Múltiples funcionalidades de las estelas del final de la Edad del Bronce en el suroeste peninsular

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Actualizado: 7 julio, 2026

Un equipo internacional ha publicado en la revista Antiquity un estudio1 que podría cambiar la forma en que entendemos las estelas decoradas del suroeste de la Península Ibérica. El trabajo, centrado en el yacimiento de Las Capellanías (Cañaveral de León, Huelva), aporta por primera vez un contexto arqueológico para un fenómeno cuya función ha sido objeto de debate durante más de un siglo.

Este grupo de estelas constituyen uno de los conjuntos arqueológicos más interesantes de la Protohistoria peninsular. Están talladas sobre grandes bloques de piedra y decoradas con representaciones de guerreros, armas, carros, espejos o adornos personales, y han sido halladas principalmente en Extremadura, Andalucía occidental y el sur de Portugal. Sin embargo, la inmensa mayoría aparecieron de forma casual, desplazadas de su ubicación original o reutilizadas en construcciones posteriores, lo que no ayuda a sbaer cuál había sido su función y el contexto en el que fueron erigidas.

Las excavaciones arqueológicas en el yacimiento documentaron la presencia de tres estelas asociadas a un espacio funerario y situadas junto a un importante corredor natural de comunicación entre las cuencas del Guadiana, el Guadalquivir y el Tajo. Esta combinación convierte al enclave en uno de los pocos lugares donde es posible estudiar estos monumentos dentro de su paisaje original.

Principales conclusiones del estudio

Los investigadores sostienen que las estelas no deben interpretarse únicamente como monumentos funerarios o simples hitos territoriales, sino como elementos que cumplían varias funciones al mismo tiempo. Su posición junto a una vía de paso las convertía en referencias visibles para quienes recorrían el territorio, al tiempo que señalaban un espacio de enterramiento y contribuían a reforzar la memoria colectiva de las comunidades que habitaban la región.

El estudio propone así una visión mucho más compleja del papel desempeñado por estas grandes piedras grabadas. En lugar de atribuirles una única función, los autores consideran que actuaban como auténticos marcadores del paisaje, integrando aspectos simbólicos, funerarios, territoriales e incluso políticos. Su emplazamiento permitía recordar a determinados personajes o linajes, delimitar espacios de importancia comunitaria y transmitir mensajes de prestigio e identidad a quienes transitaban por aquellas rutas.

Uno de los aspectos más destacados del trabajo es la reconstrucción de la historia del propio yacimiento. Las evidencias arqueológicas indican que el lugar fue utilizado durante un largo periodo de tiempo, desde los momentos finales de la Edad del Bronce hasta los comienzos de la Edad del Hierro. Esta continuidad demuestra que determinados espacios conservaron un fuerte valor simbólico durante generaciones, convirtiéndose en auténticos lugares de memoria donde se desarrollaron sucesivas prácticas funerarias y rituales.

Las excavaciones también han permitido recuperar abundante cultura material que refleja un momento de profundas transformaciones sociales. Entre los hallazgos aparecen cerámicas realizadas tanto a mano como a torno, objetos metálicos y otros materiales que evidencian contactos con las corrientes orientalizantes que, entre los siglos IX y VII a. C., transformaron buena parte del sur de la Península Ibérica. Según los autores, estas comunidades no sustituyeron de forma brusca sus tradiciones locales, sino que incorporaron progresivamente nuevas influencias procedentes del Mediterráneo, dando lugar a un proceso de hibridación cultural en el que convivieron elementos heredados del Bronce Final con innovaciones propias de la Primera Edad del Hierro.

El trabajo destaca asimismo por la amplitud de su metodología. Los investigadores combinan excavación arqueológica, análisis estratigráficos, dataciones radiocarbónicas, estudios geofísicos, reconstrucciones fotogramétricas y análisis del paisaje mediante sistemas de información geográfica. Gracias a esta aproximación multidisciplinar, las interpretaciones se apoyan en diversas líneas de evidencia independientes, lo que refuerza considerablemente la solidez de sus conclusiones.

Una de las principales aportaciones del estudio consiste en desplazar el foco de atención desde la estela como objeto aislado hacia el paisaje en el que se inserta. Durante décadas, las investigaciones se centraron casi exclusivamente en interpretar las figuras grabadas sobre la piedra. En cambio, este trabajo demuestra que para comprender plenamente su significado resulta imprescindible analizar su relación con el territorio, las rutas de comunicación, las áreas funerarias y la organización del espacio por parte de las comunidades que las erigieron.

No obstante, los propios autores reconocen que el modelo propuesto debe manejarse con cautela. Las Capellanías constituye un caso excepcional por el excelente estado de conservación de su contexto arqueológico, mientras que la mayoría de las estelas conocidas carecen de esa información. Por ello, aunque el yacimiento ofrece una referencia fundamental para futuras investigaciones, será necesario estudiar nuevos enclaves para determinar hasta qué punto este patrón puede extenderse al conjunto del suroeste peninsular.

Aun así, el trabajo representa un importante avance en el conocimiento de las sociedades que habitaron el extremo occidental de Europa durante el tránsito entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. Más allá del estudio de unas piezas singulares, la investigación muestra cómo determinados monumentos podían desempeñar simultáneamente funciones funerarias, territoriales e identitarias, formando parte de paisajes cuidadosamente construidos para preservar la memoria de las comunidades y proyectar su presencia sobre el territorio.

La publicación de este estudio supone, en definitiva, un cambio de perspectiva en el análisis de las estelas decoradas del suroeste. Gracias al excepcional contexto de Las Capellanías, los investigadores disponen por primera vez de evidencias que permiten integrar estos monumentos dentro de un paisaje arqueológico completo, abriendo nuevas vías para comprender la organización social, las prácticas funerarias y la construcción de la memoria colectiva en las comunidades protohistóricas de la Península Ibérica.

Más allá de su importancia para el estudio de las estelas del suroeste, este trabajo ofrece también una reflexión metodológica aplicable a otras regiones de la Península. Su principal conclusión es que los monumentos no deben analizarse como elementos aislados, sino como parte de un paisaje donde confluyen movilidad, memoria, identidad y organización territorial.

Esta perspectiva resulta especialmente sugerente para la investigación de la Protohistoria del noroeste ibérico, donde castros, santuarios rupestres y grandes corredores naturales pudieron desempeñar funciones sociales y simbólicas igualmente complejas. De alguna manera, la herencia de marcación territorial de lugares como los túmulos que perviven hasta la Edad del Bronce, se perpetúa.

Sin establecer paralelismos directos entre realidades culturales distintas, el estudio de Las Capellanías invita a reconsiderar cómo las comunidades prerromanas construyeron paisajes cargados de significado, una línea de investigación que puede aportar nuevas claves para comprender también el mundo de los astures y otras sociedades de la Edad del Hierro del norte peninsular.

Bibliografía

  1. Rivera Jiménez, T., Díaz-Guardamino, M., Wheatley, D. W., Lozano Rodríguez, J. A., Montero Artús, R., Shaw Evangelista, L., … García Sanjuán, L. (2026). Road to encounters: stelae, burial practices and cultural hybridisation at Las Capellanías, Spain. Antiquity, 1–22. doi:10.15184/aqy.2026.10369 ↩︎

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Me apasiona la historia de Asturias y los astures en todas sus facetas. Pateando museos y yacimientos. Excavando cuando puedo y divulgando como mejor sé.

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