Os dejo aquí el artículo que me publicaron esta primavera en el nº14 del anuario La Piedriquina. La estela de Valduno es una de esas piezas de la arqueología asturiana con un significado especial, ya que parece mostrar un periodo de transición entre un mundo indígena y otro que ya es distinto, no se si llamarlo romano, pero sí diferente.

Introducción

En 1947, el incansable investigador del pasado de Asturias, Jose Manuel González, reparaba en una curiosa lápida que se encontraba en las inmediaciones de la iglesia de Santa Eulalia de Valduno, en Les Regueres. La losa decorada contenía una inscripción que inmediatamente identifica como romana, dotando de una antigüedad excepcional a una pieza que simplemente había reposado en los alrededores del templo desde tiempos inmemoriales.

No era la primera vez que se mencionaba la presencia de restos arqueológicos en la zona, y como todos sabemos, no serían los últimos. De hecho, me gustaría ver la cara de entusiasmo de aquellos estudiosos ante los felices descubrimientos en el concejo que nos están sorprendiendo estos últimos años. Seguro que no se habrían sorprendido.

El hecho de que la piedra hubiera permanecido “invisible” para la ciencia, nos pone sobre la pista de una Asturias en la que la actividad arqueológica y científica había sido manifiestamente escasa, pero también sobre un periodo en el que este hecho empezaba a cambiar.

La estela de Valduno es, por muchas razones, un puente entre dos mundos, como veremos más adelante. Lo fué cuando se fabricó a finales del siglo I d.C. y lo representó en la época en la que entusiastas como González, recorrían la geografía asturiana buscando vestigios de un tiempo lejano.

El descubrimiento fue publicado en 1949 en el Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, y comenzaba la narración con un estilo entre el que describe un territorio al que ama, en la misma medida en la que está fascinado por los hechos del pasado. Habla de Valduno en estos términos.

«Vieja es la anónima historia de este pueblecito asturiano…En la inmediata parroquia de Soto de Las Regueras, a sólo cinco kilómetros de distancia, dejó sus huellas el hombre de los dos períodos de la piedra y de los metales, hasta muy avanzados los tiempos protohistóricos. Después, de las riberas del Tíber, para iluminar este apartado rincón al ponerse en contacto con el acaecer de su universal destino, llegaron, triunfantes de dificultades sin cuento, las legiones de Roma.» (González, 1949)

El descubrimiento

Como digo, la presencia romana en la zona estaba suficientemente atestiguada con evidencias arqueológicas desde mediados del siglo XIX. Sería Don Ciriaco Martínez Vigil el que describiera aquel famoso párrafo que hablaba de los ladrillos de factura romana encontrados «junto a la casa del labrador Domingo Tamargo, vecino del pueblo de Balduno». (Martínez-Vigil, 1887)

Si hacemos caso a González, la losa estaba a los pies de un platanero, junto al muro de la iglesia.

El artículo completo está en el Nº14 de la revista La Piedriquina.

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Fon S.P.
Apasionado por la arqueología e historia del pueblo astur. Pateando museos y yacimientos entre el Cantábrico y el Duero. Excavando cuando puedo.

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