Os dejo una referencia al proceso del descubrimiento y entrega de una pieza arqueológica que tiene un final feliz. Además creo que sirve como ejemplo de lo que hay que hacer cuando encuentras un objeto arqueológico en Asturias.
Me desplacé al oriente de Asturias, concretamente a Ribadedeva, donde hay un complejo tumular del que os hablaré en otro post. La idea era hacer una fotogrametría de un dolmen que hay en una de las fincas de la zona.

Con el permiso del propietario, me acerqué con un amigo a fotografiar y documentar el sitio, que desde su descubrimiento había sido muy poco estudiado. Lo sorprendente de la jornada, en cambio, fue el hallazgo de un canto rodado que parecía tener marcas de pigmentación en la superficie de las dos caras del mismo. Una sucesión de puntos de color oscuro, casi negro, y posiblemente una mancha de pigmento rojo como fondo en una de las caras y un trazo de color rojizo en la otra.
La sorpresa fue mayúscula porque la pieza estaba en superficie. Veréis, es una zona donde el ganado viene a ponerse a la sombra de un roble cuyo tronco sale prácticamente de la entrada de la cámara del dolmen. Incluso, como pudimos constatar por algunas marcas en la superficie de la cobertera del mismo, las vacas deben rascarse contra ella.
El canto estaba a apenas dos metros de distancia del dolmen, junto a otras piezas de la caliza típica de esta zona. Precisamente nos llamó la atención porque era diferente al resto. Parecía que el ganado lo había sacado porque la tierra estaba bastante revuelta en torno al dolmen. Yo lo atribuyo a las vacas, pero quizá el jabalí hizo de las suyas. Lo sorprendente es que estaba bastante seco y conservaba el pigmento bastante bien, por lo que nos pareció que no llevaba mucho tiempo al aire libre.
Lo que hicimos fue dejarlo en la cámara del dolmen para que no se perdiera y que tampoco quedara a la vista, anotando la posición donde fue encontrado y fotografiando la pieza in situ ¿Por qué no la recogí? Pues porque en realidad esa zona ya es un yacimiento arqueológico protegido, por lo que no se debería sacar nada de él si no es por una persona autorizada y con competencias para hacerlo. Además, en la finca no corría más peligro que el que quedara enterrado por el ganado o simplemente se extraviara de nuevo.

Con todo ello preparé una notificación del hallazgo que mandé por el registro electrónico y unas semanas después se pusieron en contacto conmigo para ir a recoger esta pieza y ver otras que había ido notificando a lo largo del año (ya os iré contando)
Fue una mañana de lo más interesante con Sergio Ríos, arqueólogo del Principado, quien recogió la pieza y la entregó al museo arqueológico hace unas semanas. Escribo este post porque hoy veo esta publicación en las redes sociales de la institución en la que se recoge el proceso de entrega y se explica lo que sucede.
Los cantos rodados pintados son frecuentes en el periodo Aziliense, aproximadamente entre el 10000 y el 8000 a.C. pero sin embargo, no lo son durante el megalitismo, tres milenios después. Hasta ahora, en Asturias creo que hay documentado otro en un dolmen en Tineo, nada más. El descubrimiento es muy interesante y abre una serie de incógnitas que habrá que estudiar.
En definitiva creo que todas las partes implicadas hemos hecho las cosas bien.


