Además de ser uno de esos asentamientos con una perduración en el tiempo que va desde la Edad del Bronce hasta la actualidad (hermita de Santa María de L.linares), el lugar, que estudia el grupo LLABOR, permite documentar el periodo de transición del bronce al hierro, momento en el que se fundan los asentamientos fortificados que hoy conocemos como castros.

La nota de prensa de la Universidad dice que el yacimiento de Balmonte de Miranda, es único por la diacronía de su uso. Un amplio periodo de 3000 años que hoy continúa. Es además un ejemplo perfecto de cristianización de un santuario no de la Edad del Hierro, sino ya del Bronce.

«Esta larga ocupación lo convierten en un espacio excepcional para comprender el carácter resiliente de los lugares de uso desde la prehistoria reciente y como referente para localizar este tipo de yacimientos, escasamente conocidos en el Noroeste Peninsular», apunta la investigadora.
El contexto arqueológico nos habla de unos hoyos de poste que define una cabaña con hogar. Partiendo de este origen se va configurando el terreno a través de terrazas, y creando un espacio en torno a una gran estructura de combustión «De forma ovalada y construida con arcilla y piedra caliza, su monumentalidad y planta recuerda algunas cámaras megalíticas o lo que, en tiempos posteriores, en la Edad del Hierro, son interpretadas como saunas castreñas. «La excepcionalidad de esta construcción, muy bien preservada a pesar de localizarse casi en superficie y de la afectación de las tumbas medievales, invita a considerar las amplias dimensiones que debe tener este yacimiento que se extendería por una buena parte del pequeño circo que conforma esta parte del valle», explica la catedrática de la Universidad de Oviedo.»
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