden que el asentamiento astur estaría en el pequeño castro que hay en Lugo de Llanera llamado Cantu San Pedro. Este castro fue atravesado por una caja del ferrocarril y prácticamente destruido. En él se identificaron restos romanos. En realidad en el actual concejo de Llanera hay al menos cinco castros, siendo el del Cantu San Pedro el que tendría un control total sobre los fértiles territorios de la llanura circundante.

Carmen Fernández Ochoa excavó en las inmediaciones de la iglesia de Santa María de Lugo, y también identificó restos romanos sobre todo de los siglos II y III d.C. En estas intervenciones se descubrió un ara votiva dedicada a los Lares Viales, que confirmaría el carácter de encrucijada de este sitio. Las excavaciones emprendidas por Esperanza Martín siguen desentrañando el pasado romano del lugar donde se está excavando ya que se identifican restos pertenecientes a edificios públicos que confirmarían que en época romana el asentamiento estaba plenamente desarrollado.

Las distintas intervenciones realizadas hasta el momento apuntan a que la zona estuvo habitada al menos desde época imperial hasta la Edad Media. Un vicus viarii, que estaría compuesto de varios núcleos dispersos. Al menos esta es la teoría hasta ahora. Las intervenciones desde 2020 buscan por un lado, determinar si el cierto que son varios núcleos dispersos o por el contrario se trata de un asentamiento mayor. Por otro lado si las termas pertenecen a un edificio privado, como una villa o a un edificio público. Es posible también que aunque fuera nombrada como civitas no tuviera el trazado de una ciudad romana de nueva fundación, sino que mantuviera su carácter indígena y esto podría explicar la ausencia de restos arqueológicos reseñables. Lo cierto es que se ha excavado un sector demasiado pequeño como para sacar conclusiones.

Aunque se realizaron hallazgos arqueológicos casuales desde el siglo XVI no sería hasta 1927 que se excavó de forma sistemática para determinar los restos. La memoria de las excavaciones se perdió durante décadas, aunque en 2018 se tuvo acceso de nuevo a ella, y se localizó la posible ubicación de la muralla (de dos metros de espesor y mortero similar al cemento), así como distintos restos cerámicos, pavimento, tégula, etc…

Como anécdota os diré que voy a participar en las excavaciones de este año bajo la dirección de Esperanza que me ha incluido en el equipo 😉 Ya os contaré.

 

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