El estudio de las civitates es interesantísimo para comprender cómo se transforman las sociedades prerromanas tras la conquista. Responden al modelo de organización estatal romana de los territorios conquistados. En algunos casos, como entre los pueblos del norte de la Península, o en la Galia, como vamos a ver ahora, estas demarcaciones territoriales y fiscales se crean a partir de los viejos territorios tribales.
Es uno de los temas de estudio que más me gustan y además es en el que me he centrado respecto a los Luggones.
Hasta ahora se ha dado por hecho que las civitates no tenían capacidad militar, en el sentido de que las tropas que controlan su territorio provienen de las unidades militares del ejército romano. Sin embargo, el estudio que os comento, defiende la existencia de una cierta capacidad de mantener ejércitos pagados por los pueblos conquistados. Os lo cuento el caso de los helvecios , en la Galia.
¿Qué es una civitas?
A medida que Roma avanza en la conquista del occidente europeo, se va configurando el sistema de civitates.
Son demarcaciones territoriales y sobre todo fiscales, por las que se delimitan determinados espacios con el objetivo de censar e imponer cargas fiscales a todos aquellos individuos que quedan dentro del espacio acotado.
No es una ciudad, aunque el nombre puede sonar a lo mismo. El término latino que designa a la ciudad es urbs, ya os lo comenté en más ocasiones. En este caso se trata de un territorio que engloba a una población con sus asentamientos. Puede haber uno que sea más importante desde el que se ejerce la «capitalidad» de la civitas, pero no necesariamente. Por ejemplo en la periferia del imperio, como en la Asturia transmontana, este modelo de civitas sine urbe es lo más habitual.
En cuanto al tamaño, en el caso de la Galia, la civitas de los helvecios tiene unas dimensiones equivalentes a todo el conventus asturum, con miles de individuos y posiblemente decenas o incluso centenares de poblados. Por tanto es comprensible que las civitates tengan distintas atribuciones dependiendo de todos estos factores.
Una comunidad autónoma dentro del Imperio
Cuando pensamos en el Imperio romano, la imagen más habitual es la de un sistema político centralizado, sostenido por el ejército y una administración que imponía su control sobre las provincias. El caso de los helvecios, durante el siglo I d.C., permite observar un modelo mucho más complejo, donde las comunidades locales mantuvieron un papel activo dentro del sistema imperial.
Lejos de ser una población pasiva, los helvecios aparecen como una civitas con una notable capacidad de organización. Antes de la conquista romana ya contaban con estructuras políticas capaces de movilizar recursos, ejercer autoridad y organizar fuerzas armadas. Lo relevante es que, tras la integración en el Imperio, estas capacidades no desaparecieron.
El estudio publicado por John Ma1 en Journal of roman studies propone que los helvecios conservaron rasgos que podemos calificar como “estatales”: instituciones políticas propias, mecanismos fiscales, control del territorio y capacidad de movilización militar.
En este sentido, su integración en el Imperio no supuso una ruptura total, sino una adaptación de estructuras preexistentes a un nuevo marco político.
Una cultura militar que no desaparece
Uno de los aspectos más llamativos es la reinterpretación de los hallazgos arqueológicos relacionados con armas (militaria). Tradicionalmente, estos objetos se han vinculado a la presencia del ejército romano o a tropas auxiliares. Sin embargo, en el caso helvecio, esta explicación resulta insuficiente.
La presencia de armamento en tumbas, asentamientos y contextos civiles sugiere la pervivencia de una cultura guerrera indígena, heredada de la Edad del Hierro. Esta cultura no solo no desapareció, sino que siguió desempeñando un papel en la identidad social y política de la comunidad.
Esto implica que los helvecios no dependían exclusivamente del ejército romano, sino que mantenían formas propias de organización militar, vinculadas a la comunidad y a sus estructuras internas.
El registro material muestra una combinación constante de elementos indígenas y romanos. Las armas, por ejemplo, pueden adoptar formas inspiradas en modelos romanos, pero conservan rasgos técnicos o simbólicos locales. Lo mismo ocurre con prácticas sociales como el consumo de vino o ciertos rituales funerarios.
Este fenómeno refleja una identidad híbrida, en la que las élites locales adoptan elementos romanos sin renunciar completamente a sus tradiciones. Más que un proceso de “romanización” entendido como sustitución cultural, lo que se observa es una reinterpretación activa de lo romano.
El episodio del año 69 d.C.: autonomía en acción
El conflicto del año 69 d.C., en el contexto de las guerras civiles romanas, ilustra de forma especialmente clara esta situación. Los helvecios no actúan como una población sometida, sino como un actor político con capacidad de decisión: reaccionan ante agresiones, movilizan fuerzas y toman partido en un conflicto imperial.
Este episodio revela que su autonomía no era meramente formal, sino que tenía consecuencias reales. La comunidad podía intervenir en el desarrollo de los acontecimientos, lo que muestra hasta qué punto el poder local seguía siendo relevante dentro del Imperio.
El propio estudio plantea que el modelo helvecio no debe entenderse como una anomalía aislada. Al contrario, podría reflejar una realidad más extendida en las provincias occidentales: la existencia de comunidades con capacidad de agencia, integradas en el Imperio pero no completamente disueltas en él.
