"Hombre verde" (green man) tallado en madera en una de las puertas de la catedral de Oviedo.
"Hombre verde" (green man) tallado en madera en una de las puertas de la catedral de Oviedo.

En las imponentes fachadas y capiteles de las iglesias románicas, entre ángeles y santos, se esconde una figura enigmática: el Hombre Verde. Con su rostro frondoso, cuajado de hojas y brotes, parece emerger de la propia piedra, desafiando la solemnidad del entorno religioso. Este motivo, de profundo arraigo pagano, ha encontrado un lugar inesperado en el arte cristiano, ofreciendo un fascinante ejemplo de sincretismo cultural. Es, además, una representación ligada a las celebraciones profanas del 1 de mayo.

Los orígenes del Hombre Verde se remontan a tiempos inmemoriales, ligados a las creencias ancestrales de diversas culturas europeas. En la mitología celta, se asociaba con la fertilidad, la renovación de la naturaleza y el poder del dios de los bosques, Cernunnos. Su presencia en el arte pagano era habitual, decorando desde vasijas y herramientas hasta monumentos megalíticos.

Con la llegada del cristianismo, el Hombre Verde fue reinterpretado y adaptado a la nueva fe. Su simbolismo pagano se cristianizó, asociándolo a figuras como San Jorge, símbolo de la lucha contra el mal, o con la representación de la resurrección de Cristo.

A pesar de esta reinterpretación, el Hombre Verde conservó su esencia pagana, convirtiéndose en un elemento decorativo habitual en el arte románico. Su presencia en iglesias y catedrales de toda Europa atestigua la pervivencia de antiguas creencias y la fascinación que este símbolo ejercía sobre los artistas de la época.

Representación del "hombre verde" (greenman) en la Colegiata de Teverga.
Representación del «hombre verde» (greenman) en la Colegiata de Teverga.

Las representaciones del Hombre Verde en el arte románico son diversas y creativas. Lo encontramos en capiteles, donde su rostro vegetal adorna las columnas; en claves de bóveda, observando a los fieles desde lo alto; o incluso en ménsulas, sosteniendo el peso del edificio.

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A veces, el Hombre Verde aparece solo, con su rostro frondoso dominando la escena. En otras ocasiones, se le acompaña de animales, como aves o serpientes, o de motivos vegetales, como hojas y frutos. La variedad de estas representaciones refleja la riqueza simbólica del Hombre Verde y la libertad creativa de los artistas románicos.

La presencia del Hombre Verde en el arte románico no está exenta de polémica. Algunos estudiosos la interpretan como un intento de la Iglesia por cristianizar antiguos símbolos paganos, mientras que otros la ven como una manifestación de la resistencia popular a la hegemonía cristiana. Sea cual sea la interpretación, el Hombre Verde sigue siendo un elemento fascinante del arte románico. Su presencia nos recuerda la profunda conexión que el ser humano ha tenido con la naturaleza a lo largo de la historia, y la capacidad del arte para reflejar y reinterpretar creencias y tradiciones antiguas.

Más allá de su valor artístico e histórico, el Hombre Verde nos invita a reflexionar sobre la importancia de preservar la memoria cultural y la riqueza de las tradiciones populares. En un mundo cada vez más globalizado y homogéneo, nos recuerda la importancia de la diversidad cultural y la necesidad de proteger nuestro patrimonio cultural para las generaciones futuras.

Os dejo lo que dicen1 sobre él en un artículo muy interesante de la representación de esta y otras figuras «profanas» en el arte religioso en Asturias y León:

«Una creación extendida en Edad Media es la del hombre verde u hombre hoja –green-man en inglés–, que en opinión de M. MacDermott contiene vinculaciones con la India52. Se trata de una cabeza humana rodeada de follaje o ramas que salen a veces de su boca o de su nariz. Considerada como una herencia de la imaginería precristiana, una de las numerosas supervivencias paganas absorbidas por la Iglesia medieval. Este símbolo de la naturaleza, fertilidad y renacimiento, se integró poco a poco en la celebración del Día de mayo y de las rogativas [tres días antes de la Ascensión, marcados por el ayuno, letanías y eventualmente procesiones para obtener la bendición divina sobre la recolección]. Aparecía frecuentemente en los cortejos medievales, figurado por un hombre con la cabeza y las espaldas cubiertas de hojas, fijadas sobre una osamenta de mimbre. Otra hipótesis hace de los hombres verdes una alegoría de la lujuria o de algún otro pecado capital»

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Bibliografía

  1. MATA, Á. F. (2008). Iconografía profana en el claustro de la catedral de León y su reflejo en el de la catedral de Oviedo. In Arte y vida cotidiana en época medieval (pp. 177-222). Institución» Fernando el Católico». ↩︎

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