La Pizarra de Carrio. Entre la magia y el cristianismo. Protección contra las tormentas en la Asturias altomedieval

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Entre las piezas más enigmáticas de la Asturias altomedieval destaca la Pizarra de Carrio, hallada en 1926 en el concejo de Villayón. En realidad se trata de uno de los testimonios más extraordinarios de la religiosidad popular de la Alta Edad Media en el noroeste peninsular.

Datada aproximadamente hacia el año 750 aunque probablemente heredera de una tradición germana anterior, la pizarra conserva un texto escrito en letra visigótica que combina elementos cristianos con antiguas fórmulas mágicas de protección. Lejos de ser un documento administrativo o jurídico, nos encontramos ante un auténtico conjuro destinado a defender una propiedad rural frente a las tormentas y, especialmente, contra el granizo que podía arruinar las cosechas. Es una pizarra de maldición de las que hay varios ejemplos en nuestro país.

El texto invoca a varios arcángeles y seres celestiales para que alejen las nubes de una villa llamada Ciuscau, donde habitaba un hombre llamado Auriolo. Una traducción aproximada de uno de sus pasajes principales dice:

«Conjuro a vosotros, todos los patriarcas: Miguel, Gabriel, Oriel, Rafael, Ananiel y Marmoniel, que tenéis sujetas las nubes en vuestras manos. Dejad libre la villa llamada Ciuscau, donde habita vuestro siervo Auriolo con sus hermanos y vecinos. Que las nubes se alejen de la villa y de todas sus posesiones; que vayan por los montes, donde ni canta el gallo ni cacarea la gallina, donde ni el arador ni el sembrador trabajan y donde nada tiene nombre».

Más allá de su contenido religioso, la inscripción resulta fascinante porque refleja una mentalidad heredera tanto del cristianismo como de antiguas tradiciones mágicas. Los nombres de los arcángeles aparecen como guardianes capaces de controlar las nubes y las tormentas, una creencia que tiene paralelos en otros conjuros de la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media.

La Pizarra de Carrio constituye así una ventana excepcional a la vida cotidiana de las comunidades rurales asturianas hace casi trece siglos. En ella podemos observar cómo la protección de las cosechas, la preocupación por los fenómenos atmosféricos y la fe convivían en una misma expresión cultural, en un momento en el que las fronteras entre religión oficial y creencias populares eran mucho más difusas que en la actualidad.

Su importancia es enorme: no solo es uno de los textos más antiguos conservados en Asturias, sino también una prueba excepcional de cómo las comunidades rurales del Reino de Asturias interpretaban y trataban de controlar un mundo en el que las tormentas podían significar la pérdida de la cosecha y, con ella, la supervivencia de toda una familia.

Se puede ver en el Museo Arqueológico de Asturias. En este otro post os hablé de la introducción del cristianismo en la Asturia transmontana, y cómo estos objetos tenían sentido en un territorio con una religiosidad que aún no había abandonado viejas costumbres en el siglo VIII de nuestra era.

Una curiosidad. Este conjuro sigue en la memoria hoy en día y ha sido recogido por varios etnógrafos y folkloristas en la región.

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Me apasiona la historia de Asturias y los astures en todas sus facetas. Pateando museos y yacimientos. Excavando cuando puedo y divulgando como mejor sé.

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