Sin embargo, también es evidente que no todas las regiones presentaron el mismo grado de autonomía ni la misma visibilidad arqueológica de estos fenómenos. La posición estratégica de los helvecios, su trayectoria histórica y la calidad del registro arqueológico contribuyen a que su caso sea especialmente claro.
Por ello, más que una excepción, los helvecios pueden entenderse como un caso privilegiado para observar dinámicas que en otros lugares resultan más difíciles de detectar.
El caso de Hispania. Una realidad mucho más atomizada
Como dije al principio la civitas de los helvecios equivaldría a todas las civitates que están integradas en el conventus asturum, por lo que el modelo no es comparable en ese sentido. Tampoco en la situación previa, donde la cohesión social de este gran grupo humano ya formaba un protoestado antes de la conquista. En el noroeste de Hispania, el equivalente serían las comunidades tribales más que los pueblos (astures, galaicos, etc…)
Pero creo que hay algunos elementos en común que nos muestra el caso de los helvecios. Tras la conquista, las comunidades indígenas con cierta cohesión previa, como los luggones, pésicos o zoelas, por citar algunso, también mantuvieron una cierta continuidad territorial y social. Las estructuras indígenas no desaparecieron por completo, y las élites locales se integraron en el sistema romano.
En este sentido, existe una similitud clara con el caso helvecio: el Imperio se construye sobre la base de realidades preexistentes. Es algo que he defendido en varios artículos (uno de ellos verá la luz muy pronto). Esta situación es posible porque a Roma le es más útil reaprovechar las estructuras sociales y territoriales previas en determinados casos. En otros no tiene problema en crearlas nuevas. Es el caso de los luggones.
Esta tribu astur transmontana, aparece en las fuentes y en la epigrafía y gracias a ellas se ha podido determinar que en el siglo I d.C. ocupaban territorios al norte y al sur de la cordillera. Pero la naturaleza de ambos espacios es distinta.
Mientras al norte, el modelo territorial es el de un territorio tribal readaptado al sistema de civitates, al sur este modelo tiene las caracteristias de la creación de una civitas nueva, ubicada al sur de la capital conventual y delimitada por hitos fronterizos.
El territorio del norte tiene más de 70 castros, mientras que el del sur apenas una veintena y un tercio no tienen ocupación en la segunda Edad del Hierro. Es un ejemplo claro de dos modelos de distribución territorial de una misma etnia,
Sin embargo, las diferencias son importantes:
- La presencia militar romana es mucho más intensa en el noroeste de Hispania, con unidades como la Legio VI Victrix o la Legio X Gemina controlando el territorio que posteriormente ejercerá en exclusiva la Legio VII.
- La cultura material no muestra una continuidad clara de armamento en contextos civiles siendo sustituido por armamento del ejército regular romano. El registro funerario (estelas) es de tipo plenamente romano.
- La capacidad militar indígena parece estar más directamente integrada en el sistema romano, a través del reclutamiento auxiliar. Es un modelo distinto al helvecio por lo que parece.
En consecuencia, mientras que en la Galia oriental puede detectarse una autonomía militar local relativamente visible, en el caso astur el modelo parece acercarse más a una integración controlada, con menor margen para estructuras armadas propias.
Una de las razones más probables de que esto ocurra es precisamente la falta de homogeneidad entre las tribus que se agrupan bajo el concepto de astures. Los helvecios son equivalentes como entidad a los astures en general. Constituyen una civitas en conjunto, mientras que entre los astures el sistema de civitates se articula en base a la tribu prerromana, no al populus como vimos antes. Y aquí es donde surgen paralelismos con la Galia.
Repensar el Imperio romano
No obstante el análisis del caso helvecio invita a replantear la naturaleza del Imperio . Más que un sistema uniforme, se trataría de una estructura flexible, capaz de integrar comunidades con distintos grados de autonomía y diferentes formas de organización interna.
En este contexto, el poder de Roma no se basaba únicamente en la imposición, sino también en la articulación de realidades locales, que seguían desempeñando un papel activo. La persistencia de culturas políticas, tradiciones militares e identidades propias no fue una anomalía, sino una parte fundamental del funcionamiento del Imperio.
En definitiva, el caso de los helvecios muestra que la historia provincial romana no puede entenderse únicamente en términos de dominación y romanización.
El caso de los astures como grupo no es comparable y para encontrar estos rasgos que muestra el estudio de los helvecios, debemos recurrir a las tribus, como luggones, zoelas o lancienses. Estas presentan los mismos rasgos de cohesión que alcanzan los populus en la Galia, mostrando, en mi opinión dos cosas: la primera que el noroeste de hispania está mucho más atomizada que la estructura social de la Galia, y esto tiene su reflejo en las civitates. La segunda, que los conceptos étnicos de astures, galaicos, cántabros, etc… no dan una respuesta plena a la organización social de este territorio, mientras que las tribus sí.
Bibliografía
- Ma, J. (2026). Autonomy, martial culture and empire in eastern Gaul during the first century ce: The case of the Helvetians. The Journal of Roman Studies, 1-40. doi:10.1017/S0075435825100907 ↩︎


